Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    25/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Fernando ONEGA

DIEZ horas duró el Consejo de Ministros. Un Consejo de Ministros aparentemente, según la referencia, de trámite, pero de importancia en los asuntos que, sin llegar a ser aprobados, estuvieron sobre lo mesa, como están sobre todo el país. Tenemos un salario mínimo no alto, y se satisfacen las aspiraciones de los funcionarios públicos. La crónica política no está, por tanto, en la reunión del Gobierno. Hay que buscarla por otros conductos. El primero es que la política española, después de la brillantez de los últimos días, hr entrado en una etapa de baja forma. La proximidad de las elecciones está agriando un confortable panorama de opinión pública, y por momentos parece que todo Lo legislado no tiene aceptación social.

No sé si será el espejismo de un día, pero en la mesa del periodista coinciden estos datos: La Agrupación Empresarial Independiente no está de acuerdo con las últimas medidas laborales, y así lo manifiesta en un agrio comunicado. El Partido Socialista de Euzkadi rechaza la restauración de las Juntas Generales. La Bolsa está prácticamente Inactiva, esperando no sé qué milagro. La Izquierda bus ca, fuera de la normativa electoral, razones para oponerse. Hoy, una treintena de partidos políticos Intentarán ofrecer una réplica de medidas económicas de urgencia...

¿Qué quieren decir la mayor parte de estas infor-mociones? Que, de una forma u otra, ha comenzado la campaña electoral. Que volvemos a la guerra de las estrategias de cara al censo, y al Gobierno le corresponde, como responsable que es de la política española, aguantar su palo y su vela. Su Iniciativa ya no puede quedarse en la concesión ante las demandas sociales, sino que tiene que encontrar la fórmula de continuar hasta las elecciones, a sabiendas de que tiene que pagar un precio de impopularidad, cuya factura se encargarán de pasarle todos los partidos, desde la derecha a la Izquierda.

La publicación de la ley Electoral marcó un hito. Pero no un hito fácil de abrir la compuerta para las elecciones legislativas, sino el compromiso duro de hacer que de aquí al verano se consolide la democracia naciente. Las normas, en su conjunto, han sido aceptadas. Es un éxito. Las críticas de que no puedan votar los menores de veintiún años o de que la financiación posterior a los comicios perjudique a la izquierda, no tienen, aunque se puedan suscribir, fuerza suficiente para negarles credibilidad a las normas. Lo que ocurre es que ahora, precisamente ahora, es cuando se echa en falta un pacto o un compromiso entre las fuerzas políticas para aceptar el juego que se propone.

Me explico: todo parece montado sobre recelos. La izquierda ve manos oscuras que le quieren quitar posibilidades. La derecha sueña con fantasmas de concesiones excesivas a sus oponentes. Entre todos andan buscando con antorchas algún indicio que les pueda demostrar que el Gobierno no va a jugar limpio. Y esto ocurre cuando se dictaron unas Incompatibilidades que asombrarían a cualquier demócrata europeo; cuando toda una organización política se hace el «harakiri» para servir a la igualdad de oportunidades; cuando los presos políticos y los comunes salen a la calle con toda rapidez que lo permiten los trámites...

Y, sin embargo, todo lo que hoy ocurre en España ha sido hablado, discutido entre el Gobierno y los principales partidos. El Gobierno se echó en plancha para acelerar el cambio y hacerlo más efectivo, porque contaba con un consenso de origen de las fuerzas políticas. Pero, como nunca fue público nada de eso, los partidos y sus líderes tienen las manos absolutamente libres para jugar a la contra ante el electorado. Ojalá la disputa no pase de ahí.

 

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