Autor: Narbona, Francisco. 
   Primavera política     
 
 Arriba.    27/03/1977.  Página: 24. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

PRIMAVERA POLÍTICA

Con la estación florida, que decía el poeta cordobés (Góngora, no vayan ustedes a pensar otra capa), llegó también la primavera política. "Pueblos y ciudades de Andalucía conocen, en estos días, mítines y asambleas, donde grandes y chicos de los partidos políticos explican, ante auditorios no siempre entusiastas ni numerosos, su «mercancía». Sin ir más lejos, el otro día el corresponsal de un diario sevillano contaba que en cierta reunión (no digamos más), a la hora de empezar no había más allá de dos docenas de espectadores, y sólo a duras penas se consiguió llegar al medio centenar.

No ha sucedido ciertamente así en la presentación de Alianza Popular, en el teatro Lope de Vega de Sevilla. Bien anunciado en la Prensa local y en las esquinas más frecuentes de la ciudad, el acto ha contado con una audiencia amplia y atenta, que aclamó a los tres «espadas» del cartel: Fernández de la Mora, Fraga Iribarne y licinio de la Fuente. Se habían quejado los seguidores de AP, estimando que Sevilla estaba un tanto desatendida de las grandes estrellas de esta coalición, pero ahí está el éxito y ahí está la seguridad de que AP va a llevarse una buena tajada de la tarta electoral. No creo que la extrema derecha pueda arrebatarle muchos sufragios. Porque a la ñora de la verdad eso que se llama «al voto moderado» se deslizará allí donde resulte más útil, de cara a -la normativa electoral que descarta a los grupos minoritarios, por muy leales que resulten.

Por otro lado, por la izquierda, hay que contar con el marxismo, en sus varias obediencias, de clara expresión antimonárquica. En los mítines socialistas, en particular, ya no hay otro «slogan» que el de «España, mañana será republicana, ni más rito que el del puño en alto y a_«lnternacional». Con mas fuerza real que la atribuida por sondeos mas o menos oficiosos, cabe pensar que entre los socialistas de varias especies y comunistas de Santiago Carrillo, Andalucía mandará a las futuras Cortes más de una treintena entre diputados y senadores. Para muchos observadores quizá puede parecer exagerado mi pronóstico, pero en Junio lo veremos. Y no, se cuentan los grupúscu-fós más a la Izquierda, esa constelación de siglas que se mueven en la órbita del marxlsmo-lenlnismo, el maoísmo, el trost-kismo y los viejos residuos del anarcosindicalismo, de tanta tradición por estas Tierras del Sue Sur. Creo que tales candidaturas, por agresivas que sean, no van a restar muchos clientes a los socialistas (sobre todo si van unidos en ese frente electoral que se insinúa ya) y a los comunistas café-café.

Y está luego el centro. Un centro que, como gráficamente explicaba Mingóte en un chiste de «ABC», se presenta «muy concurrido». Son muchas las opciones que abarca: liberales, populistas, demócrata a secas, cristianodemócratas, social-demócratas... Demasiados, si se tiene en cuenta que en algunas provincias sólo habrá hueco para cuatro o cinco candidatos. ¿Quién se sacrificará?

Además..., ¿quó hará el Presidente? Porque, legal y lógicamente, Adolfo Suá-rez puede jugar su carta. ¿Hará falta citar precedentes dentro y fuera de España? De Gaulle, por ejemplo, que no contaba cuando se hizo cargo del Gobierno en Francia, con un respaldo democrático, lanzó a su partido a la conquista del Poder y hasta hizo una ley electoral a modo que arrinconó a socialistas y comunistas. Karanmalls, en Grecia, se echó a la arena y ganó. En la primavera de 1931, el Gobierno provisional de la República no tuvo empachos de convocar Cortes Constituyentes, tras hacer una limpia en los Ayuntamientos monárquicos (elegidos «I 14 de abril). Miguel Maura tía contado en su libro «Así cayó Alfonso XIII» cómo destituyó a numerosos alcaldes y suspendió «ABC» y «Ef Debate» con «I pretexto de aquella «provocación» monárquica de querer abrir un centro en Madrid un mes después de proclamada la República. El resultado de aquel ambiente preelectoral fue que la coalición republicano-socialista copó el Parlamento y la oposición —agrarios y vasco-navarros— no sacó más que veintiún diputados. Con el título de mo-nárquico sólo salió el conde de Roma-nones.

En fin, quo la suerte del centro, aquí en Andalucía, depende, en buena parte, de quienes lo integren y patrocinen. De (a credibilidad que al votante moderado ofrezcan los candidatos. Porque pensar que vayan a pescar sufragios en la otra orilla parece difícil. Ese es el drama. Convendría recordar que las grandes experiencias europeas de centro —Adenauer, De Gasperi, el propio Giscarde d´Estaing— se hicieron contando con el voto de eso que se llama el mundo conservador. La derecha, vamos.

Francisco NARBONA

(Sevilla)

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