Autor: P. R.. 
   Dolores     
 
 Arriba.    19/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

DOLORES

SE ha abierto la ventanilla de la Dirección General de Mitos, a extinguir, y estaba allí, sí, sí, sí;

Dolores, con el verso de Miguel como un dije en el corpiño: «Crecen los héroes llenos de

palmeras y mueren saludándote pilotos y soldados.» Vuelve, «la frente marchita, las nieves de

antaño plateando su sién»; vuelve donde solía «Pasionaria», sin el ajustador del «La», sin

peluca, sin sus trillizas, mientras en una radio galena llora la escuadra de bandoneones del

Comité Central. Es el problema de pasarnos toda la vida jurando que no pasarán. Todo pasa y

todo queda, pero lo nuestro es pasar, tomar el té en El Aaiún, y el consomé en Lhardy. Dolores

fue de derechas, que son las más peligrosas, que os lo tengo dicho, y los mineros de Gallarta,

enfebrecidos, le hicieron el supremo elogio que se puede hacer a una persona española:

«Habla como un cura». Como Dolores era la morena de mi copla, el Frente Popular también

tenía su servicio de montañas nevadas, le puso «Pasionaria», que es la flor del sufrimiento.

Dolores era, claro, una mujer de armas tomar, hizo el amor y la guerra, fue la musa de la

revolución y dice un biógrafo que en un día que entró una zorra en su corral, hizo justamente

lo que España-Lola Gaos haría cuarenta años después: matarla de un golpe con un azadón.

Vuelve «Pasionaria», no sé si lo he dicho, con la goma de borrar de su blanca piel de abuela,

con el desodorante de la ternura de las canas. Le vamos a jugar una mala pasada diciéndole

sí,sí,sí, porque ya no está Miguel para gritarle: «Los herreros te cantan al son de la herrería,

Pasionaria»; porque ya no hay bolcheviques ni en las revistas del «Martín», porque las Casas

del Pueblo ahora se inauguran con televisión en color; porque ya hay mineros que piensan que

más vale comer de pie que rezar de rodillas, porque si vas a Carabanchel y preguntas por la

Dolores, ni te contestan; porque el comunismo español camina por la vereda que se estremece

al ritmo de las caderas de Ana Belén.

Por eso, aviso, no quiero encontrarme a esta española de verso y de bandera; «eres capaz de

producir luceros, eres capaz de arder de un sólo grito», en las rebajas de El Corte Inglés, ni

suscrita a «Hola», ni en la cuestación de la Cruz Roja, ni de arrecogía en la barricada del

Club Internacional de Prensa.

Los recuerdos, esos viejos zorros, esos sí que no pasarán.

P. R.

 

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