Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    19/02/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Fernando ONEGA

El Péndulo

CASI cuarenta horas de reuniones de la Comisión Delegada para Asuntos Económicos, más trece horas

de Consejo de Ministros, más alguna otra de la Comisión de Subsecretarios, más todo lo que venía de

atrás, constituyen todo un récord. Pocos partos aparentemente más difíciles hubo en la historia de la

transición que las medidas económicas. Incluso duraron menos, mucho menos, las reuniones del Consejo

del Reino para seleccionar tres «presidenciables» entre treinta y cinco millones de españoles. Pero la

economía es un difícil tema. Sobre todo, cuando no se trata de que las cosas tengan un aire solamente de

austeridad; cuando hay que salvar la imagen ante unas elecciones; cuando hay que jugar con muchos

intereses; cuando no se puede hacer un plan de estabilización, pero hay que sacar algo parecido... Escribo

esta crónica pasadas las once de la noche, y siguen las espadas en alto y la expectación abierta porque,

aunque el Gobierno desveló los propósitos, no descubrió los instrumentos. Se busca —parece— el

milagro que nos permita sobrevivir hasta los tiempos de la representatividad, el pacto social y oirás

maravillas de los tiempos modernos. El día de ayer fue un día de larga espera y de televisores encendidos

y teletipos abiertos. Por de pronto, habíamos avanzado algo: a la ciase política se fe estaba pasando la

fiebre de la partiditis y se concentraba en los problemas de base del país.

El clima, realmente, es óptimo. Pocos días hubo tan felices. La Bolsa estaba eufórica. Las agencias

informaban desde provincias de éxitos policiales en el desmantelamiento de los extremismos. La

legalidad estrenaba brillantemente una izquierda exportable, con respaldo en las cancillerías europeas y

uno larga historia de reivindicaciones democráticas. Felipe González aparecía en Televisión estrenando

estas nuevas libertades, y el clima del país era de eso; de estreno. Como chico con zapatos nuevos, el

PSOE colgó una gigantesca pancarta en su sede social, y hasta se detuvo a un ciudadano por repartir pro

pagando contra Felipe. ¿Cuándo se había visto algo así? Sigue quedando al fondo, no sé si como uno

frontera o una posibilidad judicial, el tema de la legalización del PCE, pero ya tenemos izquierda. Treinta

y dos partidos han cruzado los umbrales del Ministerio de la Gobernación en la nueva situación. Quedan

veinticinco esperando. Pero ya tenemos izquierda. Como dijo don Laureano López Rodo, ya tenemos dos

pies para caminar.

Pero, ¿es normal la situación del país? Perdóneme el lector esta pregunta, pero debo hacérmela cuando la

huelga de los educadores se extiende como una mancha de aceite. Al larguísimo conflicto de los

«penenes» hay que añadir ahora la incorporación de los catedráticos. Los dirigentes del momento, que tan

buenas condiciones objetivas supieron encontrar para ia transición política y la democracia que casi se

toca con las manos, no pudieron encontrar una vía de arreglo para situaciones conflictivas como ésta. Un

número indeterminado de españoles —porque las cifras ya empiezan a flojear— estén perdiendo

lamentablemente un curso académico. La voz del Ministerio de Educación es una voz de impotencia para

resolver un problema justo en su base. Y la voz de los huelguistas ha llegado a una altura que difícilmente

se puede bajar. La imagen o el temor de que podamos estar en un círculo cerrado es hoy una amenaza. Y

no sólo por este conflicto, sino por cualquier otro que, cualquier día, asome con parecidas características.

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