Autor: Aranzadi, Juan. 
   Milenarismo vasco y antisemitismo democrático (y 2)     
 
 Diario 16.    19/03/1979.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Diario16/19-marzo-79

Milenarismo vasco y antisemitismo democrático (y 2)

Juan Aranzadi

En esta segunda entrega del resumen que hemos realizado del artículo de Juan Aranzadi publicado en el último número de «El viejo topo», el escritor entra en el análisis del segundo punto de su visión del problema: el antivasquismo creciente en el resto del Estado español y los graves peligros que este fenómeno ofrece.

Este antivasquismo tiene un mecanismo interior complementario al del mito vasquista y es de similar condición religiosa. Hay en él un germen del tipo del mesianismo fascista en su forma más aguda: la forma nazi, «y no sólo porque la tragedia de los campos de concentración se dibuje en el horizonte, sino también porque el «Israel», posterior constituye la cruel parodia del judío convertido en nazi». Y si el antisemitismo marca el comienzo del suicidio de la cultura occidental... el antivasquismo es el comienzo del suicidio de la democracia española.

El milenio

Tal es el procedimiento de elaboración del mito central a todo milenaris-mo: la Restauración del Estado de Pureza Original, destruido y desnaturalizado después por alguna potencia hostil. En la descripción de tai estado se utilizan elementos cuya fuente es esa «desnaturalización», pero la reelaboración mixtificadora es vivida como restitución: se hace de Euskadi Lina nación (entidad metafísica paradójicamente anterior a la existencia de cualquier nación) como respuesta al hecho de que aquello que se combate (el Estado español) presenta la forma de nación, desconociendo que es eí Estado el que crea la nación y no ésta la que hace surgir aquel, no siendo todo mito nacional otra cosa que !a justificación naturalista del hecho empírico de la edificación de un Estado (...) Todos los movimientos mesiánicos (antiguos medievales y modernos) surgen en zonas caracterizadas por una fuerte anemia social resultante del impacto creado en una sociedad tradicional estable por algún factor disolvente y perturbador (que puede ser tanto una conquista extranjera como un acelerado desarrollo económico-social) (...)..-Y lo que es más importante: lo que caracteriza las sociedades tradicionales transformadas que dan origen a nativismos es el predominio de una estructura de linajes o «familias ampliadas» en la que la inserción de! individuo en la comunidad no se define básicamente (o al menos no se vive como tal) por su lugar en las relaciones de producción, sino por los lazos de ese «parentesco ampliado», que le ligan no sólo a los múltiples hilos de las bifurcadas generaciones familiares, sino también a multitud de «familias clientes» tradicionalmente vinculadas a aquellas.

No vamos a decir que una estructura tan característica del feudalismo sea la defínitoria del «santuario» vizcaíno-guipuzcoano durante los últimos siglos, pero nadie puede negar su importante supervivencia no sólo económica (metamorfoseada y modernizada como pequeña industria familiar en la que Jas relaciones patrono-trabajador recuerdan más al paternalismo feudal que a la lucha de clases) sino sobre todo social, como continuidad de las diversas instituciones colectivas y hábitos de relación en que aquella tupida red de conexiones cristalizó (...).

Es sintomática la indudable influencia que la «fe de sus mayores» ha tenido en él hecho de que la

eclosión revolucionaria de las jóvenes generaciones ante la actual crisis de la civilización occidental no haya desembocado como en otros sitios en ese confuso magma de pasotismo - escapismo -escepticismo - nihilismo, sirio que se haya canalizado en Euskadi hacia el nihilismo filo-etarra: el mito del Milenio Vasco estaba presto a ser revitalizado (...).

Nada más lógico desde esta perspectiva que un hecho convertido en motivo de estúpido escándalo: el papel crucial desempeñado por el clero en el nacionalismo vasco (...). Paradójicamente la fuente ideológica fundamental de ios nativismos tercermundistas es el cristianismo aportado a los indígenas, por esos propagandistas del colonialismo que son los misioneros; cuando un pueblo se toma en serio el cristianismo y extrae las consecuencias sociales de una lectura apasionada de la Biblia desemboca inevitablemente en la subversión del orden establecido. Algo de eso ha ocurrido en d pueblo vasco, su tradicional religiosidad ha cambiado de signo (...).

Antisemitismo democrático

Si religioso es el trasfondo de! nacionalismo vasco, religioso es igualmente el suelo nutricio

del peligroso antivasquismo que se extienda por España. No sólo porque lo sea el fundamento de aquello por cuya defensa se ataca a ETA, la democracia, sino sobre todo porque el paradigma sobre el que se configura el actual antivasquismo no es otro que el antisemitismo (...). «Nosotros somos el pueblo de Dios«. No puede haber dos pueblos escogidos. Estas pocas palabras lo deciden todo», decía Hitler justificando la «solución final» (...). Este complejo pasional es el que late (superponiéndose sobre el tradicional antisemitismo ruso) bajo la. brutal represión antijudía de la Rusia statinista: el «proletariado» (los administradores de su dictatorial hipostasis) no pueden consentir que los judíos no reconozcan su median ica tarea y no se consideren aún salvados, convirtiéndose por ello en «agentes del imperialismo».

¿No existe un mecanismo similar bajo el actual antivasquismo? «Ahora que la democracia nos ha salvado a todos de la dictadura franquista, vienen los vascos a reclamar una salvación especial para ellos, poniendo así en peligro nuestra colectiva y democrática redención». Envidia y celos, por una parte; miedo, por otra (.-.)-

En opinión de Steiner, las exigencias que el judaismo (y también, aunque menores y atenuadas e! cristianismo) impone a la humanidad son tan desmesuradas y obligan a un tal esfuerzo espiritual, que han provocado el desfallecimiento de la civilización que engendraron: (a Europa del siglo XX, al volverse contra los judíos, quiso librarse de tales exigencias y renunció a sus más profundas aspiraciones. El antisemitismo marca el comienzo del suicidio de la cultura occidental. Puede establecerse un paralelismo con el caso vasco.

No es exagerado, decir que Euskadi fue el alma de la resistencia antifranquista y el lugar donde más lejos han llegado las reivindicaciones revolucionarias. ETA y los nacionalismos vascos no pidan hoy nada distinto de lo que pedían en tiempos de Franco y despertaba entonces el entusiasmo y la solidaridad de quienes hoy la condenan; son éstos quienes han rebajado sus objetivos, siendo hoy su antivasquismo directamente proporcional a la magnitud de sus claudicaciones (...). Su antivasquismo es directamente proporcional a su hipocresía revolucionaria (no es casual que sean los comunistas los más furibundos).

Por otra parte, la argumentación predominantemente utilizada contra ETA y las reivindicaciones vascas no es que éstas no sean deseables, sino que no son posibles: «Si todos hiciéramos lo mismo, a donde íbamos a llegar». Temerosos del infierno, quienes se conforman con el purgatorio rechazan a los que aspiran al paraíso. Su antivasquismo es directamente proporcional a la represión de sus más íntimos deseos y anheladas reivindicaciones.

Reacción contra el fermento dinámico de la resistencia antifranquista, el antivasquismo es el comienzo del suicidio de la democracia española.

El resultado de todo ello no es otro que la ocupación por el vasco del lugar que al judío asigna todo Estado en busca de consolidación: el foco de toda subversión, la encarnación del principio de su disolución.

Aterroriza pensar el futuro vasco como un calco del destino judio. Y no sólo porque la tragedia de los campos de concentración se dibuje en el horizonte sino también porque el «Israel» posterior, lejos de ser un consuelo y una compensación, constituye la más cruel perodia: el judío convertido en nazi, creando su propio «judío», el palestino. ¿Hasta cuándo?

En medio de esta estúpida guerra religiosa, ¡que Dios nos coja confesados!

 

< Volver