Autor: Aradillas, Antonio. 
 León. La construcción de Riaño y de su nuevo pueblo. 
 Monumental dislate     
 
 El Imparcial.    22/10/1978.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

regiones

la construcción del pantano de Riaño y de su nuevo pueblo

SOBRE el proyecto pantano de Riaño, en la provincia de León, se han vertido ya ríos de tinta, capaces de regar grandes extensiones de tierra. Pero ocurre que no se ha dicho todo, particularmente lo que guarda relación con las personas que lo proyectaron, con su viabilidad entonces y ahora y si todo aquello respondió y sigue respondiendo a una política coherente de desarrollo provincial y nacional, en la que los intereses de la colectividad priman —como tendría que ser— sobre los de algunos pocos y además por motivaciones fundamentalmente políticas, sin tener en cuenta las socio-económicas.

Del embalse de Riaño se comenzó a hablar seriamente hacia el año 1920 y su proyecto se aprobó en torno al año 1960, iniciándose seguidamente sus obras, que tuvieron que interrumpirse por la quiebra producida en la empresa francesa que se hiciera cargo de ellas. La tasación de las indemnizaciones sufrió incontables demoras y más aún su correspondiente pago, y de. un total de 3.500 millones de pesetas aún quedan pendientes unos 200. Los chanchullos y la picaresca alcanzaron en Riaño cotas inimaginables a la hora de razonar y justificar las exigencias de determinadas indemnizaciones. Por muy alta que sea la cota de su presa, la picaresca fue más.

ALTAS

Realmente hay que comprender —y esto no lo niega nadie- que las indemnizaciones fueron considerablemente altas, aunque bien es verdad que al pasar el tiempo sin. hacerlas efectivas su vaíor real ha disminuido. Los responsables de la Confederación Hidrográfica del Duero han estado a punto repetidamente de ser mártires de la causa, apedreados impunemente por los habitantes del pueblo al que han de tragarse las aguas.

Y con el pantano se pretende embalsar el agua del Esla, con la intención de facilitar los riegos de la Tierra de Campos, produciendo además energía eléctrica. Y la polémica surge —descarnada y violenta— porque, a cambio de esto, se expoliará la comarca más cotizada ganaderamente de León, de cuyos pueblos —Riaño, Boca de Muérgano, Pedrosa del Rey, La Puerta...— se han visto obligadas a emigrar ya unas cinco mil personas.

Con el dinero de las indemnizaciones estas personas han comprado sus correspondientes pisos en Valladolid, León, Guardo..., sin intención alguna de salvar lo que puede quedarles por aquellas tierras, aunque algunos no se han decidido todavía a arrancarse de ellas y esperan que el proyecto no se termine o que turísticamente sigan siendo necesarios sus servicios a la población flotante asturiana —unos 20.000 habitantes—, que considera la comarca como lugar ideal de descanso. Su maravilloso Parador Nacional se cerró el año 1968, como expresión y prueba de la demencia! política y falta de planificación que caracterizan a nuestro país, con cuyos fondos públicos puede jugar el más insensato hasta conseguir arruinarnos.

Y una prueba más de los mayores dislates es precisamente también- el empeño de creación del pueblo Nuevo Riaño, cuyo presupuesto no es conocido y que en una loma y a un kilómetro de dsitancia del viejo pretende salvar, ai menos, su nombre. La polémica . aquí es más fuerte, porque resulta que aquellos a quienes les han indemnizado- por sus tierras, despojados de ellas, no se quedarán a vivir en el Nuevo Riaño, que, a lo sumo, servirá para convertirse en lugar de turismo y asueto para quienes se fueron o para los mas avispados de Asturias o de las provincias cercanas. El dinero de las partidas concedidas a cargo de los planes provinciales se acabó repetidas veces, aunque el actual ministro del Interior, por el compromiso con su tierra natal, lo alarga y lo engorda. El partido del Gobierno considera rentable, a pesar de todo, para sus intereses políticos en aquella comarca la continuación de las obras, sacando dinero de donde lo haya.

El tema se ha politizado violentamente en estos últimos tiempos, y el PSOE ha desatado una intensa campaña, oponiéndose a la creación del Nuevo Riaño por no juzgar necesaria tal inversión, que financia las obras que realiza la empresa Huarte. Estima el PSOE que debieran potenciarse los servicios del pueblo próximo de Maraña hasta convertirlo en la cabeza de zona que sustituyera a Riaño, cuyas tierras desaparecerán. Piensan que crear un centro artificial resultará inoperante, fomentándose centralismos absurdos. Sin ganadería en sus valles y despoblado el antiguo Riaño, con la plena certeza de que no volverán quienes ya se fueron, parece una aberración seguir con las obras del Nuevo Riaño, carente ya de riqueza agrícola-ganadera.

PANTANO DE BOÑAR

Pero todo el tema de Riaño cobra una colosal importancia cuando se le considera y estudia reflejado en las aguas del pantano de Boñar, en la zona leonesa de Porma. Resulta que este pantano se construyó a su debido tiempo, se embalsó toda el agua que admite su capacidad, pero al no construirse todavía la infraestructura de los canales de riego y demás servicios, su rentabilidad es nula. Un immenso lago artificial que anegó otra riquísima comarca ganadera, desterrando de ella a muchas personas, espera, sorprendentemente, que sus aguas sirvan para regar algún día las tierras previstas, y para "producir energía eléctrica. El derroche de dinero no ha podido ser más lamentable.

Mis informadores me indican, con la historia en la mano, que precisamente en aquellos valles hoy anegados inútilmente, se asentaban las yeguadas reales ya desde el siglo XIV, con una tradición ganadera ´única en nuestro país.

Estos ganaderos de toda la vida han tenido ahora que dedicarse a la construcción, y quizá en esta circunstancia radique la explicación al fracaso sistemático de tantas cooperativas ganaderas actuales llevadas por personas desonocedoras del oficio.

Y hay un dato que merece ser relatado de modo especial. Ocurre que el inútil pantano de Boñar,

pese al contrato existente con Iberduero, no tiene aprovechamiento hidroeléctrico, razón por la que esta empresa ha de pagar una multa anual al incumplir su contrato, y la gente se pregunta, con todo género de suspicacias, ¿por qué sigue pagando Iberduero la multa sin que existan todavía indicios de construir la central? ¿Por qué se argumenta que hace falta energía y se pretende justificar así la posible instalación de una central nuclear en Valencia de Don Juan? ¿Es que nos podemos permitir el lujo de desaprovechar tan impunemente un pantano como el de Boñar? ¿Cómo se justificará también el de Riaño? ¿No podrá este pantano correr en su día idéntico riesgo de inutilidad? ¿Es que puede ser tan absoluta o tan demencia! la falta de planificación en nuestro país como para que esta sea la única explicación a tales dislates?

Hasta el presente, ninguna fuerza política, parlamentaria o no, del ancho y rico espectro leonés ha formulado seriamente estas preguntas, interpelando con ellas «a quienes corresponda». ¿A quién o a quiénes habrán de exigirles la compensación correspondiente por tan graves daños como se les ocasiona al país?

En la Confederación Hidrográfica del Duero se reconoce que tanto e! pantano de Boñar como el de Riaño les están resultando ser las obras más polémicas e incómodas de toda la cuenca. Pero hasta el presente ni en la Confederación ni en parte alguna ha saltado ninguna cabeza visible que encarnara la responsabilidad de tales planteamientos. Hay quienes aseguran . que en tal política de embalses tuvieron que ver generosamente los hombres de la ; Diputación Provincial.

Ni la sociología ni la técnica se dieron antes cita en la provincia leonesa para realizar un estudio serio sobre las posibilidades reales de aquellas comarcas y poder decidir después qué les convenía y qué le convenía al país. Seguramente que el más elementa] estudio hubiera obligado a descubrir que todo, menos un embalse —o dos— inútil sería más rentable. Sólo el patriotismo leonés de algún ministro actual del Gobierno es lo que fundamentalmente justifica la continuación de determinadas obras, prestándole atención a diversas informaciones que me han ofrecido en la propia provincia.

ANTONIO ARADILLAS

 

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