Autor: Jáuregui, Fernando. 
   El Turno de la Derecha     
 
 Informaciones.    06/12/1975.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

PORTUGAL EL TURNO DE LA DERECHA

Por Fernando JAUREGUI

Atento a su propia dinámica interna, nuestro país dejó pasar, sin valorarlo

suficientemente, un acontecimiento fundamental en el país vecino el intento de

golpe de Estado del pasado día 25 de noviembre. Esta fecha se inscribe como una

más entre las trascendentales en los diecinueve meses de revolución portuguesa

(28 de septiembre, 11 de marzo y 25 de abril serían los otros tres hitos), y va

a imponer un cambio de rumbo que podría significar, como adelantábamos la semana

última, «la hora del Thermidor» para el proceso político portugués.

El nombramiento de un miembro de los «nueves (grupo militar de moderados,

formado el pasado 8 de agosto), el capitán Vasco Lourenco, como gobernador

militar de Lisboa en sustitución de Ótelo Saravia de Carvalho, fue la chispa

que encendió una mecha de división profunda entre las fuerzas armadas. Desde

hacía semanas, grupos de derecha e izquierda venían anunciando un intento

golpista, que al fin venia a producirse, por parte de militares situados en

posiciones fuertemente izquierdistas, el pasado día 25. Toda esta semana ha

estado dedicada en Portugal al análisis y narración detallada de cómo, por qué y

quién, de los sucesos del día 25.

En la mañana de este día, paracaidistas de Tancos conseguían ocupar

pacíficamente las bases aéreas mas importantes del país (tradicionalmente, la

fuerza aérea viene siendo considerada como la más conservadora de las tres

Armas). Mas tarde serían ocupadas las instalaciones de la Televisión la Emisora

Nacional y la emisora Radio Club Portugués.

Oficialmente, los «paras» explicaron que sus acciones tenían como objetivo

lograr la dimisión de los generales Moráis e Silva y Pinho Freire. Este último

fue recluido en Monsanto, pero con un pequeño olvido por parte de los rebeldes:

quedó en una habitación con teléfono: «Pude dirigir las operaciones mientras

estuve preso», declararía más tarde Pinho Freiré. Evidentemente, tanto la

Presidencia de la República como el Consejo de la Revolución percibieron

inmediatamente que el golpe tenía objetivos más profundos que la dimisión de

ambos militares moderados.

No parece necesario a estas alturas repetir el desarrollo de los

acontecimientos, que acabaron con la derrota de los «paras» y de los hombres del

RALIS a cargo de los comandos de Amadora, mandados por el derechista coronel

Jaime Revés. Solamente la base de Tancos resistiría hasta el día 28. El orden

quedaba restablecido a base de proclamar el estado de sitio y el toque

de queda en Lisboa, mientras se decretaban órdenes de busca contra determinados

militares (como el enigmático coronel Várela Gomes, tan ligado a la extinta

quinta división) y civiles (entre los que han pasado a la clandestinidad se

encuentra Isabel do Carmo, del Partido Revolucionario del Proletariado, y Manuel

Serra, de] Frente Socialista Popular, ambos partidos integrados en el llamado

Frente Unido Revolucionario (P.D.R.) que se formó, con la participación del

Partido comunista, a finales del pasado mes de agosto. Los lisboetas, tan

aficionados a trasnochar, pasaron un largo fin de semana -el lunes fue festivo—,

teniendo que recogerse antes de la una de la madrugada. El coronel Jaime Neves,

al que antes se consideraba fuertemente ligado a Spinola se convertía en una

especie de «héroe» popular. El golpe, calificado por el comentarista Rebelo de

Sousa como un 11 de marzo «al revés», había costado tres muertos.

MILITARES: VENCE EL PROFESIONALISMO

Ya hemos dicho que la semana que ahora termina estuvo dedicada al análisis y

pormenorización de los sucesos del día 25 y siguientes. Los pocos periódicos que

pudieron salir a la calle estos días (la Prensa nacionalizada, que es la

mayoría, no ha podido hacerlo, por haber sido saneados sus cuadros dirigentes,

acusados de haber «preparado psicológicamente» el golpe) ofrecían detalles

inéditos del golpe, declaraciones de dirigentes de partidos y militares de la

«ortodoxia» actual. Con una particularidad sólo el nuevo «República» seguía

defendiendo posiciones izquierdistas a ultranza. Los restantes periódicos que

combatían al Consejo de la Revolución y al sexto Gobierno provisional estaban

silenciados «Paradójicamente, los periódicos estatales eran quienes combatían al

Gobierno», nos decía Raúl Rego, ahora en su despacho de «A Luta», periódico

rabiosamente anticunhalista.

Días más tarde, el primer Consejo de ministros reunido tras el golpe iba a

nacionalizar la Radiotelevisión Portuguesa (R.T.P.) y la incómoda emisora de

Radio Club portugués (RCP). El COPCON había quedado disuelto días antes. Más de

50 militares, entre ellos el comandante del RALIS, Dinis de Almeida (héroe del

11 de marzo), habían sido detenidos, y se prevén nuevas depuraciones y cambios

en las altas estructuras militares. De momento un neto «profesionalista»

militar, el general Ramalho Eanes ha sido nombrado jefe del Estado Mayor del

Ejército, puesto clave, anteriormente detentado por Carlos Fabiao, hoy

«sospechoso», como Ótelo, de haber auspiciado, alentado o, al menos, permitido

el golpe. Organizaciones como el FUR, o el ilegal Soldados Unidos Vencerán

(SUV), tienen pocas probabilidades de resurgir, al menos a corto plazo.

El «almirante rojo», Rosa Coutinho, se ha recluido en su tierra natal, el

Alentejo. Los partidos Socialistas, Popular Democrático y del Centro

Democrático Social vieron clara su oportunidad, los tres se han lanzado al

ataque contra el Partido Comunista Portugués, al que declaran sospechoso de

haber alentado y dirigido el golpe fallado. Lo cierto es que organizaciones del

PCP, como su organización regional del Norte (DORN), o células del partido en

ciertas empresas, como J. Pimenta, han sido sorprendidas como involucradas en el

golpe. Pero también es cierto que, salvo posteriores investigaciones, y como

manifestaba el socialista «Jornal Novo», no se puede demostrar que el PCP, como

partido, estuviese involucrado en su totalidad.

En cualquier caso, hasta el momento no se ha producido una condena explícita del

golpe por parte de los dirigentes comunistas, que se han limitado a afirmar

que los acontecimientos de los días 25 y siguientes significan «una pesada

derrota de las fuerzas, de la izquierda militar y de las fuerzas revolucionarias

en su conjunto, y el avance de las fuerzas de la reacción, que ocupan fuertes

posiciones en el aparato militar y en el sistema de Poder». Afirma el PC que

«el nombramiento de reaccionarios para puestos de mando puede venir a dar, a

corto plazo, la supremacía militar no a aquellos que siguen a los "nueve" y al

PS, sino a la derecha fascista».

Por su parte, el Partido Socialista señalaba. «La pesadilla ha terminado. Las

fuerzas armadas, poniendo fin a una aventura irresponsable, restituyeron la

esperanza al pueblo portugués. El 25 de noviembre fue como un nuevo 25 de

abril, significó el renacer de un país que se juzgaba condenado a la

anarquía, como fase preparatoria que necesariamente precedería a la

dictadura comunista». Y Mario Soares, secretario general del PS, manifestaba que

«Portugal no será la Checoslovaquia de 1948. El PS dice no a la guerra civil,

pero igualmente dice no, con mayor firmeza, a la aventura irresponsable de los

seudorrevolucionarios que preparan una nueva dictadura».

EL P.C.P., LA GRAN INCOGNITA

Cierto es que, si se puede considerar a Soares y a su partido como ganadores en

la última confrontación de fuerzas, quien realmente ha obtenido, al menos a

corto plazo, los mejores frutos han sido las fuerzas situadas en lo que

podríamos llamar una derecha intermedia. Es decir, el Partido Popular

Democrático (P.P.D. tendencia socialdemócrata), cuyo caso es analizado más

adelante. En cambio, el derechista Centro Democrático Social vuelve a quedar, en

cierto modo, aislado.

Aunque los observadores suponen que hombres como Jaime Neves podrían inclinarse

más, de no ser por su aversión hacia los partidos, hacia el CDS que hacia el PPD

o el PS.

Una de las máximas incógnitas de esta hora consiste en saber qué sucederá con el

Partido Comunista. Por un lado, partidos como el PPD reclaman su inmediata

salida del Gobierno, en tanto que se supone que militares a la derecha (y

volvemos a repetir el caso de Jaime Neves) serían partidarios de tomar

represalias más a fondo contra el P.C.P. Sin embargo, hombres de tanto peso como

el mayor Melo Antunes han asumido públicamente la defensa de la permanencia del

PC en el Gobierno, en este sexto Gobierno provisional que parece continuar

ahora, contra viento y marea.

Por otro lado, crecen las especulaciones, ya iniciadas hace algunos meses,

de que tras este fracaso el PC podría replantearse la necesidad de proceder a

una renovación de sus estructuras y de su línea, absolutamente insólita entre

los partidos comunistas de Europa occidental. Es decir, en esta hipótesis —que

todavía no está muy clara— el PCP se «berlinguerizaría», nombrando a Cunhal, hoy

secretario general del partido, presidente —cargo prácticamente honorífico—,

mientras que hombres más flexibles, como Octavio Pato o Díaz Lourenco (otros

hablan de Aboim Inglés, encargado de relaciones internacionales y bien visto por

Moscú, pero considerado demasiado «duro» en Europa), se ocuparían de la

Secretaria General. Por lo demás, no cabe duda de que el sexto Gobierno que

seguirá probablemente liderado por Pinheiro de Azevedo, sufrirá próximos e

importantes retoques.

Parece fuera de duda, en fin, que la izquierda ha sufrido un golpe al menos tan

duro come el sufrido por la derecha tras el 11 de marzo. Lo cual no quiere decir

que la situación se haya consolidado. Como decía Marcelo Rebelo de Sousa

subdirector del «Expresso»: «Ninguna democracia consigue sobrevivir a la

infiltración del golpe de Estado institucionalizado».

 

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