Autor: Madariaga y Rojo, Salvador de. 
   Lo blanco y lo negro     
 
 Blanco y Negro.    26/04/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LO BLANCO Y LO NEGRO

PON lo tuyo en Concejo y uno dirá que es blanco y otro que es negro. Este era uno de los refranes favoritos de Sancho Panza: y una de ´as dos raices de esta añeja y floreciente revista. Si. Una de las dos; cuya savia quiere decir que en ella se dará igual acogida a lo que haya de blanco o de negro en la opinión. La otra raíz quiere decir que se dará amplia información fotográfica, que desde luego entonces se limitaba a lo blanco y a lo negro.

De entonces acá la técnica de la fotografía ha hecho tales progresos que ya nos hace sonreír con aire de superioridad el que por «blanco y negro» se entendiera precisamente la fotografía, que hoy inunda con su color toda la palabra Impresa. Quizá no le concedamos bastante atención a la otra raíz, no menos ingenua, pero cuya ingenuidad es más honda, más antigua y más fecunda.

Porque no hay que darle vueltas: Sancho no veía en el paisaje de las opiniones da su tiempo, más que lo blanco y lo negro, es decir, tan sólo dos maneras de ver las cosas, y desde luego, dos maneras diametralmente opuestas. Ahora bien, si rebuscamos en nuestra historia y en las historias de los demás pueblos, esto es precisamente lo que se suele encontrar en las luchas internas de ciudades y países. Capuletos y Mónteseos, güelfos y gibelinos, moros y cristianos, carlistas y cristinos (que por lo visto ni a cristianos lograron llegar). Pero con este blanco-y-negro ha pasado lo que con el otro, el de las fotografías: que hoy, en vez de esos dos extremos de opinión, lo que hay más bien semeja un mercado tíe pueblo rebosante de colores, donde no basta decir rojo, ya que los hay zanahoria, naranja, tomate y hasta un berenjena muy metido en azulenco: y no hablemos de esas coles de rojo modesto que en cuanto les echan vinagre se vuelven rojo subido; ni tampoco basta decir azul porque hay por esos mundos cada azul que ya pasa de castaño oscuro; tocto esto sin contar con que de noche todos los gatos son pardos.

Toda esta evolución del blanco y negro a la ensalada de los colores la ha seguido la revista BLANCO Y NEGRO sin soñar en renovar su nombre. Ahora bien, esto ha pasado asi, sin más, pero no deja de ser notable. A primera vista es cosa muy natural en quien se empeña en perseverar en su ser. No le vaya usted con colores a quien se llama nada menos que BLANCO Y NEGRO. Menos natural, sin embargo, parece que este tesón de la revista en seguirse llamando BLANCO Y NEGRO en un mundo mtricolor haya logrado el asenso de sus lectores a través de los años de policromía que lleva disfrutando la prensa. Algo, pues, debe de haber en ello: algo que se apoye no en la mera terquedad de un grupo, sino en alguna ley natural.

Es muy posible que se pueda hallar explicación de este hecho tan singular en las muy peculiares propiedades del blanco y negro. Si en el lenguaje corriente ni riguroso ni exacto, sino tan sólo aproximado, podemos dar a los tonos blanco y negro el nombre de colores, algo al instante nos señala que, si lo son, forman entre los demás categoría aparte. Tentados estaríamos de negarles el dictado de color y de designarlos precisamente como «acolores», es decir, como formas que presentan a fa vista precisamente la carencia de color.

Claro que se dan otras superficies que parecen acercarse a lo blanco y a lo negro en cuanto a oponer una especie de negativa al color. Por ejemplo, un trapo sucio, que es como una de esas pobres gentes a quienes a fuerza de rodar por el mundo y de impregnarse de todo lo que les toca parecen ya haberse olvidado hasta de la madre que los parió. Pero algo de instintivo nos avisa de que se trata de casos pasivos, es decir, de casos cuya negativa al color procede de una aceptación sin regla de todo lo que se haya ido acumulando sobre una superficie demasiado expuesta: mientras que lo blanco y lo negro son dos modos de reflejar la luz que niegan el color por una especie de neutralidad que equivale a una actitud negativa muy positiva en su negación.

Ahora bien, parece como que oí ánimo avisa de algo a la vez profundo y paradójico. Los colores no adquieren todo su valor más que para los ojos y las mentes que primero los han rechazado por parciales en nombre de lo blanco y lo negro que son los dos únicos tonos lumínicos neutrales que hay. Viene luego el color, y cada cosa se presenta al que mira con su matiz y lugar propio.

Esto correspondería a algo muy parecido en la actitud intelectual para con las cosas que pasan. Volvemos a Sancho Panza. Primero, lo blanco y lo negro como actitudes neutrales e imparicales ante el torrente de la vida miricolor: y luego, los colores que se van colocando donde la vida los pone, pero al mando de un ánimo disciplinado por lo blanco y lo negro para dar a cada color su valía y su espacio, y nada más.

Salvador de Madariaga De la Real Academia Española

 

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