Autor: Morodo, Raúl. 
   ¿Es posible la participación política?     
 
 Informaciones.    25/02/1974.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

¿ES POSIBLE LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA?

UN teórico y practico de :a ciencia ponttca, constructor de un modelo de organización social, definió la política como «la participación en loa asuntos del Estado, en su Gobierno, en la determinación de las formas, objetivos y contenido de la actividad estatal». Idea cláMca de la política, vinculada, no sólo contemporáneamente, sino también desde loa orígenes de la reflexión critica, a la Idea de la participación en los asuntos públicos, en cuanto asuntos que afectan a todos De ahí que se participe haciendo tanto política de gobierno, como política de oposición En este sentido amplio —y no como simple adhesión múltiple y ritualista o como acatamiento formal— conviene entender objetivamente la Idea de participación política. De Igual modo, la no participación se concebía como una marglnaclón Insolldarla, ya que la política —en cuanto participación activa— es una función cívica Inexcusable. En suma, un deber y un drrecho.

Pero la participación teórica de los ciudadanos va unida, Inevitablemente, a la práctica de la misma. La relación teórica-práctica cobra aquí, en esta actividad pública, una Importancia excepcional. Y, por otra parte, es Innecesario aclarar que en muchas sociedades políticas no sólo no participan quienes no quieren, sino también quienes no pueden; es decir: a quienes, por una razón u otra, no les es permitido. La práctica de la participación se traduce asi en la discriminación como práctica.

En el desarrollo histórico - político europeo —y España no es una excepción— la evolución de la participación, como Idea y praxis, ha venido condicionando y reflejando las Instituciones socio - política* asi como la relación entre las distintas clases en pugna. Continuidad y discontinuidad se engranan en un proceso que, gradualmente, se ya clarificando y ampliando. En la medida en que la racionalización aumenta, la participación mayorltaria gana terreno a la participación oligárquica. Y, en este oroen de cosas, la participación democrática tiene, como punto de partida, tres exigencias: a) Libertad para la actuación voluntarla y para la elección entre diversas opciones; b) Pacto o consensos sobre los sistemas —y reglamentaciones— que vla-blllzan la participación; c) Dispositivo de representación y cauce electoral que permita el Juego político, en cuanto marco de los distintos Intereses sociales. En definitiva, si no hay una democracia o una -oluntad clara, firme y veriflcable per loa hechos, de Ir hacia la democracia, es Imposible la existencia práctica —y no meramente retórica coyuntura!— de la participación efectiva de todos los ciudadanos.

81. en todas las sociedades la lucha por la participación —social y política— ha sido, y sigue siendo, uno de los temas políticos claves, en las sociedades en transformación —como la española actual— adquiere una relevancia singular. Aquí, en .*stas sociedades, el concepto de legitimación —en sus distintas variantes: histórica, racional y carlsmátlca— puede llegar a adquirir una significación perjudicial, o poco operot.lva, para nuestro propio proceso histórico. Tal vez, por ello, desde un criterio pragmático —que no cuestione el problema de fondo— la flexlblllzaclón del planteamiento legitimación re r t til participación ayudarla a una conveniente distensión política. Mantenerse en el esquema tradicional es quizá continuar en una estrategia que puede provocar la Instltuclonallzaclón del Inmovlllsmo o llevar hacia soluciones sin salida. Factores utópicos, Ideológicos, tácticos y estratégicos se entrelazan constantemente y, ahora más que nunca, se Impone la revisión y graduallzaclón de los objetivos. Sin perjuicio de un análisis de fondo, y como opinión exclusivamente personal, considero que la elección de las diversas opciones —concretamente: aflaniamlento o revisión critica— es una tarea que t~dos los sectores políticos-sindicales d^ben plantearse y resolver. De hecho, de una u otra forma, se están planteando, En el supuesto de que se resuelva por la opción revisionista, es evidente que tal linea política tendría que estar condicionada,´ al menos, por tres supuestos: a) La legalización del pluralismo ideológico y sindical, mediante el reconocimiento, con fines electorales, de agrupaciones, asociaciones (o la denominación más clásica, empleada en los patees democráticos), que canalizasen la opinión pública; b) La autentlflcaclón de la representación popular, a todos los niveles, local, regional, nacional; y c) En definitiva, la regulación de todos los derechos políticos —entre ellos—, el derecho a ser oposición.

La cuestión -—entre otras— está planteada en el orden práctico y en su reglamentación abierta. ¿Cabe una participación critica y pluralista en un sistema político que, aunque en transformación, mantiene t o d a ? 1 a unas Instituciones Inadecuadas ya a su objetivación social? ¿Es posible la desoligarqulzaclón que p e r m j t a una evolución hacia criterios y modos de convivencia dominantes en el mundo europeo? ¿Se puede eetablecer ur. contcnsut o pacto que, sobre lai bases de llbertad-partlcipacttn-plura-llsmo, permita el comienzo del juego democrático? 81 las respuestas son negativas,. la revisión del planteamiento tradicional tiene poco sentido Hay un hecho 2!aro: la incorporación de España a Europa pasa por la participación de todos Ion españoles —y no sólo de una minoría— en los asuntos públicos. Marginar o discriminar es también vía factl, marginar a España del concierto democrático europeo. Salir de este impasse es, hoy por hoy, tarca de todos: de los que detentan el poder y de loi que están y estamos en la oposición]

 

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