El espíritu del Ritz     
 
 Cambio 16.    10/06/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

editorial

El espíritu del Rilz

Cuando auténticos representantes de fuerzas sociales que hacen treinta años se tiraron a la degollina durante la guerra civil son capaces de sentarse ahora alrededor de una misma mesa para debatir con plena civilidad el futuro de España, no hay zascandil ni bus-capleitos que pueda negar el hecho venturoso de que en la sociedad española la guerra civil ha terminado.

Reuniones de este tipo, que son como suturas sobre la negra cicatriz abierta por el cainismo de la guerra, se han ido celebrando tímidamente en los últimos años. Pero la semana pasada en Barcelona, se concelebró una poco común reunión de este tipo. Desde Trías Fargas, pasando por Jiménez de Parga, Santiago Nadal, Lluis Garulla, hasta llegar a Josep Solé o el Marqués de la Vega Inclán, en el histórico y ya algo decrépito hotel Ritz de Barcelona, se creó tal microcosmos de civilidad que garantiza el futuro de una España más democrática, más civilizada y más feliz.

Si las palabras y los programas políticos no deben quedarse en el aire, sino encarnar en la realidad, el espíritu del 12 de febrero, anunciado por el gobierno Arias, encontró su mejor encarnadura social en el "espíritu del Ritz". Aunque se trataba de una simple mesa redonda organizada por esta revista para conocer las opiniones de personalidades catalanas, sobre la política de apertura del nuevo gobierno, poco a poco, la unanimidad y seriedad de las opiniones expresadas, la personalidad de primera fila de los presentes, así como la amplitud del espectro social y político allí representado, generó un cierto escalofrío que nos hizo comprender que la modesta mesa redonda se había convertido en un hecho de posible significación histórica.

Si representantes insignes de las fuerzas de la producción y del dinero son capaces de dialogar sin miedo y sin trampa con personalidades muy representativas de grupos de la izquierda clásica, y si entre todos se establece un consenso para dialogar y para mejorar al país sin aventuras, sin violencias, dentro de lo posible, sin miedo pero con prisa, ese espíritu del Ritz parece demostrar hasta la saciedad, que la política de apertura es posible y necesaria. La sociedad española clama por ella y tiene capacidad para ponerla en práctica.

Si el gobierno del Presidente Arias, y su discurso del 12 de febrero pasado ha sido recibido con tan gran optimismo y esperanza por la opinión pública, es porque indudablemente la sociedad española ha salido ya de los traumas y horrores de la guerra civil. El espíritu del Ritz demuestra que hemos enterrado las navajas, que somos capaces de convivir de nuevo, y que somos capaces otra vez de dialogar, aunque sea para disentir juntos. Aún hay muchas cosas que hacer para poner fin en este país a flagrantes situaciones de injusticia y de opresión de los grupos sociales menos favorecidos; pero si somos capaces de poner manos a la obra sin echar mano a las pistolas, un renacer de fin de siglo es posible aquí.

 

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