Bomba política     
 
 Cambio 16.    10/06/1974.  Página: 20-27. Páginas: 7. Párrafos: 54. 

informe especial

Bomba polítka

El "espíritu del 12 de febrero" ha estallado en Barcelona en una luminosa bomba política. Trece españoles de primera fila, en un amplio espectro que cubre desde el capitalismo más fuerte y avanzado hasta veteranos socialistas, han dado su total apoyo a la apertura e incluso han reclamado más.

Representantes de un poder económico y social decisivo en España han conversado durante horas con hombres de ideologías opuestas, y todos ellos han ¡legado a una conclusión: la actual apertura sólo tendrá significado si lleva a un cambio democrático que dé a este país el puesto que merece y reclama entre los más avanzados del mundo.

Todos acudieron a la cita. Ramón Trías, que tanto ayudó a que el encuentro pudiera ser realidad, estaba asombrado. "Esto no hubiera sido posible unas semanas atrás." Y se sentaron en torno a la mesa del salón Topacio dei hotel Ritz, de Barcelona, formando un aro de suave gradación política, desde el marqués de la Vega ínclán, amigo del padre de Giscard d´Estaing, hasta Solé Barbera, abogado laborista y uno de los fundadores del "Partit Socialista Uniñcat de Catalunya´´ en e! año 36.

Algunas bromas al principio acerca de las olvidadas carteras ministeriales. Y sobre la "fuerza" de los presentes, que, como dijo uno de ellos, representaban unos í 5.000 millones de pesetas. Tras las cuales se inicia la rueda, como respuesta a una pregunta única, amplia y abierta: ¿Cuáles son las perspectivas de futuro que se le abren al país en estos tiempos de primavera? Las respuestas, y de algún modo el debate breve que tuvo lugar a continuación, aparecen bajo el nombre y la fotografía de cada uno de los protagonistas.

La reunión, a la que asistieron por parte de CAMBIO 16 Juan Tomás de Salas, Manuel Velasco y Andreu Clare t —organizador de la mesa redonda—, tuvo un denominador común: el diálogo abierto, tolerante y sereno. Ei "espíritu del Ritz´´ no pudo ser más democrático y optimista aquella mañana del miércoles 29 de mavo.

Santiago Nadal, un centro amplio

A mí me parece que. como ha dicho Juan Tomás de Salas, se da en el momento actual un criterio de apertura, al menos parcial, sobre todo en la prensa. Se publican textos, opiniones, caricaturas, que no lo hubieran sido meses o semanas atrás. Qué duda cabe, sin embargo, acerca de la existencia de resistencias muy fuertes en contra de esta apertura, en el seno mismo del Gobierno que la está llevando a cabo. Pienso, aunque pueda parecer una monstruosidad, que tanto las tendencias aperturistas como las resistencias reflejan una realidad: ambas son representativas de lo que existe en el país.

España es un país en el que siempre se ha manifestado, históricamente, una adhesión auténtica a los criterios de libertad. La palabra liberal fue inventada en España. Las Cortes de Cádiz fueron las primeras que funcionaron en Europa. Pero otros acontecimientos históricos, como las guerras carlistas, demuestran que todavía en el siglo XIX había gente dispuesta a perder la vida y a matar por todo lo contrario.

Sin embargo, no puede hablarse hoy de dos maneras de pensar irreconciliables, ni de una situación en la que una tenga que vencer por las armas a la otra. Existe hoy un amplio centro en el que los elementos menos extremistas de ambos criterios pueden cíialogar y formar una zona de gobierno bastante amplia. Se trata de un sector que propugna un cambio sin catástrofe.

Por todo ello, opino que los criterios que presidan nuestros actos deben ir encaminados a que sea en ese amplio sector donde se produzcan los movimientos políticos que todos es-

EL ESPÍRITU DEL RITZ, EN EL SALÓN TOPACIO. BARCELONA, 29 DE MAYO

peramcs. Las soluciones posibles son probablemente varias. Personalmente, sigo creyendo que existe una posibilidad de evolución, aunque limitada en el tiempo. En ese sentido, el ejemplo de Portugal plantea el problema de la evolución que pudo haber tenido lugar cuando la desaparición de Sala-zar, si sus sucesores hubieran sido de suficiente categoría. Lo ridículo es que el 25 de abril Caetano hubiese aparecido con un "papelito" para resolver la situación planteada. El 25 de abril, Caetano ya estaba acabado. Las declaraciones últimas del señor La Cierva sobre la cuarta apertura que advendría, en caso de quedar frustrada la que nos ocupa actualmente, plantean el mismo problema en España.

El país desea hoy un cambio en u sentido liberal, lo que supone una --plia apertura en el terreno s —"un mejor reparto del past> una apertura política que perm´ gente pensar y decir libremen´ tervenir en el Gobierno, una ; regional y una apertura hacia

Salvador Millel y Bel, f>a oportunidad histórica

Voy a haceros una confesión que, en esos tiempos de radicalismos, os parecerá todavía más insólita que la que acaba de hacernos mi buen amigo Santiago Nadal. Yo soy —he sido siempre— liberal, conservador y moderado, y es en virtud de esta mi triple condición que, desde que una pequeña apertura nos ha permitido lia-blar de la necesidad de una gran y auténtica apertura, no me canso de aprovechar todas las oportunidades para defenderla y estimularla. ¿Será auténtica esta prometida apertura? ¿Se hará a tiempo para evitar peligros como el que sin duda está atravesando Portugal por no haberla hecho oportunamente?

Yo no soy capaz de contestar actualmente a estos interrogantes. Evidentemente, la mayor libertad de prensa de que disponemos es un signo de apertura. Pero yo no empezaré a creer que el propósito es sincero y firme hasta que no vea plenamente autorizado el derecho de asociación para fines políticos. Sin partidos políticos la apertura no tiene sentido: es como hacer una casa con una puerta, pero sin ventanas. Sin partidos políticos la apertura sería una ficción, una mera picaresca.

Al Gobierno Arias se le presenta la oportunidad histórica sin par de acabar con el último vestigio de la guerra civil: acabar con la creencia de que los españoles- no pueden entenderse hablando y asociándose libremente. Veo en el Gobierno actual un afán de apertura. Pero es un afán que, si no se realizaplenamente dentro de un tiempo, con un "timing" adecuado, podría malograrse.

Marqués de la Vega Inclán, las reglas del juego

Estoy totalmente de acuerdo con las opiniones expuestas hasta ahora. La apertura es un deseo y una aspiración de todos los que nos- sentimos españoles en todo el sentido de la palabra.

Pensar en 1974 sin una reorientación aperturista, no sólo en lo económico, sino también en lo político y social, significaría estancarse. Y en política, en historia, estancarse quiere decir retroceder, quiere decir malograr todos los esfuerzos hechos hasta ahora en todos los órdenes.

Por otra parte, no cabe duda de que Europa tiene una mentalidad, una filosofía, una manera de ser de sobra :onocidas. Resulta completamente ridículo pensar que nosotros podemos entrar en ´Europa sin cambiar. El Mercado Común es como un club con unas reglas. Y cuando uno quiere entrar en el club, tiene que suscribir las reglas del juego. Lógicamente, España siente, y no sólo por intereses económicos, sino por razones de supervivencia, la necesidad del aperturis-mo. Estoy totalmente de acuerdo en que este aperturismo en lo económico y en lo político es hoy una necesidad urgente para España. No es una medida que deba aplazarse, ni para pensarla demasiado. El tiempo pasa, y no se recupera. No estamos en condiciones de perder más tiempo. Ha llegado el momento de ponernos, en todos los órdenes, en un nivel -que con-cuerde con el mundo occidental. Si en vez de querer ser un país occidental, aspiramos a ser un

país africano, a que los Pirineos sean una auténtica barrera, entonces podemos desechar la apertura.

Lluis ´Corulla y Martí Mas., la necesidad biológica

(Los señores Garulla y Más hicieron constar, al inicio de la mesa redonda, que, teniendo en cuenta su participación en la Junta de Omnium Cultural, su intervención se circunscribía exclusivamente a la temática cultural, rogando explícitamente a los lectores de CAMBIO16 que "interpreten esa posición con buena voluntad, sin ver en ella el más leve asomo de comodidad u oportunismo".)

Estimo que tiene un significado muy distinto ´hablar de apertura desde Cataluña que hacerlo con relación al resto de España. En efecto, Cataluña cuenta con los mismos o semejantes problemas que las demás regiones de España, pero además tiene otro grave problema, y de solución apremiante, que es el cultural, y dentro del misino el del idioma propio, con una proliferación de cuestiones anexas.

Existe efectivamente, tal como ha dicho el señor Nadal, que me ha precedido, una apertura, incluso en el terreno cultural, en relación a los años cuarenta, cuando se les anunciaba a los catalanes que no sería perseguido el uso de su idioma propio en la vida privada y familiar, o cuando la "Biblioteca Selecta" solamente podía reanudar la edición de libros en catalán a condición que reeditara las obras de Verdaguer, pero con las normas ortográficas antiguas, o cuando el Orfeó Cátala, durante años y años no pudo ni ensayar, o cuando el Institut d´Es-tudis Catalans vivía clandestinamente, durante quinquenios, en una buhardilla... En relación a aquellos tiempos, hemos progresado ciertamente, bastante. ¡En treinta y cuatro años!

Sin embargo, en lo que se refiere al uso hablado y escrito del idioma catalán en los medios de comunicación social, escuela, etcétera, la apertura ha sido prácticamente nula. En un país tan sensibilizado y de tanta tradición cultural autóctona como es Cataluña, la necesidad de una auténtica apertura se siente de un modo todavía más ardiente que en el resto de España. Cajal decía que "como los que tienen buena mesa ignoran qué es el hambre, tampoco saben la falta que

hace el uso -del idioma propio los que utilizan el suyo libremente". Este axioma puede aplicarse dramáticamente a Cataluña.

Sentimos una necesidad casi biológica de apertura. Negarlo sería como negar el derecho de gentes. La apertura que necesitamos debe ser sincera para que no ocurra lo que pasa actualmente con la Ley de Educación, donde el artículo 14, en coordinación con el 17, establecen la enseñanza del idioma vernáculo en los cursos de preescolar y en los de general básica, sin que esto se lleve a la práctica, como consecuencia de las múltiples dificultades con que tropieza su aplicación. No es lógico que tenga que ser la iniciativa privada catalana la que tenga que suplir, al margen de dicha ley, la displicencia de la Administración.

Martí Mas, miembro también de la directiva de Omniutn Cultural, añadió a las palabras de Luis Garulla que, a su entender, "la normalización, en lo que se refiere a la lengua y a su cultura, debe abarcar desde la escuela hasta la universidad, pasando por todas las manifestaciones de la vida del país, desde el simple indicador de carreteras hasta cualquier conferencia pública, manifestación artística, canción, etcétera. Es decir, que no haya la menor limitación al uso de un idioma que tiene exactamente los mismos derechos que el idioma castellano en Castilla y en las regiones donde es usado normalmente por las gentes que las habitan. Finalmente, hay que resaltar, dijo, que todas las mejoras obtenidas hasta el momento se deben, sin lugar a dudas, a la firme voluntad de la comunidad catalana de conservar su identidad".

Ramón Trías Porgas, la mecánica de! diálogo

Pienso que todos los aquí reunidos estamos convencidos de que debemos ir a una apertura clara, definida, en todos los órdenes. Quiero decir que aspiramos a un mayor grado de libertad. Sabemos, por otra parte, que la única técnica política que se conoce para organizar la libertad consiste en la puesta en práctica de las formas democráticas, parlamentarias. Esta mecánica, sin la cual la libertad no resulta posible, sólo puede existir si hay diálogo, respeto por las opiniones de ios demás. Para que este deseo pueda ser realidad, se necesita en primer lugar un contacto, y creo que esta reunión cobra precisamente en ello su significado.

En Cataluña —y espero que en el resto del país también—, una serie de personas como las de esta mesa redonda estamos dispuestos a sentarnos en torno a una mesa, sin que nos importe, pese a nuestros orígenes muy distintos en el orden social y en el político, que nos retraten juntos, que se sepa en la calle que conversamos. Si esto se consigue en otras partes de España, el futuro del país puede seguir siendo difícil, pero está asegurado. Circunscribiendo los temas que aquí se están debatiendo a algunas cuestiones básicas, creo observar en primer lugar que la diversidad de pareceres que en principio podría atribuírsenos disminuye drásticamente. Pocos de los aquí presentes desaprobarían que el futuro sistema político respete la personalidad de Cataluña, se base en lo que decida democráticamente el sufragio universal, propugne y respete la libertad personal de todos, dé lugar a la libre iniciativa económica y trate de imponer una buena dosis de justicia social. A esta homogeneización contribuye el centro político y social del país, que es mayoría y se está organizando.

El futuro está firmemente en nuestras manos. De hombres que, como nosotros, en España, somos mayoría. Estamos demostrando aquí que el diálogo es posible y que la tesis que se quiere que prevalezca, "aprés moi le déluge". no es cierta. El futuro del país no me asusta porque lo garantizamos nosotros mismos.

Antoni Moragas, el criterio democrático

Huelga, pienso, repetir muchas de las opiniones expresadas hasta ahora por quienes me han precedido en la palabra, porque con todas ellas me siento plenamente identificado. En el ánimo de todos está la necesidad y la urgencia de esta apertura, de esta li-beralización política.

Me parece, pues, interesante aportar personalmente la experiencia que he tenido la suerte de vivir, durante dos años, desde el decanato de un colegio profesional. Los colegios han operado efectivamente en una forma totalmente democrática en sus manifestaciones internas. Por otra parte, se han reunido bajo un esquema federal a nivel del Estado español. Mi experiencia como decano del Colegio de \rquitectos de Barcelona me ha per-nítido observar cómo el funcionamiento democrático a nivel interno y el federal a nivel de todo el Estado español han permitido resolver en forma harto satisfactoria cuantos problemas han venido planteándose. Pienso que esta experiencia profesional podría y debería hacerse extensiva, hoy, a todos los niveles de la vida social y política del país.

Como ha dicho el señor Canilla, Cataluña tiene dentro de este conjunto unos problemas distintos. Sabido es que nuestra región lleva, en lo económico, ei peso del progreso de buena parte del país, sin verse compensada en este esfuerzo, con la debida atención, por parte de la Administración central, a sus necesidades de infraestructura. Y por otra parte, Cataluña tiene el problema cultural —al que mejor corresponde llamar por no caer en "culturalismos" el problema vital, espiritual del país—, en el que desta,a la injusticia que supone el que todas tas iniciativas en este orden deban su-´ragarse por la iniciativa privada, al stilo de Omniuní Cultural, que deberían ser atendidas por la propia Adninistración.

En mi opinión, se abren en este momento unas fundadas esperanzas de que estos criterios democráticos y des-centralizadores sean posibles. Este mismo encuentro, como ha dicho Trías, es muy significativo del diálogo que hoy puede darse a todos los niveles, partiendo del deseo compartido por iodos de que el país prospere y de que haya una mayor justicia.

Manuel Jiménez de Porga, la ¡tuerta abierta

Yo también comparto en esencia todo lo que anteriormente ha sido expuesto. Creo que el país necesita una apertura política. Sin embargo, quiero subrayar que no puede entenderse que esta apertura ya existe.

Hoy, efectivamente, se permite, como decía Santiago Nadal, una información más amplia. No obstante, opino que con esto no se puede hablar con propiedad de apertura auténtica. Se ha abierto una pequeña claraboya, que facilita un mayor conocimiento de los problemas que tiene planteados la comunidad española. Hasta que no se abra la puerta, la gente no podrá, sin embargo, salir a la calle.

¿Cómo puede, entonces, abrirse esta puerta? Tiene que darse un derecho fundamental: el derecho de agrupación política. Mientras no disfrutemos de este derecho de libre agrupación política, no se habrá producido la ´apertura. La tarea pendiente es hoy ésta.

Conseguido este derecho, todas las demás cuestiones que, como temas vivos, han sido expuestas aquí, en esta rueda de prensa, irán alcanzándose. El tema, por ejemplo, que planteaba Canilla, de ese "hambre fisiológica" que siente el catalán por su lengua, podría debatirse públicamente y la meta alcanzarse cuando las agrupaciones existan. Por la experiencia de mis siete hijos catalanes puedo testimoniar, como algo muy vivo, muy entrañable, que este hambre existe, al igual que en otras zonas de España ha existido el hambre fisiológica. Subsisten tremendas desigualdades sociales, regionales, que también son problemas esenciales a resolver.

En suma: apertura, sí. Pero no falsas aperturas. La puerta sigue cerrada, desde hace muchos años. Y el tiempo de efectuar la apertura importa mucho. Un error de tiempo en política, decía Trotsky, es más grave que un error de tiempo en gramática. Con el derecho de agrupación política, los demás derechos pueden conquistarse. Sin él, sólo se conceden cosas secundarias, en la línea de las Cartas que los soberanos de épocas remotas otorgaban, introduciendo algunas mejoras en la situación de sus subditos.

Yo no me atrevería, mientras tanto, a asegurar qué es lo que quiere ei pueblo. No estamos en condiciones para ello. Sospecho que quizá nos equivocásemos, al establecer la jerarquía de derechos a los que el pueblo aspira. Es menester, antes, conquistar el derecho de agrupación política. Convertirnos en ciudadanos.

Josep Andreu Abelló, cambio de soberanía

Mis primeras palabras van dirigidas a felicitarnos de esta mesa redonda. Comparto cuanto decía Trías Fargas en el sentido del significado que tiene el hecho de que personas que pensamos de un modo distinto podamos sentarnos en una mesa y discutir sobre los temas que más preocupan hoy. En ello reside precisamente la prueba palpable de que en nuestro país puede existir la democracia como existe en cualquier nación del occidente de Europa. Estoy de acuerdo con los puntos de vista expuestos hasta ahora.

Ocurre, sin embargo, que cuando hablamos de aperturismo y hablamos de agrupaciones, creo que lo que procede decir es que España necesita un cambio. No una apertura, sino un cambio.

Un cambio muy simple, que consiste, en lo esencial, en dar la soberanía al pueblo. En que la autoridad del Gobierno salga del mismo pueblo. Creo por mi parte que se nos acercan dificultades económicas muy graves. Ya están en otros países cercanos al nuestro. Y es muy difícil que un poder establecido pueda pedir sacrificios si el pueblo no ha participado en la elección de quienes tengan que adoptar estas medidas. En cuanto a lo que decía hace un momento mi amigo Jiménez de Parga acerca de las agrupaciones políticas, creo que efectivamente es fundamental que la gente pueda libremente agruparse, pero pienso que hay que hablar menos de agrupaciones y más de algo que está en el ánimo de todos: los partidos políticos. Tal y como funcionan en Europa.

Teniendo en cuenta el nivel social^ y cultural del pueblo, hoy, en España,r istcy seguro de que todo el mundo acataría la democracia. Cataluña cuenta con grandes problemas a los que ya se ha referido Garulla. Y de estos problemas se deriva precisamente un anhelo sentido por la mayoría del pueblo catalán en el sentido de alcanzar una autonomía al estilo de la que tuvimos en el pasado, en el marco, qui-

zá, de la federación a la que antes aludía Moragas. Y para ello, lo primero que hay que hacer es terminar con los mitos de supuestos enemigos de la unidad de la patria.

Ejemplos recientes como los de Francia y Portugal ponen de relieve la imposibilidad de que triunfen los continuismos excesivos. Ni Ohaban Del-mas ni Caetano han podido imponer una continuidad al gaullismo o al sa-lazarismo. Francia y Portugal son hoy países nuevos. Nosotros mismos deberíamos hablar menos del pasado y preocuparnos del futuro, para que podamos llegar entre todos, derechas e izquierdas, capitalistas y socialistas, a crear un clima que permita poner en pie la ´España de mañana, sin violencia.

Antón Cañellas, programa DC

La situación actual de España es, esencialmente, problemática. Existe un

acusado desfase entre las necesidades presentes y de futuro inmediato y la capacidad de respuesta del Gobierno.

Existen, creo, una serie de respuestas de una urgencia vital que en ¡as actuales circunstancias no tienen cabida, y que yo, bajo una inspiración demócrata cristiana, me atrevo a resumí r en los puntos que expondré a continuación:

• El reconocimiento de la personalidad de Cataluña, de los países catalanes, que sólo pued¿ existir y desarrollarse en base a una organización descentralizada del Estado.

• La efectiva participación del pueblo en la resolución de sus problemas y en especial, dada la margi-nación que actualmente la caracteriza, de la juventud, la clase trabajadora y los intelectuales. Esto sólo resulta posible, a mi entender, si existe una total libertad de expresión, reunión y asociación en el sentido de partidos y sindicatos (o de sindicato, si así lo prefieren los trabajadores).

• En lo que se refiere al apertu-rismo, pienso que un paso significativo de hasta dónde puede alcanzar sería la promulgación de una amnistía para los presos políticos, terminando así con la dramática paradoja de que en este país pueda encarcelarse a una persona que pertenece a la mism. familia política que el primer ministro inglés o el jefe de gobierno italiano, por ejemplo.

• Por otra parte, qué duda cabe de que la integración a Europa, como miembros de pleno derecho, es hoy una necesidad ampliamente sentida.

La justicia social real debe alcanzar a eliminar las extremas diferencias sociales hoy existentes y los polos de dominación económica. Para ello, creo conveniente un replanteamiento de la organización socioeconómica, de la fis-calidad y de las prestaciones sociales. Todo en un marco de planificación pública y democrática, al servicio de las prioridades sociales, por encima de la empresa, la cual seguiría basada en el mercado. Y creo que la empresa, en régimen de autogestión, tiene un amplíe papel a jugar en una sociedad que debí, construir una democracia no sólo política, sino económica.

Desearía por último subrayar —dejando en suspenso temas tan importantes como la enseñanza, que debería ser gratuita y no selectiva—, que sobre estas cuestiones relacionadas cor la personalidad de Cataluña, las libe; tades básicas y la justicia social, exiss un consenso de opinión amplio y mr •sivo que comprende la mayor parte t los sectores de la sociedad catalana al menos todos aquellos que consideran el diálogo como base de la convivencia entre personas, grupos y clases.

Joan Reventas, socialista "underground"

Mis opiniones de socialista "under-ground" y de la periferia del Estado español han aspirado siempre a identificarse con un sector de opinión que, por diversas razones, pocas veces tiene acceso directo a las salas de redacción de la prensa. Si algún interés pueden tener, será, pues, en la medida en que reflejen el sentir de estas gentes.

Estamos en un período de crisis económica, social y política. Estamos también en un período de esperanza. Pienso que el llamado "espíritu del 12 de febrero" es la expresión de una corriente de pensamiento que aspira a superar esta situación de crisis mediante una política que compagine una cierta apertura con el mantenimiento de formas tradicionales de autoridad y rigor. ¿Cuenta con posibilidades de éxito? A mi juicio, éstas son francamente escasas. El aperturismo, es cierto, contribuye a crear nuevas situaciones, como la que caracteriza boy a la prensa, que se expresa con mayor libertad. Sin embargo, no abre espitas >ara que disminuya la presión social.

Al contrario, incrementa la voluntad de cambio, voluntad que se manifiesta en el mundo del trabajo, en los colegios profesionales, en la problemática educativa, en la urbana y municipal, etcétera. Y también en el campo de las instituciones políticas. La opinión pública aspira, con fuerza creciente, a participar realmente, en un marco de libertad y responsabilidades, ¡en la gestión de la sociedad. Disiento de los aperturistas en cuanto al camino a seguir para resolver la actual situación. La única solución se halla en un marco de libertades reales. Y en ese sentido, añadiré que lo sucedido últimamente en Portugal demuestra que es falsa la afirmación de que esta solución conduce al trauma y al caos.

Por otra parte, un marco de libertades democráticas en el campo político, en el sindical, en las diversas facetas de la vida social, sólo es imaginable, desde mi punto de vista, teniendo en cuenta la realidad de los pueblos diversos y solidarios que conviven en el Estado español. La realidad es testaruda y siempre acaba por vencer. Es imprescindible que en lo relativo a las realidades catalanas, vascas y gallegas, desaparezca el maniqueísmo todavía imperante, como está sucediendo con la saludable revisión que se está operando, desde los más diversos criterios, en relación a la guerra civil.

Agustí de Sentir, también la Iglesia

Quisiera empezar con el mismo sentido optimista que Trías Fargas, ya que el hecho de que estemos sentados en una misma mesa personas de distintas concepciones, que hemos hecho la guerra civil en distintos campos, pero que en Cataluña trabajamos juntos, dialogamos juntos, discrepamos juntos, desde hace tiempo, intentando construir el futuro aportando cada uno aquello que le es propio; todo esto, repito, señala un camino optimista.

Desde mi punto de vista, el diálogo debe basarse siempre en conversaciones entre personas y opiniones de distintos horizontes, pero apoyándose siempre en la realidad del pueblo. Solamente ello puede dar, en cada momento, un sentido a cuanto digamos individualmente. En este sentido creo que esta voluntad de diálogo sólo puede realizarse de un modo constructivo partiendo de aquello que podríamos denominar, para entendernos, un cambio democrático. Se impone, a mi modo de ver, que todas las fuerzas, todas las personas, sin mirar al pasado, sino ipensando en el futuro, acuerden una fórmula de diálogo que signifique un primer paso en este camino de cambio para la convivencia.

Ello supone admitir siempre que el ^ discrepante no sea convertido en subversivo, que el adversario no sea transformado caprichosamente en enemigo. En ese sentido, es absolutamente nefaria, como ´han dioho algunos de los que me ´han precedido, la promulgación de la amnistía como muestra inequívoca de que la guerra civil ha terminado.

Me permito mostrarme también optimista desde el ángulo de la Iglesia, concretamente, desde el de la Jerarquía de la Iglesia, a la que pertenezco, porque se ha producido en ésta un cambio altamente positivo.

La iglesia ca-´alana, y en particular monseñor Juba-ly, han afirmado reiteradamente en os últimos meses la necesidad urgente de que el pueblo cuente con las libertades democráticas. Teniendo en cuenta el paso de la iglesia en la vida social def país, éste es, a mi entender, uno de los elementos que permiten observar el futuro próximo con esperanza.

Resumiendo mi pensamiento, hablaría, pues, de la necesidad del diálogo, de la promulgación urgente de la an-mistía, de la afirmación de las libertades fundamentales, ´haciéndolas extensivas a todas las libertades propias de la lucha social, ya que vivimos en un sistema capitalista: derecho de huelga, de sindicación, de constitución de cajas de resistencia, etc. Hay que ser realistas. Mi amigo Millet siempre se ha definido de la misma manera en relación a estas necesidades sociales, y indícales, desde su propio punto de ista conservador y liberal.

Josep Solé Barbera, el pacto es fHtgiblf

Quiero felicitarme ante todo de la feliz coincidencia que aparece en esta mesa redonda en. torno a la necesidad de un cambio. Me referiré en primer lugar a la posibilidad de un cambio como posible resultado de una concesión o bien como culminación de una conquista. Según mi criterio, resulta francamente difícil que la apertura, el cambio, sean concedidos hasta satisfacer las aspiraciones que aquí se han señalado. Planteada en estos términos la cuestión, pienso que el problema estriba entonces en determinar cómo es posible —hablando siempre en términos políticos, claro está— alcanzar este cambio que todos anhelamos, siguiendo nuestro deber de ciudadanos.

Aunque en términos forzosamente esquemáticos, opino que el camino para la consecución de este cambio supone algo tan simple como la convergencia de las coincidencias que hoy, aquí, en esta mesa redonda, han aparecido con tanta fuerza. Vivamos una época en que, a escala universal, y en Europa en particular, los pactos aparecen como una fórmula política que determina muchas situaciones, que facilita la superación de no pocos "impasses". Yo creo que en España estamos necesitados de esa misma mecánica política. A mi entender, y este feliz encuentro lo ha demostrado sobradamente, un pacto es posible hoy en España, sin fronteras, entre todos aquellos que aceptan unos mínimos presupuestos democráticos para el futuro político del país.

¿No creen ustedes que hoy la inmensa mayoría del ¡pueblo español aboga por cambios sin violencia; que las posturas particularistas,, sectarias, están perdiendo mucho terreno, frente a esta necesidad de dotar al país de unas libertades fundamentales? Personalmente, pienso que si estos criterios encuentran una formulación concreta, será posible iniciar en el país, una etapa nueva, sin trauma, sin violencia, en la que, dotando a las instituciones del elemento decisivo de toda democracia —el sufragio universal—, el pueblo podrá libremente decidir el tipo de organización política a que aspira. Por otra parte, los acontecimientos de Portugal demuestran, a mi entender, aun salvando todas las diferencias, que incluso sectores supuestamente inmovilistas aceptan el cambio cuando éste corresponde a los deseos de la mayoría del país. La actitud que ´han adoptado las fuerzas armadas portuguesas es para mí un elemento de profunda esperanza.

Como abogado, he intervenido en numerosos consejos de guerra —algunos en compañía de mi amigo Semir—, pudiendo comprobar, en el trato profesional con los oficiales, que las fuerzas armadas de nuestro país no se muestran ajenas a llamamientos a la convivencia nacional y al ejercicio de su alta misión al servicio del país. Las recientes declaraciones del Alto Jefe del Estado Mayor, que todos ustedes conocen, corro boran, a mi juicio, estas esperanzas

 

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