Autor: Morodo, Raúl. 
   Portugal y España: Incidencias políticas     
 
 Cambio 16.    10/06/1974.  Página: 44. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Portugal y España: incidencias políticas

Les acontecimientos internacionales recientes, muy próximos geográficamente —Italia con su victoria divorcista, Francia con una opción de izquierda unida y, sobre todo, Portugal con Ja implantación de la democracia—, han repercutido extraordinariamente en la opinión pública española. Los españoles de izquierda han podido así, naturalmente por delegación mental, votar a favor del divorcio en Italia y de Mitterrand y vitorear a las fuerzas armadas del país vecino —antes, país hermano— por haber eliminado pacíficamente una dictadura autoritaria y corrompida. Los españoles de derecha, por idéntico procedimiento, habrán seguido las consignas episcopales, votando en contra del divorcio; concentrándose, como mal menor y sin mucha convicción, en torno ai tecnócrata Giscard, y, obviamente, lamentando bíblicamente que el Ejército portugués permita a los ciudadanos recobrar sus derechos civiles y políticos.

El hecho es que, aunque sea por delegación —y por algo se empieza—, nuestro país se ha politizado a

niveles europeos.

Extrañarse de este impacto ejercido sobre la opinión pública española parece ingenuo. Si, desde hace muchos años, la oposición democrática viene defendiendo Ja integración en Europa y, desde, hace también años, pero menos, el régimen está también en esta línea euro-peizadora, todo .lo que ocurra en este mundo político-económico que se llama Europa nos tiene forzosamente que afectar. Si añadimos a esto que Francia y Portugal son países vecinos, es Jógico q«e e! impacto sea incluso mayor y más intenso.

Por eso es incongruente que, desde la extrema derecha —como "Fuerza Nueva"— o desde posiciones imperiales, nostálgicas y mediterráneas —como, según se dice, mantiene Girón en su último documento non nato— se mantenga que dichos acontecimientos son simples "pretextos" políticos y que hay una intencionalidad perversa —liberal, masónica o marxista— en el análisis de estos hechos políticos. Más cauta ha sido la reacción de la derecha estabilizada: el pragmatismo ha privado sobre el catastrofismo.

Desde él punto de vista internacional, el impacto de la caída de ´la dictadura Caetano-Thomas va a significar, en el país vecino, un proceso gradual —o inmediato— de descolonización y, al mismo tiempo, un acercamiento e, incluso, integración —como ha manifestado ya el activo ministro de Asuntos Exteriores, Mario Soares— en la Comunidad Europea.

Parece lógico suponer que nuestra diplomacia clarificará sus ambiguas posiciones en las Naciones Unidas. Ya no será necesario votar (o abstenerse) con

Por RAÚL HOBODO

respecto al Portugal ultramarino. Pero, al mismo tiempo, la ausencia de un país colonial clásico bará replantear la cues¡ tión del Sahara español. Las presionts no sólo ya de los países árabes, sino de lodo el contexto internacional sobre Espa ña, serán ahora más acuciantes. Dicho en otros términos: la caída de la dictadura y el proceso de descolonización, que iniciará el gobierno de centro-izquierda, implicará también una actitud aperturista y Ja práctica de la descolonización española. Es evidente que la autodeterminación no se ha negado formalmente a la autodeterminación, pero, según algunos sectores, la viabilización de este principio ha sufrido dilaciones continuas. Una variable-sonpresa —e! golpe militar metropolitano— va a provocar, de este modo, una casi inmediata descolonización africana.

En segundo lugar, la entrada en la Comunidad Económica Europea reafirmará una posición comunitaria clásica: que el Mercado Común responde no scío a criterios económicos, sino políticos. Un Portugal autoritario era incompatible con la filosofía política democrática de los países comunitarios. Es evidente que el aislacionismo español —motivado por los tradicionales obstáculos político-ideológicos— queda agudizado.

En tercer lugar, el Pacto Ibérico. Hay que reconocer que en los medios oficiales ha habido —y sigue habiendo— una gran cautela sobre este tema. Pero los silencios sutiles no pueden ocultar un dato claro: que existe un pacto poíí-tico, que respondía a unos supuestos concretos de entender el gobierno de los pueblos, y que, como todo pacto, modificados unilaíeralmente estos supuestos, puede ser ´rescindido.

Muy en síntesis veo la influencia sobre la opinión pública española en la men-talización de varios criterios:

a) La conciencia de ´la falsedad de las viejas tesis paternalistas, que consideran que ciertos pueblos no están todavía "maduros" para la democracia pluralista.

b) La inexactitud de ciertos sectores alarmistas y profetices que, reiteradamente, mantienen la tesis de que todo cambio institucional forzosamente tiene que ser violento.

c) La evidencia del papel patriótico que los militares, unidos con el pueblo, han jugado en la democratización del país. El Ejército, así, se ha convertido en el iniciador y protector de la democracia.

Portugal, de este modo, con sorpresa, con miedo o con esperanza, plantea a cualquier país autoritario, en general, tres opciones a elegir: inmovitimo, apei-turismo o cambio político. Elegir bien es tarea de todos.

 

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