Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
 Tres promociones de españoles ante el futuro de España: 49 microartículos. 
 El liberalismo económico y los tecnócratas     
 
 ABC.    02/04/1964.  Páginas: 1. Párrafos: 2. 

EL LIBERALISMO ECONÓMICO Y LOS TECNOCRATAS

Mr. Thomas C. Mann, secretario de Estado adjunto para Asuntos Interameri-canos, dicen que es uno de esos estadistas y tecnócratas de este tiempo que aspira a establecer las relaciones d los Estados Unidos con los países de Hispanoamérica sobre bases menos doctrinales y más realistas. Todos los hombres de la "Revolución del desarrollo" carecen de actividad en las áreas de las reyertas ideológicas. Ocurre, sin embargo, que la ideología va por delante del realismo, y por ello Fidel Castro ha impuesto primero saber leer la cartilla para postular después la exigencia del pan.

Estamos en un tiempo fronterizo entre el declive de las ideologías por la justicia, y el auge de las reivindicaciones de prosperidad. La crisis política de nuestro tiempo consiste en la denuncia de un matrimonio inadecuado entre el libera´ lismo y la democracia. Como estos términos tenían objetivos diferentes, cada uno de ellos tiraba por su lado. El liberalismo frente a la democracia ha acabado en la oligarquía de los partidos políticos, de las sectas y de los monopolios. La democracia, como antagonista del liberalismo, concluía en la anarquía de las revoluciones y en las dictaduras de los Estados totalitarios.

La democracia y la socialización, sin embargo, son dos términos en el mismo camino. Un matrimonio avenido. La democracia incorpora a todo el pueblo en la gobernación; el socialismo o la socialización ´es una organización económica con todo el pueblo. El horizonte próximo de las formas políticas anuncia las democracias sociales; y las nuevas generaciones de tecnócratas no serán de derechas, porque el agonizante liberalismo económico no necesita tecnócratas. Para el momento político español—que corona un cuarto de siglo de paz—pensamos, como Víctor Hugo, que el secreto de un buen Gobierno es saber elegir la cantidad de futuro que puede introducirse en el presente. ¿Y para qué? Para que el presente no se nos muera en las manos, ni el futuro nos estalle delante de los ojos.

Emilio ROMERO

 

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