Autor: Foxa, Jaime de. 
 Tres promociones de españoles ante el futuro de España: 49 microartículos. 
 Veinticinco y veinticinco, cincuenta...     
 
 ABC.    02/04/1964.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

VEINTICINCO Y VEINTONCO, CINCUENTA...

Hay algo más grave qne tener ahora veinticinco años, y es haberlos tenido hace exactamente otros veinticinco.

Yor la verdad, cambio sin ver. A J>esar de eso de la- angustia- existencial y Jas subcondencias atormentadas. Parque—independientemente de la sana envidia que cinco lustros producen en dics—soy un sincero admirador de la. generación que se acerca. En primer lugar, porque entiendo que es sana, que tiene personalidad y que es responsable. En segundo —y esto (?JT decisivo—, porque la apoya la tremenda rasan biológica de ser ella la que viene v la nuestra la que declina.

A´0 soy traidor a mi generación, que lía sido, por cierto, una de las que con mayor "deportividad" (por usar un vocablo que hoy traduce muchas cosas) ha encajado las amarguras de su dramático destino; pero me inspira mucha confianza este relevo de hombres QUf no han conocidd la sorpresa y la cólera del 36.

Me parecen tener ojos más claros, como menos cargados de dolor.

Pero tampoco creo, como otros, qiu; esa ausencia de cimientos apesadumbrados pueda llevar a desviaciones de frivolidad. No; estoy seguro de que los "Beatles" o el histerismo de los "{ans" no son fino anécdotas mal peinadas en la hondura de una línea colectiva de conducta que ya se va dando a conocer e» cosechas de madures cuajada.

A´>¡. Los que iifis siguen serán mejores. Quisa nos duela que no sean lan >tp>is!>i-tiadoí como nosotros fuimos ni crean excesivamente en ardores que todavía, en nuestro interior, dan calor a convicciones que la fría experiencia podía haber ido entibiando mansamente, fero eso no obedece a condiciones de grupo humano, sino a rosones de circunstancia.

Nosotros tuvimos que alternar la preparación humanística o -técnica de nuestra pra-jesiottalidad con el servicie*—activo y de entrega total—a una aventura ton trascendente que, al lado de ella, se minimisaban nuestros esfuerzos formativos.

BUos, no. Ellos han podido—y lo van demostrando a diario—darse sin reservas o ftt vocación y al trabajo,

¿Que ello resta- de la- valía individual un importante porcentaje de fervores admirables? ¡Qítf duda cabe!

Pero para edificar una patria mejor, ¿es permanentemente necesaria una tensión tan peligrosa?

No. Honrada, sinceramente, entiendo que las filas que avanzan aportan un bagaje tremendamente equilibrado al eterno extremismo de las generaciones ibéricas, que tan dadas han sido a oscilaciones pendulares de alternante dramatismo.

Aquellos muchachos que trocieron mientras las campanas de nuestras catedrales lan-saban a- los aires templados de abril los repiques de la Victoria, no Jon sólo emidiables pitr tener veinticinco afios, sino porque tienen por delante—en arte, en técnica, en política incluso—un horizonte üeno de posibilidades y de inquietudes. Estamos en el borde tic una era nueva. Para- navegaría, nada mejor que una generación recién estrenada.

Jaime DE FOX A

 

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