Autor: López Ibor, Juan José. 
 Tres promociones de españoles ante el futuro de España: 49 microartículos. 
 Progreso y progresismo     
 
 ABC.    02/04/1964.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

PROGRESO Y PROGRESISMO

Esta paz, tan ¿olorosamente obtenida, ha hecho progresar mucho a España. En nuestro país hay, ahora, progreso y también progresismo. Ambos son un índice de confianza en el futuro. Lo importante, según mi punto de vista, es que el progresismo contribuya, tanto como la paz, al progreso. El progreso es una realidad; el anhelo de progreso es un voto de esperanza humana, y el progresismo es una ideología. Mejor dicho, no una, sino varios haces de ideologías, muchas veces contrapuestas. Ahí están los peligros del futuro. Creo que los españoles necesitamos, en esta hora, más lucidez que nunca para enfrentarnos con nuestro destino.

Unas ideas claras sobre lo que pasa en el mundo nos son necesarias. Una vez más, el viejo principio heraclíteo parece estar en vigor: todo camina hacia su contrario. La guerra a la paz, la vida a la muerte, el Este al Oeste, y viceversa. En la historia ha surgido un nuevo impulso. Hasta ahora hemos vivido tiempos azarosos, no sólo en razón de los conflictos bélicos, sino sociales. Las relaciones entre capital y trabajo de la sociedad industrial, herederos de la relación entre propiedad y siervos de las viejas sociedades agrícolas, se es-jtán transformando. La propiedad, tras la nueva revolución industrial, consecuencia directa de la nueva revolución científica, se funde. Lo importante no es ya tener grandes fábricas y máquinas que sobrecarguen la producción; cuanto menos costosas y estables sean, mejor. Lo importante es tener proyectos que se remueven constantemente. La línea del progreso avanza, en este sentido, vertiginosamente. El trabajo ya no es como aquel trabajo con sudor con el que se exilió Adán del Paraíso.

El sudor se ha introyectado en la persona: es tensión, es disciplina, es esfuerzo de preparación.

Estoy hablando de algo que es una realidad ya, aunque sólo en el horizonte; pero si hablamos del futuro es preciso que avizoremos las nuevas soluciones a los problemas presentes. Que no queremos calcar módulos del pasado, volver a viejos conflictos, agarrarse obsesivamente, como el neurótico, a traumas del ayer. Esta perspectiva no está desprovista de problemas. Nada de lo que tenga, que ver con el hombre es aproblemático. Pero en cualquier caso, quiere decir que ese progreso que la gente anhela—en España y en todo el mundo—y que parece que va a llevar al hombre a los confines del paraíso, exige una aceleración especial en el movimiento histórico de la sociedad. Ésa aceleración histórica necesita ser conducida, firmemente canalizada.

El Estado futuro, para ser capaz de fomentar y regular ese cambio, sin que la propia movilidad social se devore a sí misma, ha de estar dotado de un carisma especial, institucionalizando la continuidad, para evitar los riesgos que derivan de este vértigo histórico a que -nos estamos lanzando. La sociedad necesita, como las personas, ser ellas mismas, sean cualesquiera los cambios que ocurran. De lo contrario, el cambio es la alienación, el caos o la muerte.

Juan José LÓPEZ IBOR

 

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