Autor: Páez, Cristóbal. 
   La «declaración de Madrid»     
 
 Arriba.    04/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA «DECLARACION DE MADRID»

ACABO de leer el comunicado conjunto de la «cumbre» eurocomunista, suscrito por los

secretarios generales de los partidos comunistas de España, Francia e Italia, señores Carrillo,

Marchais y Belinguer, respectivamente. Su tono es moderado, discreto y suave. Con muy

ligeros reparos, podrían suscribirlo algunos millones de españoles. Porque ¿quién rehusaría

estampar su firma bajo el párrafo siguiente: «En la construcción de una nueva sociedad, los

comunistas españoles, franceses e italianos están resueltos a actuar en el pluralismo de las

fuerzas políticas y sociales, y en el respeto, garantía y desarrollo de todas las libertades

individuales y colectivas: libertad de pensamiento y de expresión, de Prensa, de asociación y

de reunión, de manifestación, de libre circulación de las personas en el interior del país y al

extranjero, libertad sindical, independencia de los sindicatos y derecho de huelga, inviolabilidad

de la vida privada, respeto del sufragio universal y posibilidad de alternancia democrática de las

mayorías, libertades religiosas, libertad de la cultura, libertad de expresión de las diferentes

corrientes y opiniones filosóficas, culturales y artísticas.»

Pero sucede que el público se siente, en general, muy escamado cuando después de leer lo

anterior cae en la cuenta de que es justamente todo lo contrario de lo que caracteriza la vida en

los regímenes comunistas establecidos en cualquier parte del mundo. Y la gente empieza a

pensar que en la declaración de los jefes eurocomunistas debe de haber gato encerrado, en

tanto en cuanto ni han sido capaces de dedicar, no ya una mención expresa, sino tan siquiera

una reticencia a los países donde el PC manda en solitario, sin oposición, y con cuyos máximos

dirigentes se sienten ligados por vínculos de coincidencia ideológica amistad y camaradería.

¿O es que los señores Berlinguer Marchais y Carrillo firman una cosa y luego en la intimidad,

reunidos por ejemplo, dentro del «bunkerCadillac» que a éste último le ha regalado Ceausescu,

dicen otra?

¿Y qué piensa la base del PCE, del PCI y del PCF de tan caudalosa declaración de libertades,

cuando ellos se ven forzados a aceptar una estructura de partido inequívocamente rígida,

autocrática, antidemocrática? ¿Acaso la base del «eurocomunismo» opina que sus derechos

fundamentales son: ver, oír y callar?

Los dirigentes del «eurocomunismo» transitan por un camino empedrado en contradicciones.

Ante esa oferta de duros a cuatro pesetas, el personal se escama. No es que la gente proceda

de mala fe, influenciada por la propaganda capitalista, etcétera, etcétera; es que no da crédito a

lo que lee. El problema de la falta de credibilidad del «eurocomunismo» empieza y acaba en los

señores Carrillo, Berlinguer y Marchais. Es su problema.

Hay que preguntarse cuál será el espacio que la Prensa soviética dedicará a la Declaración de

Madrid. ¿La resumirá en cuatro líneas y dirá que es materia de psiquiatras? Pero habida cuenta

de que se trata de un plato fuerte para la mentalidad eslava, de publicarla íntegra —algo de lo

que dudan hasta los más ancianos del lugar—, quizá fuera aconsejable que se le añadiera,

como Nota de la Redacción, unas palabras de Ortega y Gasset, muy apropiadas para e! caso.

Son las siguientes: «Grecia educó al hombre del Sur, les soltó la lengua y les hizo indiscretos

"a nativitate". Los pueblos románicos han forjado lenguas complicadas, pero deliciosas, de una

sonoridad, una plasticidad y un garbo incomparables; lenguas hechas a fuerza de charlar sin fin

en ágora y plazuela, en estrado, taberna y tertulia.»

Cristóbal PAEZ Viernes 4 marzo 1977

 

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