Santiago...y cierra Italia     
 
 Arriba.    30/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

SANTIAGO... Y CIERRA ITALIA

¿ QUE otra misión puede tener el embajador de un país sino representar y defender los intereses de dicho

país allí donde haya sido designado? El «caso Carrillo» podría estar a punto de salpicar mucho más lejos

de donde debiera, de llevarse a cabo los propósitos invocados por un diputado ante el Parlamento italiano.

Después de que nuestro embajador, Carlos Robles Piquer, contestase a los telegramas de solidaridad y de

solicitud de liberación del secretario general del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo,

enviados por algunos italianos, con la recomendación de que releyeran la Constitución de su propio país,

donde «se establecen ciertas limitaciones jamás discutidas por los españoles», el mencionado diputado ha

llevado el caso al Parlamento, y ha recomendado la expulsión del embajador español de su «país

democrático y antifascista».

Eso es ir lejos...

Aquí, como resulta fácil advertir, no se trata ya de entrar o no entrar en el «caso Carrillo» propiamente

dicho; en si debe o no permanecer en prisión y por cuántos dias... En el caso, de momento, están

ocupándose unos jueces, y no puede haber otra solución en un Estado de Derecho.

Pero algunos muy ilustres europeos, particularmente nativos de Italia, han tomado sobre sí la resolución

de este «conflicto», en primer lugar, prestándole muchísima más atención y cuidados que la mayoría de

los españoles. ¿Se derrumbará —temen estos italianos— la naciente democracia española por obra de esta

cuestión?

La cuestión es muy otra. La ha descrito perfectamente Carlos Robles: «Los españoles no admitimos

intromisiones en nuestros asuntos.» Y a poca memoria que cualquier país tenga, recordaría que si alguna

cuestión consigue molestar profundamente al país nuestro es la injerencia, y los prejuicios para con

asuntos propios.

La cuestión que plantea ese diputado, o la que ha traído hasta Madrid a los integrantes de una comisión

del mismo país, sobrepasa la normal atención o interés ante unos hechos y por una persona. Salta a la

vista. Pues, señores, no es el caso. El «asunto Carrillo» está en las manos en que debe hallarse: en las de

la Justicia. Y aquí no caben ni injerencias, ni intromisiones, ni impertinencias de ningún tipo.

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