Se sabe desde 1952     
 
 Arriba.    02/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

SE SABE DESDE 1952

RESULTA muy curioso que lo que «News Line» ha investigado recientemente fuera ya conocido el 26 de

diciembre de 1952. En el prestigioso diario «Tribune de Geneve», en un artículo firmado por Obs, se

demostraba que el asesino de León Trotsky era Ramón Mercader del Río, hijo de Pablo Mercader,

pequeño burgués católico y de Eustasia María Caridad del Río Hernández, comunista. Nacido Ramón en

1914, y una vez muerto su padre, en 1926, siguió la Ideología de la madre hasta llegar a ser un marxista

entusiasta. En 1935, el 12 de junio, fue detenido en Barcelona por intento de creación de una organización

ilegal. Cuando las tropas de Franco conquistaron Barcelona, madre e hijo huyeron a París, y luego a

Méjico.

Es digno de destacar ahora, precisamente, que un profesor mejicano, Alfonso Quirós, experto

criminalista, se propuso averiguar la Identidad del asesino de Trotsky. Pero en 1951 el señor Quirós visitó

España y acudió a la Dirección General de Seguridad en Madrid. Allí pudo comprobar que uno de los

hipotéticos nombres del asesino en cuestión, Ramón Mercader del Río, estaba en el fichero con sus

huellas digitales exactas y precisas. Esas huellas estaban registradas precisamente cuando Ramón

Mercader había sido detenido en 1935.

UN ESPAÑOL A LA SOMBRA DE STALIN

Parece no quedar ninguna duda que el asesino de León Trotsky fue el español Ramón Mercader del Río.

El asesino utilizaba con más frecuencia los nombres de Jacques Mornard, Salvador Torkoff y Frank

Jackson. En su tiempo —20 de agosto de 1940— el suceso ocupó las primeras planas de los periódicos

del mundo, porque se hicieron toda clase de conjeturas cobre el hecho.

Como es sabido, Ramón Mercader del Río fue condenado a veinte años de prisión y encerrado en la

penitenciaría Federal de Méjico, a la que todos llaman el Palacio Negro de Lecumberri. No le faltó nada

en la cárcel. Se dijo que «vivió en un rincón de habitaciones individuales, con un pequeño patio, flores y

árboles, mediante el pago de 500 pesos de alquiler. Desde un restaurante cercano le traen, tres veces al

día, el menú que solicita». Se afirmó que recibía mensualmente tres mil pesos mejicanos de la Embajada

soviética. Pudo haber salido de la cárcel en 1949, pero sus amigos parecieron opinar que era peligroso y

le aconsejaron que continuase donde estaba. El nunca ocultó el miedo que tenía a que le mataran cuando

saliera. Siempre se ha dicho que fue incitado al crimen por la Policía secreta soviética y no resulta muy

disparatado comprender que ésta quisiera eliminarlo para quitarse de encima tan peligroso testigo. Y todo

esto reafirma las palabras que pronunció el mismo Trotsky poco antes de entrar en período comatoso:

«Stalin ha triunfado, por fin, en lo que tantas veces ha intentado sin éxito.» Trotsky fue, sin duda alguna,

el más peligroso y autorizado denunciador de lo que él consideraba como el giro inhumano tomado por el

régimen de Stalin y el comunismo soviético. Por ello era necesario acallar aquella voz que se expandía

por el mundo dando a conocer las atrocidades del régimen soviético.

Ramón Mercader, puesto en libertad por las autoridades mejicanas en 1960, marchó 9 Cuba y

después a Praga para, finalmente, en 1968, recalar a Moscú. Para premiar los servicios

prestados, la Unión Soviética le ha condecorado ahora con la Estrella de Oro, declarándolo «héroe

nacional».

 

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