Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
   Historias de AP  :   
 Crónica de Cataluña. 
 Diario 16.    29/01/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ENRIC SOPEÑA

Corresponsal en Barcelona de Diario 16

Historias de AP

Alianza Popular ha iniciado una complicada operación política para sustituir sus viejas figuras en

Cataluña por gente nueva. Se han buscado personajes sin relación con el pasado régimen y con una

trayectoria intachable de tipo profesional. El nuevo hombre de Fraga en Barcelona es Doménec —antes

Domingo— Romera.

El jueves estuvo Carlos Robles Piquer en Barcelona. Días antes lo hizo Jorge Verstrynge. En breve, se

desarrollarán los congresos provinciales de AP de Cataluña. En Alianza la situación interna se está

moviendo, a través de una operación que parece perfectamente controlada desde el puente de mando

madrileño. Fraga Iribarne pretende, sin estridencias, cambiar la imagen de su partido en Cataluña.

El primer paso en ese sentido consiste en sustituir, al frente de los aliancistas de Barcelona, a Miguel

Ángel Planas por Doménec Romera. Tras unos meses experimentales, Romera podría acceder a la

presidencia de Alianza Popular a escala de toda Cataluña, el recambio incluiría el rumoreado fichaje de

Jorge Fernández Díaz, ex gobernador civil de Barcelona y ex candidato del CDS el 28 de octubre. Piensan

los estrategas fraguistas que la renovación mencionada contribuirá a ir abriendo las puertas de AP a

gentes y sectores de la vida catalana retraídos hasta el momento, quizá a la vista del escaso atractivo

político acumulado por los actuales dirigentes.

Romera

Doménec Romera carece de antecedentes políticos conocidos. Sus cargos han estado siempre vinculados

al mundo financiero, económico y, de algún modo, institucional. Todavía es director general de la feria de

Barcelona, puesto al que llegó de la mano del influyente hombre de empresa Josep María Figueras,

presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Barcelona; presidente del Consejo

General de Cámaras de España y —con el alcalde— máximo rector de la citada feria. Las relaciones entre

Figueras y Romera no han pasado inadvertidas.

Quien sabe muchas cosas sobre las actividades de Figueras es curiosamente el delegado del Gobierno en

Cataluña, Francesc Martí Jusmet, hasta hace un par de meses presidente socialista de la Diputación de

Barcelona. Corría el año 1974 cuando Martí y su amigo y correligionario Eduardo Moreno escribieron un

libro que conmocionó el apacible panorama de la Barcelona de la gran burguesía. El libro se tituló

«Barcelona, ¿adonde vas?» y, en resumen, es una recopilación sistematizada de los negocios paralelos

que se llevaron a cabo en los llamados por algunos «felices sesenta». Esos negocios —según la versión de

Martí y de Moreno— tuvieron como eje al alcalde José María de Porcioles.

En las páginas 148 y 149 del mencionado volumen —un notable «bestseller», que encontró problemas

administrativos iniciales, resueltos significativamente por el grupo Fraga a través de Pío Cabanillas,

entonces ministro de Información y Turismo— se puede leer, por ejemplo: «El grupo Figueras se ha visto

envuelto en los asuntos espinosos siguientes: campo de Las Corts, campo del Europa, Besos, parque del

Valle de Hebrón, ciudad satélite de San Ildefonso de Cornellá y Edificios Trade. En todas estas

operaciones los éxitos conseguidos por el grupo Figueras han sido muy importantes. Los arquitectos

municipales que trabajan en el Servicio de la Unidad Operativa de Urbanismo se han visto agraciados con

numerosos encargos por este grupo.»

Santacreu

Por aquellas fechas todavía coleaba la pugna entre Fraga Iribarne y los denominados «tecnócratas». La

editorial que publicó el trabajo de los socialistas Martí Jusmet y Moreno era Dirosa detrás de la cual se

hallaba el dinero del financiero José Santacreu, un «fraguista» histórico, cuya biografía personal y

profesional, cuando se escriba —y puede resultar un documento apasionante—, provocará el estupor y la

hilaridad, a partes iguales, de cuantos tengan el buen sentido de leerla.

El ajuste de cuentas no fue óbice para que menos de tres años después fuera el padre de los planes de

desarrollo quien levantara en Cataluña la bandera de Alianza Popular. Hasta 1979, López Rodó fue el

líder aliancista catalán y único diputado en el Congreso por este partido en Cataluña. El fracaso en las

elecciones, el recrudecimiento en las luchas tribales entre los seguidores de Fraga y los de López Rodó,

unido a que fue ese año el mejor de Centristes-UCD, todo ello significó que el «cerebro » de Carrero

Blanco abandonara el partido, dejara la política activa y liquidara prácticamente la estructura aliancista en

Barcelona.

Senillosa, no

Luego vino la etapa de Coalición Democrática. El representante catalán fue Antonio de Senillosa, a quien

Robles Piquer califica ahora de «diputado extravagante», sin duda porque para la derecha autoritaria una

derecha liberal y civilizada siempre ha sido, como mínimo, extravagante. Sea como fuere, un dato parece

cierto: Alianza Popular de Cataluña llegó a ser una organización fantasmagórica y a punto de extinguir.

El tesón de un ciudadano y la conjunción de todas las circunstancias que han posibilitado la arrolladura

resurrección de Fraga hicieron el milagro. Ese ciudadano es Miguel Ángel Planas, cuyo elogio postumo

— postumo en cuanto a líder— fue sintetizado por Robles Piquer, el jueves, con estas palabras: «Ha

hecho un trabajo espléndido, admirable, ha construido un partido sobre las cenizas. Ha sido una operación

casi milagrosa que se debe tanto al prestigio de Fraga como al trabajo de Planas.»

El trabajo de Planas puede ser considerado como admirable desde las perspectivas de la reconstrucción

aliancista en Cataluña. No obstante, no ha suscitado admiración alguna —más bien lo contrario, y por

diversos y aun contrapuestos motivos— en el conjunto de la sociedad sobre la que AP desea incidir. Ha

llegado, pues, el momento del relevo. Planas pasa a los lugares honoríficos y habrá de dejar su cargo a

Doménec Romera. Para que AP obtenga la confianza de la derecha catalana deberá conectar fielmente

con los intereses de ésta: los mismos intereses tan bien descritos en el «Barcelona, ¿adonde vas?». O sea,

que la derecha acaba repitiéndose porque, obviamente, y como gustaban de reiterar los viejos jerarcas,

son más las cosas que la unen que no las que la separan.

Todo lo demás son minucias, ya lo ha dicho Robles Piquer en Barcelona: «Soy demócrata desde que

tengo uso de razón.»

 

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