Autor: Gibello García, Antonio (ALEXANDROS - NU). 
   Carrillo, genocida de Paracuellos     
 
 El Alcázar.    05/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

CARRILLO, GENOCIDA DE PARACUELLOS

La publicación en EL ALCÁZAR de una mínima parte de la relación de víctimas inmoladas en

Paracuellos por la vesanía comunista, y de la que fue directo responsable, como delegado de Orden

Publico en la Junta de Defensa de Madrid, el actual secretario del Partido Comunista, Santiago Carrillo,

provocó ayer una cínica declaración de éste en el matutino "El País".

"Si empezamos así no conseguiremos nunca una atmósfera de reconciliación nacional sino un espíritu de

revancha que va a hacer imposible el camino hacia la democracia y el cambio pacífico. Sólo los

nostálgicos de «El Alcázar» insisten en ello, pues lo que pretenden es perpetuar la dictadura y la guerra

civil", declaró Carrillo a un redactor del colega matutino.

No nos asombra el cinismo del líder del peluquín. Todo su historial político —desde los tiempos en que

comandaba el grupo "Vindicación" de las juventudes socialistas madrileñas, que asesinó por la espalda al

estudiante Matías Montero el 9 de febrero de 1934— revalida cumplidamente su tenebrosa vocación,

ejercitada como servil funcionario de la internacional comunista. Frente a los héroes del partido, —que

los hubo—, mitificados y desmitificados, encumbrados y defenestrados, que combatieron con valor en los

frentes, Carrillo representa en el escalafón político del P.C. el frío espécimen de la rata de despacho, el

burócrata calculador y servil, estratega de salón incapaz de combatir cara a cara al enemigo.

Sepa Carrillo que ni nos engaña su máscara supuestamente democrática ni creemos en su "espíritu de

reconciliación". De la misma manera que no nos impresionan sus veladas amenazas de viejo chequista.

En "El Alcázar" no nos mueve la nostalgia ni hemos ejercido jamás la dictadura. Aquellos a quienes

representa EL ALCÁZAR supieron con la Victoria superar por la vía de la Justicia Social, impartida sin

espíritu de clase ni de facción, las tristes consecuencias de la guerra que el Partido Comunista quiso

prolongar más allá de la voluntad de los combatientes, como largamente han atestiguado no sólo los

historiadores de la Guerra Civil, sino también, muchos de los que protagonizaron el alzamiento de marzo

de 1939 contra el gobierno de Negrín.

Y como Carrillo desafía con "desenterrar a los asesinados en la zona franquista durante la guerra", le

invitamos a que nos informe a los españoles, con nombres y apellidos —como nosotros hemos hecho y

estamos dispuestos a repetir— quiénes son esos asesinados, si se dio en algún caso una matanza como la

de Paracuellos fríamente ejecutada con presos indefensos, y quiénes fueron ejecutores y responsables,

como nosotros —y no sólo nosotros, sino historiadores nada simpatizantes con el Régimen de Franco—

podemos decir de él.

Cuarenta años después del genocidio, Santiago Carrillo puede contar a "Guadiana" lo que quiera. Y los

lectores de "Guadiana", como los de "El País", son libres de creer sus cínicas declaraciones. Koltsov, que

bajo el camuflaje de corresponsal de "Pravda" ejercía de asesor soviético al partido comunista —por

cierto, ¿cuántos Koltsov pululan hoy por España?— cuenta en su Diario de la guerra de España aquel

sangriento episodio. Su testimonio es expresivo: "Miguel (el general soviético Goriev se enmascaraba

bajo el pseudónimo de Miguel Martínez) preguntó qué había de la evacuación de los fascistas detenidos.

Respondió Checa que no se había hecho nada y que ya era tarde"... "No hay por qué evacuar a todos los

ocho mil, entre los que hay mucha gente inofensiva, morralla. Es necesario elegir a los elementos más

peligrosos y mandarlos a la retaguardia a pié, en grupos pequeños, de doscientos hombres". "Se

escaparán". "No se escaparán"...

La rotundidad de Goriev no ofrece duda. Koltsov oculta en su relato el destino final de aquellas

"evacuaciones", de la misma manera que no aclara que los "elementos más peligrosos" eran los cinco

millares de militares detenidos que, junto a otros seis o siete mil cautivos de las cárceles de Portier, San

Antón, la Modelo y Ventas, llenaron las fosas comunes del gigantesco cementerio de Paracuellos.

Más explícito que Koltsov, Hugh Thomas reseña la composición de la Junta presidida por Miaja, ratifica

que Carrillo ocupaba la delegación de Orden Público y cuenta que "En un momento de alarma, casi todos

esos presos fueron asesinados por sus guardianes en el próximo pueblo de Paracuellos del Jarama,

oficialmente "mientras eran trasladados a otra cárcel". En los días siguientes se llevaron a cabo

ejecuciones en masa de gran número de presos políticos en Madrid, en el mismo pueblo de Paracuellos,

en San Fernando de Henares y en Torrejón de Ardoz".

¿Se entera Carrillo? ¿Refresca su memoria? "Fueron asesinados por SUS GUARDIANES". Los que el

delegado de Orden Público, cumpliendo, órdenes del Partido, designaba para el "traslado".

¿Necesita Carrillo más testimonios? Pues estamos dispuestos a facilitárselos. Sus amenazas no nos

impresionan. Sabemos lo que se encierra bajo su aspecto burgués. Lo mismo que sabemos que no

representa ni ha representado nunca a "la clase obrera", sino a la burocracia del partido, lo que Milovan

Djilas calificó de "nueva clase": los dictadores de los trabajadores. Los servidores de un capitalismo de

Estado incapaz de establecer otra cosa que la dictadura policíaca, como en el modelo soviético, y en los

satélites esclavizados de más allá del telón de acero.

A Carrillo le puede haber exonerado de sus responsabilidades la generosidad del decreto ley que para

celebrar la Victoria del 1.° de abril promulgó Franco el 31 de marzo de 1969. Pero la Historia no exonera

de responsabilidad alguna. Y él pasará a la historia de España, ha pasado ya, como el genocida de

Paracuellos.

Cuando nosotros desenmascaramos la táctica del Partido Comunista y de su Comité Ejecutivo, en el que

Carrillo ejerce, por ahora, de Secretario General, no alimentamos ninguna nostalgia, ni deseamos

perpetuar dictadura alguna y menos aún la guerra civil. Intentamos, con la verdad histórica por delante,

evitar la inexorable dictadura marxista que Carrillo y el Partido Comunista aspiran a imponer en España.

Porque en ellos la nostalgia y la revancha sí son el motor de su actividad subversiva. Queremos evitar esa

dictadura y el riesgo tangible de una guerra civil que no quisiéramos en modo alguno ni para nosotros ni

para nuestros hijos. Y por supuesto para ningún español, porque en ese nosotros no hay exclusividad de

grupo o de partido y en esa primera persona del plural incluimos a todos los españoles, hasta al propio

Carrillo.

Y porque por más que se disfrace de "eurocomunismo" el P.C.E. no dejará de ser una sección de la

internacional que tiene su cabeza en Moscú y sus agentes en el mundo entero, entendemos que es nuestro

deber combatirlo. Más aún cuando su filosofía esencial, más allá de tácticas y estrategias coyunturales, es

antítesis de nuestra concepción cristiana y libre del hombre.

Antonio GIBELLO

 

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