El Gobierno, en entredicho     
 
 El Alcázar.    11/12/1976.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

EL GOBIERNO, EN ENTREDICHO

Se mire por donde se mire, la impunidad con que Santiago Carrillo —responsable directo del genocidio

de Paracuellos, en donde murieron asesinados más de diez mil presos políticos durante el mes de

noviembre de 1936— celebró ayer en Madrid su conferencia de prensa, pone la autoridad del Gobierno al

pie de los caballos. La audacia del dirigente comunista sólo tiene parangón con la ineptitud

gubernamental. La declaración del Subsecretario de Gobernación responsable de Orden Público,

constituye una de las "perlas" más exquisitas producidas en los últimos tiempos. Mientras que Carrillo se

jacta de estar en Madrid desde febrero de este año, los responsables del Orden Público aseguran que su

posición no ha variado respecto a él. Tamaño reconocimiento de ineficacia no tiene antecedente conocido.

Más aún, cuando esa declaración es la única reacción pública y oficial que se conoce del Gobierno, que

pese a estar reunido desde primeras horas de la mañana, en su referencia ignora el hecho —en cualquier

caso políticamente noticiable— de la presencia de Carrillo. Tal silencio, entendemos, sólo puede tener

una explicación: o el Gobierno trata de dar con su mutismo la sensación de que ignoraba la estancia de

Carrillo en Madrid, o tal presencia, detectada desde largo tiempo atrás, está pactada a nivel

gubernamental con el Partido Comunista.

En cualquiera de los dos supuestos —y no se nos ocurren otros porque sabemos de la gran eficacia de la

Policía española y no nos podemos "tragar" la rueda de molino de que ésta no supiera las andanzas del

dirigente comunista— un hecho político de tal naturaleza, cuando están aún frescas en la memoria de los

periodistas las palabras del ministro de la Gobernación: "son ilegales el PC y todos los partidos que están

a su izquierda", pone al Gobierno en entredicho. Lo que ocurriría normalmente en una nación normal, con

un Gobierno normal, en una situación semejante, lo sabemos todos. Barrido por el ridículo, el Gobierno

dimitiría para salvar su dignidad. Y en cualquier caso, el ministro de la Gobernación quedaría

desahuciado para el ejercicio del Poder. Claro que nos referimos a una nación normal, con un Gobierno

normal y con deseos de salvar su dignidad. Y es notorio que España, desde el 20 de noviembre de 1975,

ha dejado de ser una nación normal.

 

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