Carrrillo y su partido     
 
 Ya.    24/12/1975.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

24-XII-75

CARRILLO Y SU PARTIDO

POR si fuera poco el problema planteado por el secuestro del señor Oriol, ahora se le ha venido encima

al Gobierno el de Santiago Carrillo. El peligro es la reacción simplista, ya en el sentido de la fuerza, ya en

el de la claudicación. Creemos por eso improcedente apremiar al Gobierno con exigencias que se pueden

volver contra los objetivos nacionales que pretende conseguir con buena fe, habilidad y dominio de sí

evidentes. Hay que confiar en que esas cualidades le permitan también superar esta prueba.

PUES bien, eso es precisamente lo que ha hecho al poner el caso en manos del juez competente. Al señor

Carrillo se le han hecho graves imputaciones criminales. Lo pertinente es esperar a ver qué cargos le hace

quien únicamente puede hacerlos, la autoridad judicial, si es que se los hace, y dejar a la justicia que siga

su curso.

No tiene sentido enredar el caso en cuestiones menores o diferentes, como la legalización del Partido

Comunista. Sobre este punto, no vamos a negar nuestra opinión. Vemos muy difícil que en la situación

actual se pueda mantener en la clandestinidad a dicho partido. No creemos en su buena fe democrática,

por muy eurocomunista que se llame, y esperamos siempre de él la trampa; pero creemos que los riesgos

de mantenerle en la ilegalidad son mucho mayores que unas ventajas que nosotros, al menos, no

descubrimos por ninguna parte, y salvo en muy contados círculos, cada vez se impone más esta idea. A

base de que una legislación penal esté dispuesta a caer implacablemente sobre el partido que se

desmande.

SEGUIR considerando ilegal al comunismo es empujarle al campo donde por sus características

(minorías fuertemente disciplinadas y de eficacia contrastada para la agitación) tiene más fuerza y sacarle

del campo electoral, donde, en cambio, es más débil. Peor todavía: es invitarle a que se camufle dentro

del Partido Socialista, de cuyos votos y de cuyos cuadros el comunismo se apoderaría, y al que

radicalizaría como hizo con el socialismo de Largo Caballero. Esto hay que evitar que se repita.

PERO nada de ello, repetimos, tiene que ver con el problema actual de Santiago Carrillo. Están de más

todas las movilizaciones por el hecho de que la justicia proceda legalmente para esclarecer la conducta de

un ciudadano español. Ni el señor Carrillo ni nadie puede tener patente de corso. Mal camino siguen los

que se manifiestan alborotadamente si lo que de veras quieren es la legalización de su partido, que, lo

primero de todo, debe demostrar que acepta civilizadamente las normas elementales de un Estado de

derecho.

 

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