Autor: TÁCITO. 
   El anacronismo de la oposición     
 
 Ya.    24/12/1975.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

EL ANACRONISMO DE LA OPOSICION

EN un régimen democrático, la oposición no es anacrónica, es un elemento natural de la vida política. Los

partidos sólo pueden estar en una de dos posturas: o en el Gobierno o en la oposición. Y la oposición

colabora, con su crítica y su colaboración, a la labor de gobierno, y se prepara como alternativa para

gobernar, y es parte del sistema o régimen que acepta y en el que está inmersa.

SIN embargo, en España, durante todos estos años pasados, la oposición no era la oposición del

Gobierno, era la oposición al sistema y al régimen. Su actitud era maximalista, porque el régimen no era

democrático, sino autoritario. La oposición, además, estaba fuera de la ley, y en esa situación se daba una

fuerte coincidencia entre posturas claramente opuestas entre sí que estaban unidas por dos ideas

fundamentales: la necesidad de protegerse entre sí de un peligro común y el deseo de derribar el régimen

y el sistema para instaurar otro. Eso puede explicar que comunistas de un lado y liberales y

democristianos por otro, por ejemplo, que en todos los países democráticos son claramente adversarios,

actuarán ocasionalmente juntos.

ESE deseo do derribar el régimen no lo pudieron conseguir. Mientras vivió Franco apenas si consiguieron

conmover el sistema que llegó hasta el año 1975, con una evolución interior cierta, pero asentado sobre

las mismas bases de poder persona] y de criterios no democráticos, sino autoritarios.

LO que la oposición quería y no consiguió: establecer un régimen democrático, está, sin embargo, hoy

prácticamente conseguido. Se ha hecho promovido por la Corona y forzando la legalidad, pero desde

ella, y desde el poder. No de forma perfecta, pero el cambio en un año es completo. El referéndum,

aprobado por una mayoría abrumadora, que nadie ha querido presentar como una derrota ofensiva para

los que se oponían a él con el "no" o con la abstención, pero que ha tenido ese carácter; ha sido el último

acto de una operación de cambio. Y ha empezado una nueva obra. Quedan retazos del decorado antiguo,

pero el argumento es otro: la soberanía del pueblo, y el desenlace, muy importante: el resultado de unas

elecciones que determinarán un Gobierno que tendrá que estar respaldado por la voluntad popular sobre la

base de unas Cortes con facultades constituyentes.

PARA esta nueva etapa es para la que hay que denunciar el anacronismo de la oposición. Porque la

polifacética, movida y escasamente profesionalizada "oposición democrática" ha perdido su razón de ser,

lo que la justificaba y la mantenía viva: su oposición radical al régimen y el sistema. Hoy ya no existe ni

ese régimen ni ese sistema. Con el referéndum ha acabado el franquismo y empieza una nueva fase.

Y para ella lo que se necesita es una posición política constructiva y no meramente destructiva o de

oposición. No son válidas las viejas alianzas, ni los viejos slogans, ni las viejas posturas. Son válidas

muchas de las posiciones ideológicas mantenidas y lo deberán ser muchas personas de las que han

mantenido esas tesis, con tal que asimilen el cambio real que se ha producido y no se queden cristalizados

en posiciones de puro antagonismo histórico, que no corresponden a la época que ahora toca vivir.

PORQUE es posible que los que incurran en anacronismo queden eliminados y sean un lastre para la

vida política actual. Tanto los que quieran mantener posiciones del franquismo como los que no se sepan

desembarazar de esa postura, larga y muchas veces dignamente mantenida, de oposición. Esas serán, unas

y otras, posturas quizá respetables desde un punto de vista ético, pero políticamente anticuadas.

HORA es de superar la antítesis régimen-oposición. Los hombres que procediendo de uno u otro campo,

o los que se han mantenido hasta ahora fuera de la política porque no les interesó la política que se hacia,

tengan ideas coincidentes, propósitos comunes y adversarios idénticos, tienen que actuar juntos. Sólo los

que por su falta de honestidad no merezcan el respeto general deben ser excluidos. Todos los demás

tienen que superar sus antítesis pasadas. Tienen que colaborar para la fijación de programas, para las

elecciones y para gobernar después. Porque se deben, más que al pasado, al presente y al futuro. Y, sobre

todo, al pueblo, si quieren ser sus representantes. Y el pueblo quiere claridad, coherencia y unión. Y no

parece dispuesto a seguir puros nombres y a posiciones testimoniales, personales o poco prácticas que,

con buen sentido, no entiende. Así al menos se deduce del resultado del referéndum.

TACITO (P. P.)

 

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