Autor: P. R.. 
   Santiago     
 
 Arriba.    24/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

nombres

propios

SANTIAGO

El problema de este señor radica en que el Comité Central de Atrezzo y Ropaje del Pecé, ya no es lo que

era. En lugar de vestirlo de «ultra» o de lagarterana. que son las maneras de pasar inadvertido, van y me

lo ponen de película mala de Louis de Funes: un abrigo que parece la flor de la canela; unas gafas negras

caídas y una peluca blanca de las de Tony Leblanc. Jo. Repito: jo, y como vuelva a ocurrir esto, me doy

de baja, que ya se lo he advertido a Tamames. Bueno, pues así, disfrazado de «verde y con asas» me

sueltan al pobre Santiago por cerca de la avenida de la Paz, encima, no te digo, hasta que, claro, llega la

Policía, que está esperando a que salga el gordo, y dice que ni hablar del peluquín, ni del abrigo canela, ni

las gafas. Además, para más inri, y como dice la Interpol que la Policía española es de lo más fino en la

calle, se acercan los agentes y le dicen pues lo que le dijo Stanley a Livingstone en el Congo: «¿El señor

Carrillo, supongo?» La Policía es que no sabe cómo felicitar las Pascuas, y juraría un servidor que llevaba

meses muriéndose de ganas de decirle a Carrillo: oiga, que tontos del haba no somos. O sea. que lo que ha

molestado, de verdad, es la peluca, si bien es verdad que otros con peluca siguen firmando en el «Boletín

Oficial», las cosas como son.

Entonces, como para Navidades todos en casa, llega Santiago a la Degeese para evacuar consultas. De

momento, consultas. Ha dicho «El País» que si Santiago tuviera un par, hubiera ido hace tiempo al

Juzgado, «buenas, como están ustedeeeeedes, pero es que aquí un par, lo que se dice un par, para qué nos

vamos a engañar, ¿no? Entonces, va Carrillo y se anima en la Degeese y dice que aquí hay mucho enano

infiltrado, hasta en el Pecé, y que ha sido una delación, y que traidores, traidores, que es lo que dice Blas

Pinar, que, eso sí, un par y sin peluca. En el dispensario de la Degeese se le anima y se le dice: Santiago,

que no hay mejor lotería que el trabajo, pero, por lo visto. Santiago tiene razón, y el que se ha ido de la

«muy» es su secretario particular, porque Santiago tiene secretario particular y, a lo mejor, vaiet de

chambre, de los que por la mañana preguntan: el señor se pondrá la revolución a rayas o el proletariado

con pintas, que ya veremos cuando se entere el «A B C», al que ayer pilló todo mirando los reintegros.

Total: que luego vino la señora de Carrillo, o sea la Primera Dama del Pecé, la «First Lady» de la

revolución, y ha dicho algo emocionante: «Espero que el Gobierno no se equivoque», con la misma

ternura con que se le advierte al charcutero que no ponga tocino en las lonchas porque luego mi marido se

cabrea. Más tarde, ya digo, mira cómo gritan los pecés en el río por ver a Santiago detenío. Santiago es

que tiene jefatura y lo habían expulsado en 1971 de París, y en 1972 de Alemania, y antes de que pueda

montar un «dúplex» en la zona residencial de Paracuellos, pues se ha pasao con lo de la peluca. Como

canta Soledad Bravo: «Yo pisaré nuevamente las calles de Santiago ensangrentada.» igual que el

chascarrillo del cuartel, se va a dirigir Santiago al país y nos va a advertir, como el quinto aquel:

—Como sigan así van a conseguir ustedes que no vuelva...

P. R.

 

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