Autor: Herrero, Pedro Mario. 
   El político cesante     
 
 Ya.    14/06/1973.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

El POLÍTICO CESANTE

QUE ella, alma mia; qué olla de Shakespeare es hoy el pais! Allá los políticos con sus oficios; alla las manos que amasan el pan de la esperanza y la vanidad; allá los galgos que corren desesperadamente para conquistar uno de loa seiscientos cargos importantes disponibles. A mí, en este momento, por aquello del corazon del hombre, so1o me Interesa un personaje: el ministro cesante.

De la noche a la mañana (fue una cosa de horas, de horas), ya todo se convirtió en historia. ¿ Dónde está aquel timbre que cuando sonaba hacia estremecer a una legión de hombres? ¿Dónde está aquella Lista del secretario, confeccionada con la anticipacion de un mes, en la que no habla un sólo momento libre en Ja que se le prohibia ponerse enfermo, en la que figuraban provincías españolas, paises remotos, fiestas de gala, y visitas a lugares incomodos? ¿Donde esta aquella nube de periodistas pendientes de su voz?

¿Donde estan aquellos hombres poderosos esperando en la antesala para charlar breves minutos de un apunto importante ? ¿ Adonde se han ido las cámaras de televisión, las páginas de los diarios donde aparecía su nombre a "tres o a cuatro columnas? De repente (fue una cosa de horas, de horas)..la soledad; de repente (fue una cosa repentina, repentina), el silencio. Se ha perdido lo más importarte de la política.; el poder. El ministre cesante es uno más da tos hombres con carbata; ya no puede decir cosas que le parecían completamente naturales. "Prepárenme un viaje a Chile". "Los nuevos presupùestos los fírmare el Jueves?", "El convenio de siete mil millones me parece beneficioso". "No tengo tiempo; que reciba a esa comisión el subsecretario".

¿Como puede una persona perderlo todo repentinamente? ¿Que clase de aberracion lleva dentro la Politica?

Otros hombres han desenterrado el hacha; han esperado a que arrancaran el árbol de cuajo, y, al verle en el suelo, van a cortar las ramas. ¡Quieta, alma mia, aguanta ahora! Ya vienen a por ti; antes te elogiaban sín tasa porque tenían miedo. Ahora están llenos de valor, y, amparados en la baba y en el oportunismo, vienen a colocarte el zapato sobre te cara para medrar o para desfogar su resentimiento. Rufianes de la impunidad dejaran caer un comentario hiriente, juzgarán tus fallos uno a uno, oolvidando tus triunfos que también los tuviste, ¡Aguanta alma mia! Ha llegado la hora en que pueden decirte, a la cara o en letras de molde todo lo pequeños que son.

La casa. La casa, caramba, ¡Qué raro! No suenan teléfonos imperativos; no te hacen media docena de preguntes en un minuto; el iras descansa; se puede dormir. ¿Dormir? Se vuelve a mirar la biblioteca despaciosamente y se vuelve a escoger aquel libro ten olvidado. Se puede leer. ¿Leer? Se conecta la televisión y hay imagenes de otra persona que ocupa tu puesto, y hay otro hombre que continúa tos pasos por los que tú andabas a veces demasiado solo, a veces demasido acompañado. ¡Alma mia, no pienses demasiado!

¿Y todo por qué? ¡Ah, amigo mio; ahi sí que la cosa. está muy clara! El jefe se desgasta, asegura la política. Los hombres crujen, y, de repente, ya no tienes cade que decir, asegura la política, ¿Que no tengo nada que decir? Espantosa majadería.

Por la casa, en ¡a casa, tocio el mundo se mueve suave, lento. Al hijo le han dicho de forma natural, constatando un hecho; "¿Así que tu padre: ya no es ministro?" Llaman los viejos desde la provincia: "Tranquilo, hijo." El mejor Amigo llega & tomar una copa, como siempre, con mis líbertad, porque el tiempo no apremia. Y hay una pregunta rara, escalofriante, kafkiana: "Si yo ayer era un genio, ¿qué es lo que soy hoy?" "Algo te darán, no te preocupes, Ya sabes que el Gobierno puace =Jba»e:>ia a los fieles "¿Que no van a dar? ¿Que más me da lo que me van a dar? Te puedo contar cientos de problemas quee estaba dispuesto a solucionnar..."

Y, a pesar de qué no hay preguntas, a pesar de que no suenan los teléfonos, e pesar de que no tienes que ponerte condecoraciones en e! pecho para alistar a un festejo que te fastidia, no hay paz, no hay silencio, no hay nada. Parece ridículo hasta pensar en que durante varios años le has dado todo, equivocándote o no, al país. "No se te ocurra pensar eso. Los enemigos están reunidos en aquelarre."

¡Qué cosas! Este sofá, es cómodo. Verdaderamente comodo. Me sentaba en él, pero poco tiempo. Y cuando uno comienza a sentirse comodo es al cabo de media hora. Tendré que descubrir otra vez estas pequeñas cosas; tendré que poner esa lampara un poco Más lejos, para que no me deslumbre la luz en las páginas del libro.

Fue una cosa de horas, de horas, coma una muerte repentina, como una novia a la que atrepellan cuando va a la iglesia. Y en el país, el festín. Muchos levantan una copa, ríen alegres, son felices. Les nace una alegría interior, son más vitales, besan más fuerte a la mujer, resisten mejor un baile movido. "Cayó. Ya era hora." Nunca he sido amigo de un ministro. No es hermoso ni apetecible. No se puede ver caer a un hombre desde lo más alto repentinamente, sin más. Y tampoco es agradable escuchar el ruido de los cuchillos que se afilan. La política será un arte. Pero al escritor, en la mano, no le queda nada más que un tajo violento, una aséptica operación quirúrgica, como si te extirparan el apéndice. Demasiado simple, demasiado vulgar. ¿No les parece?

Pedro Mario HERRERO

 

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