Autor: Urrutia de Luis, Leopoldo. 
   Frustración     
 
 Ya.    23/06/1973.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

Frustración

SE malogran los seres humano: como se malogra la cosecha agraria: por falta o por sobra de algo. Porque tiempo y circunstancías impiden que casen bien todas las piezas del "puzzle". La persona humana es el final de un rompecabezas y camina casi siempre mostrando desoladas mellas en el diseño inconcluso. "Y tentativa soy que se malogra", ha sabido decir el poeta Bartolomé Mostaza de ese muñón clamente que es el hombre, perpetuo inacabado.

Esto, existencialmente, no tiene vuelta de hoja. No tener vuelta de hoja es tanto como acabar e! libro, como no poder seguir leyendo en la biografía de cada cual. O bien, sugiere que el árbol humano esta dejado de la mano de la primavera, que es quien vuelve y devuelve la hoja a las ramas felices. Pero en el contexto social, todas las biografías deben contar con hojas suficientes y todos los ramos alcanzar su abril. Los agobios, las urgencias diarias, las compulsiones, en definitiva: la injusticia es lo que da pábulo a la frustración, esa flor a medias deshojada en una sonrisa de labias resignados. No puede la inteligencia dar de si, de no hallar un ámbito propicio. La mente no se desarrolla del todo en soledad, sino en sociedad. El yo depende tanto de la herencia cuanto de un medio ambiente, y éste debe brindar al ser humano la plena posesión de su hombredad. Porque la auténtica libertad personal —´ha escrito el profesor Rodríguez Delgado en su libro sobre el "Control físico de la mente"—no se hereda ni es un don de Ja naturaleza, sino uno de los más altos resultados de la civilización, que requiere adquisición de conocimientos y entrenamiento intelectual y emocional.

Generaciones enteras, por un azar histórico, pueden quedar en trance de frustración. "En mi sobrecogedora galería—declara un reciente testimonio—todos son muñones, torsos rotos, indicios de lo que no llegó o no pudo encañar, de lo que acedó su posíbilidad." Y agrega el testimoniante, que es el poeta—escribiendo esta vez en espléndida prosa—Ramón de Garciasol: "No hemos llegado los hombres de nuestras generaciones a casi nada, ni a morir: más que vivos, somos supervivientes, supernumerarios vitales sin plaza."

Garciasol, en la hebra avenadora de sus cartas a muertos queridos, engarza un patético canto a la frustración, ese pájaro al cusí alguien corta las alas; ese poema para el que no nos dejan escribir los últimos versos.

FRUSTRACIÓN viene del latino "frustrari", que quiere decir engañar. El frustrado es, ni más ni menos, un engañado. Creyó en el final del "puzzle", y el final era otro, no porque su memoria del diseño desvariase, sino porque alguna mano Injusta desordenó las piezas. Y ya no hay forma de recomponer el juego. Hay que dejarte a medias, y aceptar el engaño, como el toro acepta que el lidiador le engañe y le obligue a bregar entre las tablas del espectáculo y no en la dehesa de horizontes abiertos, donde la libertad orea la frente y el corazón.

De ahí la melancolía del que se sabe frustrado, que, según se mire, es la antítesis del rebelde o es, a su manera, la rebeldía misma trocada en permanente y muda acusación ´contra los frustradores, contra los depredadores del alma.

Las obras truncas de estos poetas destinatarios del "correo para muerte" que remite Garciasol devienen un símbolo. Son ellas mismas como sus propios autores, criaturas que no colman su natural desarrollo, engañados caminantes hacia nunca, violines de cuerdas rotas cuyos arcos jamas lograran la melodía mil veces intentada.

Y todos nos sentimos un poco frustrados, engañados, desilusionados en el espejo de lo que pudimos ser y no fuimos. No ya porque el hombre sea, metafísicamente, ese "muñón que aulla", como escalofriantemente cantó el verso de Mostaza, sino porque en el más acá, en el mundo que se elabora por manos humanas, siempre hay manipuladores del azar, prestímanos de las cirscunstancias. Si es verdad, y condición de existentes, que nos nacen, pues que no elegimos dónde ni cuándo, es realidad Impuesta que nos vivan, maniobrando condicionamientos y presiones. Tal es el grave fondo del libro de Garciasol.

Siempre será el hombre una suerte de poema defectuoso, un soneto imperfecto; pero nada uno quiere el gozo y el riesgo de escribir libremente sus catorce endecasílabos. Cuando nos impiden hacerlo, es la muerte quien lo remata con amargo verso de frustración, que es como un estrambote de silencio y nunca.

Leopoldo DE LUIS

 

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