Autor: Sopeña Ibáñez, Federico. 
   Ocio y personalidad     
 
 Ya.     Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 3. 

Personalidad

PARA descansar es necesario evadirse del mundo, olvidarlo Ahora bien: hay la evasión vacía y la evasión enriquecedora. En la primera tiene su absoluta prima cía el juego, porque la juntura de azar y de regla fija combina da manera mágica la expectativa y la vigilante atención. Hay en el juego dos polos: si la intervención del azar es nula, como en el caso del ajedrez, por ejemplo, el enriquecimiento "nudo" de la inteligencia es una realidad, pero no sin el peligro de que por eso mismo se convierta en "ocio invasor"; en el otro extremo está el azar unido a la ganancia, una de las mas p2rmanentes y lamentables tentaciones que acechan de continuo al hombre. En este caso no hay ocio como descanso del mundo, sino máxima irritación, máxima esperanza y máxima desesperación referidas a lo más decididamente antirreligioso del mundo: la idolatría del dinero y la dispensa del precepto bíbico que hace inseparable trabajo y sufrimiento, unidos a la condición pecadora d«l hombre.

HAY, en cambio, esa misma realidad de evasión, pero que lleva consigo un enriquecimiento y, por lo tanto, una vuelta "de otra manera" al mundo en que se vive: se trata de lo que ya como herencia del humanismo podemos llamar "ocio noble", "ocio distinguido". Conviene enumerar los capítulos para ver más tarde con qué organizada perfidia se opone a ellos la sociedad de consumo. Son capítulos absolutamente inseparables de la libertad real, interior. Como el "mundo" es siempre afán y ruido, la primera apertura al ocio libre es la que proporcionan la soledad y el silencio: la capacidad de estar con uno mismo, el contar con la sola riqueza interior. Se trata de una auténtica experiencia de "transfiguración". El "lleno" de esa soledad y de esa silencio se colma a través de la lectura despaciosa: el humanismo renacentista adquiere singular riqueza y se hace distinto del antiguo, a quien quiere restaurar precisamente a través de la nueva forma de lectura que trae consigo la imprenta. Me parece muy Importante colocar inmediatamente detrás lo que ya no suelo Ver examinados en los análisis sociológicos: el diálogo, las horas no muertas, pero si largas y vivas; eso que constituye el fondo Impresionante de la gran novela rusa como reflejo de la realidad. No He puede establecer una estricta Jerarquía, porque la capacidad para el diálogo depende fundamentalmente de la riqueza de soledad y, a la inversa, de Igual manera que la riqueza del "yo", depende del grado de primaría del "tú".

Federico SOPEÑA IBAÑEZ

SE sale del silencio, de la soledad, del mismo diálogo, para "contemplar" ya sea la naturaleza, ya sea la obre de arte; pero la "salida" no es plena, porque ambas contemplaciones van trabadas entre silencio y diálogo, entre soledad y compañía. Observe, se, es fundamental, que este ocio "noble" es, hasta cierto punto, "gratuito", y por eso el viaje exigirá capítulo aparte. Aun aplicando al libro propio la técnica del

ahorro, siempre tendremos en esa forma de ocio una relativa independencia de lo económico. Más aún: la riqueza en eso obliga, fatalmente, a frenar «1 ímpetu de ganancia, con lo cual se configura un tipo de vida que puede cambiar el ímpetu de ganancia por el ímpetu de crear unos supuestos sociales de cultura a través de una forma de vida como "modestia dorada", vista también como inseparable del verdadero humanismo. Hemos de ver con triste calma cómo el mundo en el que estamos es enemigo de todo eso.

Federico SOPEÑA IBAÑEZ.

De la Real Academia de San Fernando

RINCÓN DE ARTE

GALERÍAS VANDRES

Don Ramón de la Cruz, 26. Zush

 

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