Autor: Calvo Serer, Rafael. 
   El futuro político de la monarquía     
 
 ABC.    16/10/1963.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

DIARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN GENERAL

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EL FUTURO POLÍTICO DE LA MONARQUÍA

ES frecuente 1a objeción de que la Monarquía es una Institución ya superada en el mundo actual, y que no refleja la psicología ni recoge las aspiraciones políticas de las generaciones nuevas. Quienes así hablan muestran una parte de la realidad, esto es, la mentalidad de esos jóvenes, que han crecido en una atmósfera de tecnicismo, de practícismo, muy alejada de la época anterior a la primera guerra mundial, cuando los países europeos eran Monarquías.

El final de aquella contienda parece señalar una decadencia de los regímenes monárquicos. En efecto, tras e1 derrumbamiento de los Zares en Rusia, cayeron los Imperios centrales y desaparecieron los Habsburgos de Viena, y de Berlín los Hohenzollern. Poco después se hundieron las Monarquías en Gracia y en España. £l final de la segunda guerra acentuó esta tendencia, al eliminar los Reyes de Yugoslavia, Rumania, Bulgaria e Italia, En cambio, con la última posguerra se consolida la Restauración en Grécia, si bien algunos señalan a veces el riesgo de que el trono de Atenas pueda sufrír de nuevo una grave crisis.

Incluso en los países del Oriente Medio y del norte de África, que han adquirido nuevo vigor con la rebelión anticolonialista, los regímenes monárquicos han sido también víctimas propiciatorias en Egipto, en Túnez y en el Irak. Idéntica suerte corrió alguno de los establecidos en lo que fue la Indochina francesa.

En tal clima es explicable el escepticismo con que algunos acogen el futuro monárquico de España.

Porque el problema no mide tanto en al instauración de la Monarquía como en su consolidacion posterior.

Y la Instauración es tarea de quienes vivieron en España el fracaso de la República. Pero la consolidación corresponde necesariámente a las nuevas generaciones.

Ahora bien, una mas atenta consideracion de este ambiente «eternamente antimonárquica nos hace ver que en realidad se trata de un clima de completo escepticismo. En él te manifiesta el antímonarquismo porque esto es lo fácil, y quienes lo expresan tienten con ello un desahogo, sin al mismo tiempo tener que tomar conciencia de su propio vacío político. Esa actitud empírica y pragmática ante las formas de gobierno y la preocupación tan solo por los problemas técnicos» sociales y económicos, es indudablemente más favorable a la República que a la Monarquía. Pira también resulta claro que luego tal mentalidad escéptica, al comprobar que la República no funciona, renuncia igualmente a la República y se acomoda a la dictadura. El proceso contemporáneo dé los países antes citados como argumento, lo comprueba de modo palmario.

En ellos no se ha creado, como sustituto de la Monarquía, ningún fervor republicano o verdaderamente democrático, síno que la mayoría de esos países ha venido a caer en regímenes dictatoriales o de excepción.

Dictaduras comunistas en Rusia, Rumania, Bulgaria y Yugoslavia; dictaduras militares en Egipto y en írak; situación cercana al caos en Laos y en el Vietnam. ¿Y en los otros paises? Alemania no se encuentra en circunstancias normales, ya que está dividida y prácticamente ocupada por ejércitos extranjeros, aunque alguna de ellos realice su ocupación bajo el título de la amistad. Portugal, que estableció la República en 1910, ya en 1926 tuvo que recurrir a la dictadura militar, y en la actualidad tiene como jefe de Estado a un Almirante, y como jefe del Gobierno desde 1933 a un mismo gobernante, aunque por fortuna es Inteligente y honesto. Turquía ha tenido siempre a tu frente generales, y el corto periodo de Menderes, en que no sucedió asi, terminó de modo catastrófico con el encarcelamiento del presidente de la República y la ejecución del primer ministro; en este momento, el jefe del Estada es un general y otro general el jefe del Gobierno.

Caso aparte es Italia, pero alli el difícil, equilibrio .de la Democracia cristiana sólo se explica por el prestigio del Pontificado y la influencia moral de la Jerarquia sobre los católicos italianos.

En cuanto a Francia, el país republicano por excelencia, tras el fracaso de cuatro Repúblicas, ha tenido que recurrir a un general, que—con poderes realmente excepcionales—gobierna como un Monarca elegido; y cuando se plantea el problema de su sucesión, suena como posible sucesor el conde de París.

Por eso, comienza a decirse que este cambio de Francia parces simbolizar el fin del período republicano, que la propía Francia inició en 1870.

Vemos, en efecto, que de todos los países citados, el único que ha evitado tener que recurrir a poderes extracíviles ha sido Grecia, precisamente la nación que logró instaurar la Monarquía, aun en circunstancias realmente trágicas para el país. Del mismo modo, tampoco hay que olvidar que mientras tanto las viejas Monarquías europeas de los países escandinavas, Inglaterra, Bélgica y Holanda han mantenido su prestigio, su eficacia y su estabilidad.

La evolución política de estos últimos años no es, por tanto, contraria a la Monarquía. Los pueblos que no pueden lograr la restauración pac no contar con 3a necesaria dinastía, con la familia histórica que les permite simbolizar la unidad del país y la autoridad del Estado, han reñido que recurrir a[ Ejército.

La transición del mando militar al régimen civil en una sociedad política «estructurada se realiza en mejores condiciones cuando el período excepcional ha preparado la Monarquía, por la conciencia que ésta tiene de que, de nuevo, ha de contar institucíonalmente con los elementos reales de la sociedad, en la vida civil.

El viejo embajador Lequeríca—con quien discutí muchas veces estos problemas en nuestros encuentros en Nueva York, en la que el llamaba su Mónaco— temía que en España la Monarquía futura resultase débil Pero, aparte de que ese temor para lo que debe servir ea precisamente para establecer tulas instituciones monárquicas que no sean débiles, la experiencia lia demostrado que en España la República es mucho más débil aún, y además anárquica; indefensa por ello ante las aventuras demagógicas. La realidad es que la Monarquía puede garantizar la moderación de esa autoridad qüe evidentemente necesita España como necesitan muchos países.

A la Monarquía se va, pues, ahora desde una mentalidad realista, desde la mentalidad antisentimental que es nota característica de las nuevas generaciones. A la Monarquía se acude en busca de una autoridad con controles instítucíonalizados que haga compatibles la eficacia de muchos gobiernos militares con la moderación jurídica y la permanencia creadora de los Estados de derecho.

Sin duda, el clima histórico que expresan esas resistencias de las generaciones jóvenes requiere que la Monarquía—como ha hecho siempre—sí adapte a tes nuevas realidades históricas, e introduzca en su estructura y funcionamiento—e incluso en sus formas externas—aquellas modificaciones que la muestren situarla altura de los tiempos.

Rafael CALVO SERT

 

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