Autor: Kindelán Duany, Alfredo. 
   Las generaciones de la cruzada y las actuales     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 19. 

LAS GENERACIONES DE LA CRUZADA Y LAS ACTUALES

EN un articulo anterior anuncié los lemas que, a mi juicio, habian merecido ostentar, por méritos contraídos en nuestra Cruzada, las generaciones que en ella tomaron parte, del lado nacional.

Era la del 98 la que había sufrido directamente el impacto, doloroso y deprimente, del desastre colonial que hirió el cuerpo de España, debilitado por dificultades económicas, errónea política e insuficiente formación moral y religiosa, corroída por un cerril anticlericalismo.

Dijimos ya que las generaciones no son homogéneas; este defecto se acentúa en nuestro país por ser propenso a la compartimentación. Ello obliga a estudiar por separado cada uno de sus grupos. Todos ellos fueron afectados por la derrota militar, en mayor ó menor grado. Los pueblos, cuando pierden una guerra, reaccionan de una de estas dos maneras:, con deseo de revancha y exaltación nacionalista, como Francia en 1871, o con una depresión de ánimo colectivo, como Rusia al ser derrotada por el Japón al comenzar este siglo. España, en 1898, reaccionó en este segundo sentido; caso inédito en su historia, desde Guadalete.

Fue el más afectado por el impacto el grupo filosófico-líterario — los intelectuales—, que estaba simbolizado por unas cuantas figuras de gran relieve: Valle Inclán, Bueno, Maeztu, Machado, Ganivet, Unamuno Baroja, Benavente, "Azorín", Ortega y Gasset, Giner de los Ríos, etcétera. A todos ellos el desastre ultramarino les hirió en plena juventud, aquejándoles de un pesimismo desolado. Quisieron salvar a España a su manera; pero se lo estorbó el clima de depresión que los envolvía. Estos hombres han sido muy discutidos y calumniados; pero entre ellos había grandes valores, con fondo patriótico...

Otro grupó al que también afectó mucho la derrota fue el militar, como era natural. Yo viví las tristezas de la repatriación de nuestros soldados, que regresaban de las colonias demacrados y abatidos ; nos, costó mucho evitar el contagio del pesimismo de nuestros compañeros repatriados, que habían cruzado los mares y océanos llenos de vocación y fe en España, y volvían dejando en América y Oceanía su salud y su fe.

Entre los componentes más destacados de este grupo figuran: los generales Primo de Rivera, Martínez Anido, Gómez Jordana, Castro Girona, Saliquet, Dávila, Sanjurjo, Queipo de Llano, Silvestre, Saro, Ponte, Orgaz, Várela. Algunos de ellos tomaron parte en la Cruzada en puestos de gran relieve.

Afortunadamente, el stado de depresión del ánimo castrense sólo duró una década; fue consecuencia de una guerra y otra guerra le puso fin Las operaciones de Marruecos, que dieron comienzo el año 1909, hicieron reaccionar el espíritu de las tropas combatientes, que vieron una finalidad patriótica a sus esfuerzos y a sus sacrificios; sin este despertar bélico tal vez el Movimiento no hubiera podido producirse en 1936.

El adalid indiscutible de la generación del 98, Primo de Rivera, siguió a sus compañeros en la evolución; durante el período de depresión propugnó el abandono de Marruecos, y el optimismo del período posterior le hizo planear y realizar la brillante operación de desembarcó en 1a bahía de Alhucemas que puso fin a una lucha que constituía una pesadilla nacional.

En el sector católico-clerical reinaba la mayor confusión: un clero bajo, ignorante y perezoso había desertado su misión de dirigir conciencias, limitándose a cumplir su mecánica ritual, postergando en el confesonario los pecados más, necesitados de corrección: los del espíritu. Aceptó el ser dirigido, afiliándose a partidos políticos extremistas y aun separatistas.

La fe no se extinguió en el pueblo, pues su raíces son muy profundas; pero muchos hombres se avergonzaban de ostentar en público sus creencias.

En el alto clero hubo figuras destacadas, como los cardenales Goma, Barraquel, Pla y Deniel y Segura.

La Cruzada cogió en avanzada edad a los del 98; pero aún tuvieron oportunidad de prestar en ella grandes servicios, dirigiendo los Ejércitos y sirviendo muchos cargos civiles. Los pecados que la generación hubiera cometido fueron redimidos por estos beneméritos españoles, . La generación siguiente, la dé los hijos de la del 98, entró en la Cruzada en plena edad viril. Aunque el efecto del desastre colonial no les había herido de modo directo, sí habían sufrido sus consecuencias. Vivieron en una época confusa, caótica, que vino a exacerbar aún más el cambio de régimen, con sus desórdenes. Flaqueó el espíritu de los débiles y de los cucos, pero los más de la generación mantuviéronse fieles a, sus ideales católicos, patrióticos y monárquicos. El Ejército dio, sobre todo, uná prueba dé lealtad insuperable con ocasión de la ley de retiros de Azaña, sacrificando la inmensa mayoría su carrera a su ideal.

Tampoco fue homogénea esta generación. España se escindió en dos partes al proclamarse la República; pero los desaciertos de ésta y les éxcesos masónicos, marxistas y anticlericales, en forma violenta, hicieron reaccionar a las fuerzas de orden, que constituyeron varios grupos: Falange Española, Jons, Requetés, Acción Española, Bloque dé Calvo Sotelo. Todos ellos tenían como aglutinante racial, un anticomunismó sustancial.

Los valores más destacados de esta generación -- a la que si quisiéramos designar por una fecha deberíamos llamar la del 21, desastre, de Anual, o del 23, golpe de Primo de Rivera—fueron, en el grupo intelectual, Herrera, Morantes, Pradera, Valdecasas, Vegas, Gil Robles, Calvo Sotelo, Amezua, Yanguas.

Aunque, cronológicamente, no pertenecen ni uno ni otro a esta generación, podemos afectarle dos máximas figuras: la de Franco, Caudillo de España, y la de José Antonio Primo de Rivera, Caudillo de juventudes.

Entre la pléyade de militares que constituyó la espina dorsal de esta generación pueden señalarse al duque de la Torre, a Vigón (Jorge), a Aranda, a los almirantes Moreno y a los que en la guerra desempeñaron todos los mandos de brigada y división la vida de los cuales se había forjado en el duro yunque de las operaciones en África. Así se formó una minoría oprimida, que había de tomar, un 18 de Julio; en sus manos las riendas de la nación española.

Ya los católicos no sé avergonzaban de exhibir su piedad. El bajo clero mejoraba por días y en el alto habían aparecido magníficas figuras, que ya no eran séquito sino directores de la sociedad católica, especialmente en materias sociales: Eran, entre otros, los obispos Herrera. Morcillo Olaegea, ildain.

Para la generación más joven dé las que intervinieron en la Cruzada, de la que muchós de sus miembros rozaron, y aun cruzaron, las fronteras de lo heroico, tal vez fuera mas adecuado, por abarcar a la totalidad, el calificativo de sacrificada, ya que fue una generación; enteramente. Miles de jóvenes dieron su vida por España ; otros sufrieron mutilaciones; la mayoría hubo de interrumpir sus estudios y vio cambiado el rumbo de su existencia. Los más afortunado: sufrieron las penalidades de la vida de campaña.

Incluso el sexo femenino en esta generación no quiso esquivar el sacrificio. Las .mujeres de las. anteriores también se sacrificaron—¡y en qué grado!—dando sus hijos a la Patria; pero las jóvenes en nuestra Cruzada se sacrificaron personalmente, en los hospitales de vanguardia y otros servicios de campaña.

En la preguerra, por su edad, no tuvieron ocasión de destacarse más que contados miembros de esta generación. En cambio en la guerra, ¡ cuántos salieron del anonimato a costa de su sangre y de su valor! Cuantos vivimos nuestra lucha civil sabemos que la estrella de alférez provisional era una ejecutoria de gloria y de honor y que la. generación entera conquistó en el campo de la Verdad la medalla colectiva del Sacrificio Heroico. Alfredo KINDELAN

 

< Volver