Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   Documento y manifiesto     
 
 ABC.    06/11/1958.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

DOCUMENTO Y MANIFIESTO

ME parece que habría que decidirse a meter los buenos libros que hierven en la literatura universal en una clasificación básica: libros "documento". y libros-"manifiesto". Los primeros son los que dan testimonio de los problemas, angustias e inquietudes de cada momento. Los segundos, los que proponen respuestas y soluciones afirmativas.

Todo "manifiesto" o respuesta aloja en su seno una serie de "documentos" o datos parciales con que ha sido elaborado. Así es como se mueve la Historia: resumiendo, como el cine, en una línea sintética y viva, una serie de actitudes parciales; de "fotogramas". Por eso los libros-"documentos" suelen ser duros, patéticos y hasta feos. Como son chocantes e inarmónicas las diferentes instantáneas de los gestos de un orador o del galope de un caballo que, luego, sintetizados por la velocidad, se resuelven en belleza y armonía. Un bello discurso significa la superposición de una sucesión de actitudes grotescas.

Uno de los peligros mayores para el común de los lectores es la confusión de estos géneros: el tomar por "manifiesto" lo que es "documento". Tomar por respuesta lo que todavía es pregunta. Ha sido el caso de Unamuno. A Unamuno le han empujado hasta el "Index" sus admiradores. Se empeñaron en tomar por "manifiesto" su patético documento individual; en que nos enseñara el camino el que nos decía que no había encontrado el suyo propio. Unamuno es el modelo típico de escritor "documento". Es la exhibición brutal de una actitud. Gabriel de Armas, en un libro duro y agresivo sobre don Miguel, ha llenado página y media con una muestra de sus frases y palabras tabernarias. Ortega decía que el color rojizo que es famoso, cada tarde, sobre las piedras de la Universidad de Salamanca, significaban el rubor de éstas al oír hablar al rector. Pero había que advertir que éste es el estilo propio de los "documentos": de las exhibiciones de actitudes intermedias de crisis. Incluso en el orden ortodoxo se han usado y se usan estos vocabularios extremos. En la crisis reformadora de la Iglesia que se inicia en el siglo catorce, hay una serie de "documentos" gritadores. El Papa Urbano VI califica a los cardenales disidentes de "imbéciles" y "pillos". Y la dulce y violenta "Santa Catalina de Siena les llama "diablos con cara humana" Todo esto se resolverá, al rabo, en la respuesta v "manifiesto" de Trento. Los cánones de Trento serán tranquilos v hasta elegantes. Los documentos anteriores, incluso de santos y de Papas, son mal hablados.

Todo este esquema de valores literarios Feria conveniente tener claro en la mente para leer gran parte de las novelas o ensayos últimas. A si por ejemplo, cuando ahora Miguel del Castillo el niño desgraciado de las tremendas experiencias: el Madrid rojo a los seis años; el campo de concentración alemán; el reformatorio español da su tercera novela de éxito universal. Modelo típico de libro "documento . El que quiera buscar respuestas y caminos, que los busque por otro lado. Pero el que quiera saber cómo pregunta la juventud de hoy, que lea a Miguel del Castillo.

Todo su nuevo libro—"Le colleur d´affiches": otra vez un libro de suburbios, guerra civil y dolor—está montado sobre un tema de Camus: "¡He escuchado tantos razonamientos, que me han mareado la cabeza o han mareado otras cabezas lo suficiente para llevarles a consentir el asesinato!... Por lo cual he resuelto rehusar todo lo que, de lejos o de cerca, por buenas o malas razones, hace morir o justificar que uno mate." Castillo confiesa en su prólogo, que no escribe un libro de "hallazgos", sino de "busca". Está buscando a Dios, a la verdad: y es leal a su busca, ya que no lo pueda ser a su encuentro. De lo único que cree estar ya seguro es de no encontrar a Dios a través de la violencia.

Apoyado en esa convicción básica, sus revisiones críticas son implacables. Así la del "marxismo". La mentalidad marxista es la única que trata de ser. en el mundo actual, evidente, precisa, montada sobre "ideas claras". Pero hay que desconfiar de todo lo demasiado claro, porque la vida es complicación. El Partido Comunista ha caído en lo que reprochaba a la Iglesia: la excesiva suficiencia y el tener respuestas listas para todo. Quiere "explicarlo" todo. ¿Pero cómo se "explica" el cadáver de un niño o de una monja, en que acaban no pocas veces sus explicaciones?.

Claro está que sería desleal presentar este "no´´ al marxismo como pronunciado desde una afirmación contraria: católica o nacionalista. Ya hemos dicho que no es el de Castillo un libro de afirmaciones y que la dialéctica de una guerra civil—blanco o negro, rojo o azul— no sirve para entenderlo. Objetar que del lado contrario al "marxismo" no hubo ese absolutismo sádico de violencia que significa la monja violada, la checa refinada o el retablo de Berruguete triturado, es entrar en una contarriña de más o de menos que al escritor, como a tantos jóvenes, no le convencería nada. Porque Castillo vota por una solución "cualitativa", ambiciosa, que vislumbra, y ninguna respuesta "cuantitativa" puede satisfacerle. Vota por la revolución profunda del amor que toda "revolución" demasiado clara y organizada lo que hace es aplazar con el espejismo de decir que "ya está". Castillo, en el fondo, desdeña la parcelita que cualquier política social puede medio organizar en un mundo donde seguiremos siendo desiguales por el carácter, la belleza, la salud la estatura. Su inquietud no tiene nada de política. Es plenamente angustia metafísica. Su actitud es religiosa.

El sabe que se ha empeñado en hacer una cuenta que no puede cerrarse sino en el exterior de la pizarra.

Documentos parecidos se encuentran hoy día por todas partes. En París se presenta una comedia joven donde se pinta en irrespetuosa y sacrilega broma el paso de los galos al cristianismo. Por consejo del "druida" o sacerdote bárbaro, la princesa o sacerdotisa gala fuerte v primaria como la Naturaleza se casa con el barón del lugar adicto a la nueva Iglesia. De este modo la Iglesia bendice la introducción en su seno como una mina explosiva o una conspiración latente, de una fuerza bárbara y naturista, que queda ahí esperando el instante de su revancha. La Ortodoxia reconoce que se asimiló esa fuerza. El joven heterodoxo opina que fue imperfectamente v que sus explosiones en forma de guerra, violencia, inquisición hacen saltar, de vez en cuando, en pedazos, la obra de Cristo: el Amor.

Es otra vez el "documento" de la exigencia de amor del repudio de la sangre. Es demasiado simplista resolver que esta actitud saldo de una generación que sabe de demasiadas barbaridades recientes se califica con cuatro palabras del vocabulario más a ras de tierra: blandura, "pancismo", afeminamiento. Hay que ser un poco más cautos para calificar a una generación de escritores que se quieren citar en un futuro más misericordioso.

¿Utopía? Hace tiempo que para curarme de la excesiva facilidad de esta evasiva yo tengo colgado, en un marco, en mi gabinete de trabajo, un documento curioso. Me lo regalaron en La Habana. Es un recibo de mil novecientos pesos por la compra de seis negros. Su fecha. 1820: ayer como quien dice. Un documento jurídico y tranquilo, escrito sobre la seguridad de que la esclavitud, soporte de todo un orden económico era inevitable... ¿Cuántas cosas no se escriben hoy sobre una parecida seguridad dogmática de la violencia, la sangre, la guerra? ¿No firmamos, acaso, todos los días nuestros "recibos" por cuatro o cinco ideas establecidas, como aquél, hace un siglo, por su media docena de negros?.., No desplacemos tan pronto a los utopistas. Son los pura-sangres de la ilusión. Pueden llegar antes a metas y lugares adonde, un día. llegarán con retrasar los percherones de la lógica.

José María PEMAN de la Real Academia Española

 

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