Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   Mi callado concurso     
 
 ABC.    16/03/1960.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

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MI CALLADO CONCURSO

¿Y usted no dice nada?... Para los que me preguntan eso, con fruición de espectadores de función de balde, escribo estas líneas. Yo, en mi retiro, voy celebrando también mi pequeño y callado concurso. Pequeño: pero creo que bastante mayor que el que se viene celebrando en un diario madrileño. Porque, aparte de los que éste publica, yo habré recibido un buen tercio de los artículos concursantes que me han enviado sus autores; unos, por educación, por .hacerme ver que no decían nada por mi espalda; otros—ya fallado el premio— por demostrarme su personal opinión de que el trabajo de ellos era mejor que los seleccionados. Sobre todo esto he recibido tantas cartas, que creo que el conjunto total forma, sobre mi mesa, una buena pirámide de "Gallup" u opinión pública. Más que el concurso mismo, porque lo que éste tuviera de aparente plebiscito, resulta suspecto: ya que, en definitiva, era un plebiscito con premio por medio. No se puede llamar "opinión pública" a la que se convoca y subvenciona. Para valorar esa opinión habría que ver lo que resultaba de otro concurso ofreciendo veinte mil pesetas por exaltar tal institución o hablar bien de Pemán. Desechando también cuanto, de lo llegado a mi mesa, pueda ser cortesía, desagravio o protesta, queda mucho, mucho, para componer sobre ella una honrada palpitación de preocupaciones o ideas de nuestra Patria.

De esto creí que iba a tratarse también en el concurso. Y éste era un tema al que nadie se puede sustraer. Yo humilde escritor, andaba, en mis últimos artículos, revoloteando de tema en tema mi "Séneca", Camus, Alfonso Sastre, el Congreso de Autores de París. ¡ En fin, mi "pequeño mundo"!—, cuando creí que se ponía sobre el tapete ese otro tema trascendente. Y, pensé que tendría, que salir a la liza como lo he hecho siempre que de España se ha tratado; como lo hice, en días dramáticos, cuando anduve gritando lo que creí la verdad por todos los ámbitos españoles,. y hasta por las trincheras; cuando me mataron algún espectador cerca de mí al salir de un mitin; cuando me honraron con una de las cuatro estrellas de "alférez provisional" honorario que se dieron en España: ¡ese otro "pequeño mundo" por el

que tuvo uno que transitar en días difíciles.

Pero, con sorpresa, vi que no parecía que se me requería para nada de eso. Unos ilustres catedráticos y escritores cancelaban el que por aquí llaman los chuscos "concurso Mariano "de Babia", galardonando un alegato personalísimo contra mi labor periodística. Un tribunal casi de oposiciones le daba la primera plaza del nuevo escalafón "anti" a unas páginas escritas según una línea que conozco de antiguo y que más que mis escritos juzga lo que creen mi mundo o circunstancia. Ya dije alguna vez que la "lucha de clases", abolida en política, parecía a veces refugiarse en las letras. Algunos escritores, frente a mí, más que críticos, me han parecido "inspectores de la renta". Este premiado ha tenido aire de "agrimensor del catastro" al revés, y ha encontrado mi minifundio literario falto de hectáreas. Me ha juzgado por ciertos gestos que él cree "paternalistas". Porque ahora se exalta mucho la familia e incluso va a ser objeto, creo, de ley especial, pero todo lo que es derivación semántica de ella lo "paternal", "familiar" "fraternal" es considerado agravio sociológico, Creo que es cosa menor; cuestión de gesto, que, como decía Armiñán, en precioso artículo que le agradezco en el alma, son distintos en Ciudad Rodrigo que en Jerez; en el asfalto que en el campo. Yo, que soy incorregiblemente optimista, creo que el señor premiado y yo nos encontraríamos fácilmente en el terreno hondamente renovador, y por mí tantas veces defendido, de la sociología cristiana, aunque yo, por viejo, tenga gestos que a él le parezcan capitalistas o señoritiles, y él por joven, tenga vocabulario que a mí me parezca demagógico.

Esta requisitoria contra mi persona y mundo le han servido al premiado de pantalla para eludir el problema sobre el que se habían concebido esperanzas de diálogo. Al mismo Jurado parece que le sirvió para salir del compromiso doctrinal, puesto que entre los publicados .en la selección había trabajos que lo abordaban mucho más de frente: como el señor Bugella, por ejemplo, en bello y agudo artículo... Pero si e! concurso se ha frustrado en público, no así sobre mi mesa. Ahí queda material para una buena autopsia sociológica. Y de él puede extraerse un esquema estadístico bien simple y elemental. Todos —concursantes o comunicantes particulares se abstienen de arriesgar ni una sola palabra positiva que proponga para España otra solución que no sea la Monarquía del VIII Principio Fundamental. El mismo premiado dice que "en otro marco" que no sea el mío, incluso esa institución les resulta atractiva. Y a eso yo digo: tan de los que escriben eso, como mía. o de cualquier otro, ha de ser la Monarquía. ¿Por qué no hablan de ese "marco" que se ha perfilado como continuación de un Movimiento histórico en que todos, queramos o no, estamos del mismo lado?

Yo, personalmente, deseo tanto pocas cosas como el que empiecen ya a manipular los jóvenes, el pueblo, todos, esa pieza nacional que ahora parece, sin nuestra culpa, que manipulamos unos cuantos en monopolio o secuestro. Para mí, personalmente, carente de pasión política activa, sería un descanso. Yo no tengo más vida política marginal que aquella de los momentos nacionales: la Dictadura, "Acción Española", la Cruzada. Es pintoresco creer que de todo eso me queda una nostalgia cortesana... de una Corte que no viví nunca. Me encantaría personalmente poder descansar de momentos nacionales y arriesgados. Vengan, pues, los españoles nuevos y de buena voluntad; fortalezcan la Monarquía instaurada, perfilada en una Ley fundamental del Reino. Háganla social; háganla popular. Y no sufran, por Dios, de anticipada nostalgia de no tener parte en la continuidad.

José María PÉMAN

de la Real Academia Española

 

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