Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   Visitas de familia     
 
 ABC.    03/11/1959.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

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VISITAS DE FAMILIA

EL estatismo doctrinario, desda la hora de la Revolución,

creyó haber ahogado las espontaneidades naturales. Ni la familia, ni el gremio, ni el municipio eran palabras de su gusto. Lo que le gustaba era el partido, el comicio, el departamento, el prefecto o go-bernador: todas las cuadrículas administrativas superpuestas al mapa y la orografía de la realidad social; Se iniciaba la hora en que los modistos se iban a interesar más por las propias líneas que ellos inventaban que no por las líneas que Dios le había. concedido a la cliente. La hora en que el hombre iba a acabar por vivir en un paisaje que él mismo se fabrica con la dócil y artificiosa sustancia plástica. La madera o la piedra exigían que muchas cosa muebles, casas fueran "así". Pero en el plástico, como en Granada, todo es posible. El hombre crea todo: la materia y la forma. Y, sin embargo, la Naturaleza es tenaz, y se toma sus desquites. Cuando después de dos siglos doctrinarios, la mole babélica y técnica del Estado parecía que tenía del todo aplastadas las espontaneidades sociales, la más elemental de estas realidades, la que es célula y origen de la sociedad toda, reaparece sana e ilesa por las alturas: por la cumbre de la montaña estatal. Las grandes moles amenazantes del planeta, Rusia y, Norteamérica, deciden dialogar. Y en sus más altas cimas aparecen dispuestas a intercambiar sus visitas, no dos dictadores, ni dos jefes, sino dos familias que hacen su equipaje y sé lanzan, en sonriente grupo de ´kilométrico, a consumar las etapas de este optimista. turismo diplomático.

Lo que Eisenhower y Kruschef han hablado en su amistoso "fin de semana" , nadie lo sabe muy bien a derechas. Pero todo el mundo sabe lo que ha dicho Nina Kruschef, qué trajes se ha puesto, cómo se ha divertido o con qué se ha emocionado. Por mucho que los grandes jefes centren la utilidad de estas visitas y encuentros en unos arreglos y pactos Que ellos van a urdir, quedan .masas enormes que lo que quieren, es aprovechar esas embajadas de altura para ver de conocer un poco mejor al otro mastodonte nacional que ordinariamente se les ´sirve, en prensa y política, con salsa de propagan-.. da. Y cuando creen que.van a desvelar algo del misterioso secreto, lo que han visto los americanos, y lo que segura-mente van a ver los rusos cuando "Ike"

emprenda su viaje con su mujer y a lo mejor su hermano, "es esa cosa universal y poco variada que es "una familia". Un grupo humane sin doctrina, ni color, ni telón de acero: en el que puede ser una pequeña tragedia dejarse olvidado en casa, al salir, el gorro de la ducha o la media de goma de las varices: y ante el que puede ser siempre una torpeza obsequiarles en Hollywood con un "cancán" dinámico y exhibicionista.

Esto fue quizá un resabio de la política puramente estatal y doctrinaria de hace unos veinte años. Entonces la diplomacia tenía aire de "soltería". El visitante venía, un poco, a hacer el pillín Le guiñaba e1 ojo al anfitrión como diciendo que estaba de acuerdo en eso del "can-can" y en eso del tratado de amistad. Venían a. divertirse, un poco, por la espalda de. su país y de su señora. Todo se desarrollaba con aire de escapatoria y juerga. La política era soltera o mal casada. Las enaguas al aire del "can-can" de Hollywood fueron el último resabio ya,trasnochado de la técnica picaresca de Metternich.

Pero con esa técnica se llegó, a fuerza de artificios, a un crudo momento de verdad dramática. Los grandes cetáceos del océano internacional saben que pueden destruir el mundo con sus coletazos. Y entonces, como una tabla en lo alto de un oleaje tormentoso, reaparece la familia. Se trata de resolver un problema de elementalidades paz, sentido común y al margen de toda rigidez institucional, se perfila -en las alturas un flujo y reflujo de elementales señoras sonrientes que parece que van a cambiar sus recetas de cocina. "Niña, .¿qué le echaría usted a este guiso de nuestros maridos?" "Yo

lo rociaría con un poco de buena voluntad y luego lo dejaría reposar antes de servirlo a la mesa, señora Eisenhower." Por si los dictadores y los políticos se embarullan con sus énfasis y posiciones heroicas, el mundo quiere verlos flanqueados con unas amas de casa a las que en una guerra no les tocaría más que perder.

Yo no sé si la técnica política fabrica todavía este intercambio de estampas románticas "les bonheurs de la famille"—. con artificioso maquiavelismo, como los revolucionarios que amurallan sus violencias poniendo delante, en sus manifestaciones, a mujeres y niños. Pero si así lo piensan, la técnica puede exceder a sus propósitos. Las enormes retaguardias de uno y otro, la Rusia mística y campesina, y la América, sencilla y puritana, están dispuestisimas a tornar en serio la gran tertulia doméstica que se ha armado en la cumbre de la política y de la publicidad. Los espíritus sencillos confían y esperan: porque jamás se ha visto que dos honestas familias se visiten para preparar una guerra.

Acaso los españoles que somos menos puritanos y menos místicos que esos pueblos seamos los más duros de pelar: los que nos pasamos más de listos y ,pillines. Nosotros, con todo nuestro énfasis tradicional y nuestra Isabel la Católica, somos un pueblo de mucha soltería política. Somos un pueblo de hombres en el casino y de mujeres en Casa. Escribirnos un teatro clásico sin madres. Tuvimos muchos Reyes inmensos de poder, que gastaban; en la penumbra, a tres o cuatro reinas paridoras y silenciosas. No. conoce nuestra historia las . influencias de la Pompádour o de la Mantenón. Ni sé si sabríamos acomodarnos a lo bien que le va a Holanda con tres reinas seguidas y lo equilibradamente que hilvana los "Dominicos" ingleses la periódica visita de su regia ama de llaves. Porque aquí somos muy "viriles"; que se traduce muchas veces en muy solteros o muy pendones... No acabamos de confiar del todo en que la señora Eisenhower y la señora Kruschef, al visitarse, como dos buenas vecinas, hacen también su poco de paz. Que, al fin y al cabo vivimos momentos en que la receta de la paz tiene que parecerse no poco a la de un "caque" o un pastel.

José María PEMAN de la Real Academia Española

 

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