Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   Sobre los motilones     
 
 ABC.    01/09/1960.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

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SOBRE LOS MOTILONES

ESTA Heno de enseñanzas el episodio, telegrafiado a todo e] mundo, ocurrido entre los indios motilones. Estaba convenido y difundido como un dogma de la antropología que estos indios, que viven en la serranía de Perijá, en el Estado venezolano de Zulla, permanecen todavía en plena "Edad de Piedra". Luego parece haberse averiguado que la extraña y arcaica ferocidad de estos indios procede de su situación geográfica. Su situación parece que es suculenta y privilegiada. Buena tierra, capaz de mil explotaciones, e instalación limítrofe con Colombia, país más pobre que Venezuela, y posible buen diente para enredos de contrabando y negocios fronterizos. Se ha inventado una ciencia que se llama "geopolítica", cuyo postulado esencial habían inventado ya los niños: cuando en un pastel hay un pedazo que tiene un montecito de crema coronado por una guinda, todos desean ese pedazo. Por eso parece ser que los negociantes blancos han pretendido a menudo, de modo inoficioso y libre, entrarse por la serranía de los motilones a puros tiros. Como también parece que algunos no ven del todo con malos ojos que, sin necesidad" de tiros, los motilones sean una raza débil que se vaya muriendo poco a poco, batida por la lepra y el paludismo. Una "raza a extinguir" no deja de ser una promesa cuando ocupa una frontera codiciada. Total: a los estamentos más civilizados y profesionales de la ínclita raza blanca también les gusta inconfesadamente que se mueran los números primeros de su escalafón... De todo lo cual se deduce que los feroces y salvajes son los motilones.

Pero ahora han ocurrido revelaciones extraordinarias. Unos investigadores del Consejo Indigenista venezolano han volado muy bajo, casi peinando aquellas selvas, en helicóptero. Como vieron que los motilones hacían gestos más de asombro que de irritación, algunos se aventuran a pisar tierra. Los motilones les miraron con respeto y no les hicieron daño. No cabe duda que los motilones han razonado del modo limpio y elemental que corresponde a seres atados a la impresión de los sentidos. Por tierra ya han recibido demasiadas balas. Un puro. instinto conservador les hace saludar con flechas a los peatones. Pero el peatón blanco se disimula gloriosamente si desciende por los aires. Incluso un miembro del Consejo Indigenista bajando desde el cielo cobra cierta apariencia de arcángel. La raza blanca había perdido su puesto porque no sabía ya aparecer por la vertical del prestigio sino por la horizontes de la codicia. Los sociólogos deben de anotar esta conclusión interesante a favor del descendimiento aéreo y prestigioso. La falta de estilo del trato democrático y científica de las cosas la jubilación de cetros, mantos, himnos y aparatos pone en mucho peligro la autoridad. Los médicos de aldea, o los funcionarios del Seguro que tienen que habérselas con zonas de población todavía un poco "motilonas", saben de sobra lo que ha perdido el médico al recetar puros específicos, y el farmacéutico al expenderlos en unos establecimientos que, cada vez más, van adquiriendo semblante de tiendas o mercerías. Al "motilón", ingenuamente civilizado, de la aldea, le conmueve la fórmula mágica de la "receta" cuyos letrucas ininteligibles son obedecidos, luego, en la rebotica con manipulaciones de polvos, líquidos y almireces. Mahoma fue bien ladino cuando convirtió en ceremonias religiosas las más elementales necesidades higiénicas de un pueblo sensual: la dieta la convirtió en Ramadán; la limpieza, en ablución. Es peligroso haber perdido tanto en complicación y ceremonia. No es que ya se pueda Volver atrás y se pueda pedir que el presidente de los Estados Unidos cambie su chaqueta gris por púrpuras y armiños. Pero todavía podía intentarse que los alcaldes designados gubernativamente para Villaconejos descendieran a la plaza del pueblo en paracaídas, para que luego sus multas se aceptaran por los ciudadanos con un rendimiento más piadoso y sacramental.

Pero no veo que esta enmienda y moraleja aparezca muy clara en los antropólogos indigenistas descendiendo sobre los motilones. Al ver su mansedumbre, se ha insinuado una teoría económica de su legendaria ferocidad. Se ha propuesto la explicación de que ello sea "mito" y engaño creado por los negociantes blancos interesados en hacer inaccesibles aquellas tierras a posibles competidores.

El truco y juego no tiene demasiada novedad en la historia. Y hay quien explicó el mito de la Atlántida y su hundimiento como una argucia comercial inventada para que las naves de los comerciantes focenses no se aventuraran más allá de las columnas de Hércules. Allí pusieron los fenicios "non plus ultra", como se pone "prohibido el paso" en el pestillo de una huerta para que no nos roben los tomates. Es el mismo juego psicológico por el que todos los pegujaleros andaluces dicen que muerde, aunque no muerda, el perro de su fínquita. Suiza es el último esfuerzo de defensa desesperada de una tierra con "slogans" de paz: "Nadie entre porque somos neutrales, pacíficos y civilizados." No sé si acabarán por arrepentirse de no haber propagado la noticia de que los suizos se merendaban por las buenas a todo el que se aventurara a poner el pie en sus valles.

Pero no sé si esta explicación económica y optimista de la pretendida ferocidad "motilona" puede poner a los blancos, científicos y positivistas, en un deslizante camino peligroso. Ya algún diario ha pronunciado la palabra "democracia". Descender en helicóptero de las nubes para predicar "democracia" es como montar un tinglado de magia para enseñar en seguida la trampa. Tiemblo de ver en la mente de algunos un próximo "parlamento motilón" tan eficaz como el del Congo. No puede bajar el arcángel San Gabriel para "anunciar." el parlamento o el laisismo. Por eso lo han hecho mejor los dos capuchinos — españoles, naturalmente — que, después de arrojar regalos y chucherías en paquetes que llevaban sus retratos, se han tirado ellos mismos en paracaídas sobre los motilones. Los capuchinos llevan el nombre de su pueblo de origen. Estos se llamarán gloriosamente Fray Cual de Aránzazu, o Fray Tal de Tordesillas.

El descenso por los aires de un" capuchino, con nombre tan rotundo y barba tan cumplida, es lo más parecido que puede fabricarse a una aparición del propio Padre Eterno.

Ahora todo lo espero del ímpetu misional español.

Estos tienen una larga tradición detrás aprenderán el idioma. Harán su gramática, condenarán al blanco de las balas. Insinuarán palabras de amor. No buscarán su extinción, sino su sanidad... Y puede que triunfen. Porque eso de bajar en helicóptero o en paracaídas no es más que una alegría, que el "motilón" acepta dócilmente porque la refiere a otros descensos desde más alto desde el Cielo y desde Dios.

José María PEMAN

de la Real Academia Española.

 

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