Autor: Casariego y Fernández-Noriega, Jesús Evaristo. 
   Engels, fundador del marxismo, enjuicia la revolución española     
 
 ABC.    13/05/1961.  Páginas: 2. Párrafos: 14. 

ENGELS, FUNDADOR DEL MARXISMO, ENJUICIA LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA

Por J. E. CASARIEGO

FRIEDRICH—don Federico—Engels es una de las mentes más agudas e inquisidoras del marxismo. El marxismo, sobre todo en el terreno de la acción fundacional, le debe tanto como al propio Marx. Durante muchos años Engels fue el apóstol más dinámico de la nueva doctrina que pretendía revolucionar al inundo, acabar con el cristianismo y establecer una sociedad distinta sobre las bases de un materialismo económico, racionalista y seudocientifico. Como es natural, una empresa de tal volumen y trascendencia humana, tenia que encontrar —y encontró—, desde el primer momento, enormes resistencias y discrepancias fundamentales. En el propio campo revolucionarlo los planes marxengelinos, metódicamente calculados y dogmáticos chocaron con la mentalidad romántica, exaltada e improvisadora, de los anarquistas que se contaban en los extremos Sur y Norte de Europa (españoles, Italianos, rusos), y se agrupaban en torno a la figura de Bakunin. Y entre marxistas y bakuninistas se mantuvo durante gran parte de la segunda mitad del siglo XIX una feroz lucha a muerte. Tal ludia dio lugar a una interesante dialéctica que giró principalmente alrededor de dos ejemplos históricos: la Comuna de París de 1871 y la Revolución española de 1873, revolución hispana que trajo la primera república con los consiguientes tres inseparables compañeros que la república lleva siempre a España: la anarquía, el caos y la guerra civil.

No voy a ocuparme ahora de los juicios de Engels sobre la Comuna parisiense, pero sí a recordar lo que el colaborador de Marx escribió sobre los desdichados sucesos que nos trajo a los españoles la primera mozuela del gorro frigio, con sus precedentes, qué son la retórica revolución de 1868 y la ilegítima monarquía pegadiza de don Amadeo I. Baste decir que aquel "pandemónium" dio lugar, entre otras calamidades, nada menos que a tres guerras civiles simultáneas: la de Cuba por la independencia de la isla; la de los cantonales por la república, anarcocomunista y la carlista por la restauración de la monarquía tradicional. Tal situación fue magistralmente descrita en esta pincelada del Inmortal Pérez Galdós; "España era una inmensa pira a la que todos los españoles llevaban combustible, mientras que el Gobierno (de la República) se dedicaba a soplar sobre las llamas..." Tal caos creo que no tiene precedente en ningún país, pero sí tuvo repetición en el nuestro con la segunda república, la cual terminó con otro "pandemonium" en el que, por cierto, poco tuvieron que ver los republicanos, pues la función liquidadora estuvo a cargo de comunistas, monárquicos, falangistas, carlistas, anarquistas, socialistas y otros "Istas" de no menos agallas. Como dijo certeramente el insigne Marañón, aquello fue una pelea a muerte "entre dos bandos igualmente antiliberales, de los que triunfó el que tenía mayor tradición nacional..." Pero volvamos a don Federico Engels.

Engels publicó en "Der Volkstaat" en 1873 una interesante serie de artículos, que constituyen un "informe" desde el punto de vista marxista, acerca de la revolución española cantonalista que, como se sabe, había estado manejada por los anarcocomunistas de Bakunin. Aquella revolución fue un sangriento fracaso no exento de perfiles grotescos. Pues bien: Engéls cargó todas las culpas sobre los bakuninistas, y condensó su opinión sobre ellos en la conclusión quinta de su "Informe", que dice así: "En una palabra, los bakuninistas nos acaban de dar en España un perfecto ejemplo de como no se debe hacer una revolución."

Todo este "Informe" engeliano (unas ocho mil palabras) es una diatriba constante contra Bakunin y los Anarquistas. Y asi dice de los hakuninistas españoles: "De esta, vergonzosa revolución (la de la primera República española) no nos interesan más que los actos aún más vergonzosos de los anarquistas bakuninistas... En vez de luchar para conseguir el Poder político para la clase obrera, han ayudado a que lo consiguiese una fracción de la burguesía compuesta de aventureros, ambiciosos y ansiosos de cargos, que son los republicanos españoles." .

Engels conocía, bien las realidades politicas y psicológicas de España. Hay un párrafo del "Informe" en el que literalmente escribe: "Cuando se proclamó la República, en lebrero de 1873, los revolucionarlos de la Internacional se encontraron en una situación delicada. Por su organización industrial y social, España no se presentaba muy favorable para la inmediata emancipación del proletariado.

Era necesario preparar varias etapas. La República en España ofrecía y sigue ofreciendo la posibilidad de acelerar esas etapas y eliminar los obstáculos que se oponen a nuestro triunfo.".

Me parece interesante hacer resaltar este párrafo del fundador del comunismo, (párrafo que tuvo, sigue teniendo y tendrá siempre una gran actualidad en España y en otros países. En España, por dos veces, la República democrática no fue ni podía ser un régimen estable "per se", como en otras naciones, sino un puente que conducía a la revolución comunista y la dictadura del proletariano. A eso iba la República en 1873, a eso fue en 1931 y a eso iría cuantas veces se Intentase repetir el ensayo. Claro está que una cosa es esa realidad histérica, demostrada por los hechos y la experiencia, y otra la buena fe, la ingenuidad con que una y otra vez nuestros liberales y demócratas se prestan a repetir la prueba, que no en vano es el

hombre el animal que menos escarmienta en cabeza ajena... y en la propia. NI el .caso de Rusia en 1917, con el crédulo Kerensky, ni el reciéntisimo y Vivo de Cuba escarmienta a una burguesía que se empeña en suicidarse frente a la "realidad tangible y operante del comunismo", y que tal vez lo va a conseguir!.

Don Federico Engels no oculta que una República laica, corruptora de los valores morales tradicionales de España, liberal en su economía y con libertad para airear e imponer demagógicamente las doctrinas roas disolventes, es el "desiderátum" del comunsimo. Por un lado afloja Jerarquías y vínculos morales, por .otro fomenta la explotación natural del capitalismo liberal. La conjunción de ambas fuerzas, una negativa y otra positiva, conduce á sociedades como la española fatalmente al marxismo. Por eso no hay que olvidar que en la segunda República se produjeron simultáneamente el divorcio, el separatismo, la enseñanza atea, la quema de conventos y templos y al mismo teimpo la cifra más alta de parados que jamás tuvo el país, y que ni republicanos ni socialistas demostraron Interés en realizar una auténtica obra de mejoramiento social, ya que se limitaron a conservar la legislación heredada de la Monarquía. Las jubilaciones obreras, las vacaciones y todos los días del año plagados con carácter general; el Seguro de Enfermedad, el salario familiar y demás ventajas no fueron jamás dados por la República, a la que los propios marxistas consideraban no como fin, sino como tránsito para la definitiva revolución proletaria.

Al hablar de ios nombres de la primera República dice Engels: "Entre los republicanos oficiales Pi y Margall era el único de tendencias socialistas, que aceptó la necesidad de fundir la República,en el proletariado... Castelar y sus amigos eran puros retóricos, que se asustaban de las consecuencias de una revolución proletaria."

Por mi parte creo que no es muy exacto eso de presentar a santón laico de Pi como un comunistófilo, pero sí me parece que Engels tenía sus motivos para considerarlo como lo que luego se llamó "un compañero de viaje". Engels se limita a Pi porque desconocía en los momentos de redactar su "Informe" el discurso parlamentario que Salmerón (otro de los santones laicos que fueron presidentes de la República) pronunció en 1872 en defensa de los derechos de la Internacional comunista a hacer su revolución.

Todos estos problemas de anarquistas-comunistas y de comunistas-marxistas, y sus relaciones "tácticas" con la burguesía demoliberal, fueron tratados ampliamente en el Congreso Internacional de La Haya de 1872, en el que los marxistas pusieron a Bakunin como un trapo. En ese Congreso figuraba Pablo Lafargue, casado con una hija de don Carlos Marx, en calidad de • representante en la sección marxista de Madrid. Los incidentes de esta Internacional de La Haya son sumamente curiosos e interesantes. Si la burguesía demoliberal no hubiese sido siempre tan ciega para ver los peligros que le amenazan y no representase ella misma una contradicción histórica, una etapa efímera en la historia del mundo, habría podido «prender muchas cosas. Pero estaba y continúa estando dejada de la mano dé Dios y Dios ciega siempre a los que quiere perder. Sobre este congreso se ha publicado recientemente un libro muy completó de datos documentales y muy pobre de crítica: "The First International. Minutes of The Hageu Congress of 1872 with related documents, edited and translafed by Hans Gerth, The University of Wincosín Press. Madison, 1958."

Otros escritos de Engels sobre España son: 1. Artículo ."Ejército Español", .para el "Putnam´s Magazine" norteamericano, en diciembre de 1855.

II. .Artículos "Badajoz" y "Bidásoa" (batallas), redactados para los tomos II y m de la "New American Cyclopedia", en 1858.

III. Tres artículos titulados "The moorish war" (La guerra morisca), para el "New York Daily Tribune", en enero, febrero y marzo de 1860, sobre la campaña de O´Donnell en el norte de Marruecos.

IV. El ya comentado "Informe sobre la revolución española de 1873", que se reimprimió en 1894 con una nota previa del autor. Y eso es todo lo que la historia de España le debe a don Federico Engels.

J. E. C.

 

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