Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   Meterse con...     
 
 ABC.    23/08/1960.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

TRADO DE INFORM ACIÓN GENERAL-

A B C

TRÁDO DE INFORM AC IONGENERAL

FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

METERSE CON...

LA civilización; como la moral, cambia más que de grado o cantidad, de calidad o matiz. Los pecados del siglo dieciséis o los del siglo veinte, al peso, vienen a pesar lo mismo. Son como los caramelos; los mismos kilos de pecado, pero con distintos papeles y envolturas. Se peca tanto, pero de otro modo.

Lo mismo en la moral y costumbres de diálogo y convivencia. Así, por ejemplo, la polémica. En sustancia los hombres han pensado siempre de modos distintos, han expresado sus disconformidades y han polemizado. Hasta el siglo dieciocho, esto, como toda función intelectual, discurría en ,un área minoritaria.

Los literatos o escritores o políticos polemizaban entre sí, sin gran audiencia publica. Así lo que se perdía en extensión se ganaba en punzante agresividad. Los selectos, por lo mismo que estaban todos metidos en un corto espacio acotado, como un "ring", se destrozaban mutuamente. El "odium theplogtcum" ha quedado como expresión del malhumor hiriente de los profesionales de la más especulativa y pacífica de las disciplinas. Luego esto fue heredado por todos los gremios intelectuales que heredaron la posición minoritaria que "clérigo". Se podría hablar del "odio metafísico", del "odio poético", del "odio científico". "El odio se ha refugiado en la revista de asiriología", decía Eugenio d´Ors, refiriéndose a la exacerbación que la pasión polémica suele sufrir - en relación "al ámbito rnás reducido y especializado de los contendientes. Parece que dos eruditos franceses polemizaron sobre la cesura de la sílaba cuarta del endecasílabo. Llegaron al duelo: y uno de ellos murió en defensa de la cesura de la sílaba cuarta. También hubo el "odio gramático". Tan agudo ha sido éste que ha dado sustancia a todos los modismos que significan puntualización meticulosa: "poner los purítos sobre las fes"; referir "con puntos y comas".

Parece como si la puntuación y la ortografía sólo se sintieran plenamente correctas y exactas al ser servidas "contra otro".Y, sin embargo, yo no sé qué vago tufillo de ternura percibe en esos odios gremiales y minoritarios. Siempre he sospechado que a los poetas e intelectuales que suelen ponerse verdes entre sí, les gusta, de todos modos, mucho más hablar, unos con otros qué no con los cocheross fontaneros o fumistas. El vocabulario de las polémicas clásicas, precisamente por tratarse de proyectiles de radio corto, era feroz. "El asno erudito" fue el título de un folletito de Forne contra Iriarte en famosa polémica. Estébanez Calderón obsequio a Gallardo con su famoso endecasílabo "cuco, caco, faquín", bibliopirata". La polémica entre lopistas y gongoristas fue salvaje y absolutamente personalista. Góngora se burlaba de las torres que Lope se había inventado para su escudo. Quevedo le llamaba "perro" a Góngora ; y todo terminó con aquel despreciativo soneto en el que Lope se compara con el. altivo lebrel que, desdeñando, los perrillos que le ladraban, "alzó la pata, remojó la esquina y por medio se fue su paso a paso"... Todo esto es feroz: pero a mi, no sé por qué, acaso "por la cercanía de los contendientes, me parece difícil distinguir lo que estos encuentros personales tenían de abrazo o de "llave" de "judo". El asno, perro, caco y faquín entre dos bibliófilos se me azucara a mí como el dulce y cariñoso "hijo de tal" de los criollos.

Ahora todo es distinto. La civilización y la educación han pasado esponjas sobre el vocabulario. La discrepancia polémica se adorna de moñas convencionales: "mi ilustre amigo", el "insigne escritor"; pero lo que desinfla la mejor educación léxica lo vuelve a inflar la rotunda acentuación. de los medios de publicidad. Ahora la cultura es audivisual, y la polémica, trasladada a la radio y la televisión, adquiere el relieve de una escritura "braille" para el tacto tosco de las muchedumbres. No me atrevería yo a decir que con esto gane en dulzura y moderación el diálogo humano. Cien selectos del gremio sabían en el siglo dieciocho que Forner había llamado a Iriarte "asno erudito". Ahora le.hubiera llamado por la radio "mi ilustre y querido amigo". Pero habría medio millón de personas que percibiendo al tacto el relieve cortante bajo la mecánica adjetivación, sacarían su resumen "¡Cómo ha puesto, por la radio, Forner a Iriarte!"... Casi era preferible ser "asno" para cien iniciados y colegas.

Porque esta elástica distensión de la matería intelectual, al ser radiada o televisada, pasa de ser una construcción dialéctica a diluirse en un bloque de postura humana, qué tiene su expresión hecha en estos modismos: "meterse con Fulano", "poner verde a Zutano". Es el relieve "braille" de la sustancia ideológica. La masa no percibe el argumento, el reparo, el matiz: a la masa se le da una, posición indefinida y tajante de "pro" o "contra" sin mayor articulación dialéctica. "Meterse con" es la expresión de un saldo, de un resumen pasional, como el de los espectadores que percibén el "cine" como un vago radicalismo de "buenos" y "malos". Los que, acaso de buena fe, trasladan a los medios de: expansión mecánica y audivisual sus ¡exquisitas construcciones intelectuales, no se dan cuenta de que Jos entregan, como racimos de uvas, a una presión que sacará de ellas un jugo enloquecedor. Eos argumentos, los matices, los distingos, todo se cohexiona y sintetiza en ese resumen elemental e impuro: "¿Has oído?... En la televisión se han metido con fulano." Si le preguntamos qué dijeron, (difícilmente podrí puntualizarlo. Lo que queda flotando en la superficie es esa espuma picante que satisface la sed popular: "se han metido". Todo esto implica en sí un desfondamiento de la altura intelectual de la comunicación humana. Es la sustitución de lo dialéctico por lo patético. Pero también tienen sus ventajas. El "meterse con" tiene una fugacidad, una intrascendencia superficial, que no tenía la lenta y penetrante argumentación escolástica y racional. Puede que no hubiera habido Reforma protestante si entonces hubiera existido la ensanchadora y disolvente radiodifusión. Acaso se hubiera quedado todo en el comentario . de unas cuantas tardes: "¿Ha visto?.... Lutero sé ha metido con el Papa."

Todo esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes. El mundo está roto como nunca en, dogmas, doctrinas, filosofías y. razones contradictorias. ^Pero todas- estas fuerzas de excéntrica ´disgregación, mental no logran su postrera eficacia catastrófica porque, sobre las mayorías que trabajan, negocian, van y vienen, apenas actúa más que la difusa convicción de que hay unos cuantos señores importantes que casi todos los días "se meten, unos con otros´"... .¿Dónde "se meten"? Eso es lo que nadie sabe. Se "mete juntos, por no sé qué puerta falsa, hacia´ un reino vago, gaseoso y profesional, en el que el vulgo sospecha que, en. definitiva, están todos de acuerdo. • "Séneca" me lo decía alguna vez.

Créamelo usted, don José... "Mete uno con otro" es un modo de pasar juntos a un reservado.

José Maria PEMAN

 

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