Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   El "Seneca" y lo listos que somos     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 8. 

DIARIO ILUSTRADO DE IN FORMACIÓN G E N E R A L

ABC

DIARIO ILU STRADO D E I NF O R M A C I ON

G E N E R A L

FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

ÉL «SÉNECA» Y LOS LISTOS QUE SOMOS

DON José, ¡qué, listos somos los españoles!

Sacó el "Séneca" su pañuelo de yerbas y limpió el cristal único de sus gafas de alambre. Se me quedó mirando, con sus ojillos fruncidos. Hay personas que cuando se quitan las gafas siguen aludiendo a ellas con sus esforzados ojos desconcertados. Se ve que no son personas que no usan gafas, sino personas que se han quitado las gafas. Yo también lo miré con fijeza. Sabía que aquella exclamación no podía ser entendida con un pleno y confiado sentido apologético. Sabía qué Detrás de aquella "listura" quedaba un mundo de reservas reticentes.

Medité. "Listo" me parece que es un típico italianismo. "Lesto" es adjetivo impregnado de sutileza mediterránea Adjetiva a los maleteros del muelle y á los botones del hotel, que todo lo saben, lo encuentran y lo resuelven. "Estar listo" para salir, para jugar a la pelota o para resolver un tema, es estar preparado para aquello. "Ser listo" es estar preparado difusa y entitativamente para todo. Es un modo de rehuir cualquier específica preparación. Por. eso la "listura" se fabrica, en definitiva, con muchas cantidades negativas. Ser "listo" puede ser un modo de no estudiar, de no tener carrera, ni genialidad, ni perseverancia. Por eso "se pasa uno de listo", cosa que difícilmente ocurre con otras calidades más reposadas y clásicas. La listura es como un autodidactismo "suficiente" que releva de mucha Cultura, y aun implica cierto desdén hacia el esfuerzo estudioso. Del listo se dice que "se las sabe todas" con lo que se revela lo poquito que creemos que basta saber. También se dice del toro marrajo y marrullero que "sabe latín". Con lo que se comprende que, dado ese resultado,, los padres no sean demasiado entusiastas del bachillerato humanístico.

Pero ya el "Séneca" empezaba a desvelar su aserto:

—Somos tan listos que tiramos siempre por la trocha en vez de ir por el camino real. Contestamos antes que acaben de preguntarnos. Suponemos antes de tener todos los datos. Las vemos venir. Sentimos crecer la yerba. En fin, una serie de cosas que ahorran mucho estudio. Al fin y al cabo, el cante flamenco ¿qué es sino el canto de los listos que no saben solfeo?... Yo, don José, tengo un sobrinito tan listo qué ha sacado diez en los exámenes trimestrales de la escuela. Resolvió los tres problemas. Uno lo copió; el otro se lo dijo un compañero. El tercero, lo

adivinó. Sí, don José, lo adivinó. Era un enredo de datos para sacar el tanto por ciento a que Juan había prestado una cantidad. Mi sobrinito puso en seguida: diez por ciento... Sabía que el maestro hace pequeños favores a ese interés.

Vamos; tú crees, "Séneca", que la listura es un modo de no trabajar.

—Y de muchas cosas más. De sacarle a todo la rebaja, el salidero. Un sistema tributario puede ser obra del talento. Pero el pago del impuesto es siempre obra de la listura. Cuando viajo en el "tren corto" que va a Utrera, yo veo que la mayor parte de los viajeros, en vez de sacar su billete, sacan mil cosas raras: unas carteritas, unos cuadernillos, unos, "saludas", unos tarjetonés. "¿Qué son todos ésos?", me preguntó un día mi sobrino. Le contesté: "Son listos"..: Y eso es lo que son. Por ahí dicen que. sé castigan mucho las trampas; que se toma en serio la palabra de honor, la declaración jurada. También se lee que toman en serio las votaciones, los discursos, los derechos. Todo esto se lee en los periódicos. Pero ¡ a nosotros no nos la pegan! En todo eso anda la envidia para que nosotros no levantemos cabeza. Mi compadre Braulio veía en un diario una "foto" americana en la que un candidato, después de una votación, estrechaba la mano del rival vencido. Braulio me guiñaba: " ¡ Sabe Dios el billetón que le estará soltando con disimulo!"

Luego el "Séneca" me susurro suavemente :

—Ahora mismo, don José, era gracioso ver a los listos viendo en la televisión o en, las revistas la boda esa tan preciosa de Bruselas. Les gustaba, pero se quedaban fuera de todo aquel jolgorio: uniformes, carrozas, multitudes, flores, pañuelos. Una película muy bonita para verla. Pero somos demasiado listos para tomarla del todo en serio. Algunos la veían con tanto entusiasmo que parecían republicanos:

—¿Republicanos?

—Sí, don José. ¿Usted no recuerda, en nuestra juventud, cómo se les caía la baba a los alcaldes franceses cuando iban a París o Burdeos los reyes de Inglaterra o España, o el Kaiser? Los republicanos son aficionadísimos a los reyes, Les gustan sin compromiso.

-¿Y-tú?

—Yo no soy listo, don José. Soy un hombre sencillo. Yo me dejo coger en las ideas claras y las emociones primitivas. A mi me encantaba todo lo de la boda. Para mí, como en un buen partido de fútbol, todo era un tanto positiva. Las españolas, poniendo el mingo de gracia y elegancia. La duquesita de Alba, quitándole a los belgas el susto de su abuelo. La embajada extraordinaria, representada -por la guapura y la morenez más típicas de la raza, y por una simpatía de chico abierto que podía dedicarse nada más que a ser simpático y pasarlo bien, y también! se dedica a dar conferencias y hacer operaciones en el quirófano. Unos príncipes de .España que .se ganaban todas las sonrisas que se le negaron al abuelo Don Felipe. ¿Por qué no alegrarse de "todo, esto en bloque? ¿Por qué echar a pelear unos con otros? ¿Es que no podemos darle a éste sino quitándole a aquél?

—¡ Si todo ´el mundo pensara como tú!

—¡ Si fueran tan poco listos como yo! Toda mi filosofía, don José, es que las cosas—la vida, la política, las ideas las llevamos como en un gran lio o hatillo de lona. Para que no se derramen hay que cerrar el lío con tres o cuatro nudos apretados. Bastos y elementales, pero apretados. Yo le tengo echado a mis amores y pensamientos esos nudos: Dios, el buen orden, el rey, la verdad, la justicia. Hay que techar los edificios para que no se lluevan. Y esas son tais tejas, cocidas en el horno de mis abuelos. Pero me .da miedo de tanta sonrisa, de tanta listura; de tanto "no". Estudiantesque "se las saben todas" obreros que "las ven venir", escritores que dicen "a mí no me la dan". Y esa inmensa seguridad de que a nosotros no nos la pegan esos ingenuos y envidiosos ingleses, belgas, holandeses. suecos, con sus leyes, sus reyes y sus tolerancias.,. Somos tan listos, tan listos, que a lo mejor vamos a hacer una gran tontería.

José María PEMAN

 

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