Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   Los "pisotenientes"     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 8. 

DIARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN

GENERAL

A B C

DÍARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN

GENERAL

FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

LOS “PISOTENIENTES”

EL vuelo es una operación tan neutra e indefinida como el propio aire que cruza. No significa nada mientras no se conoce su punto de destino. Poco más o menos lo mismo vuela una gaviota, que una cigüeña, que un ruiseñor: como, vuela lo mismo el avión que va a La Habana que el que va a Valencia. Es la pista de aterrizaje la que da sentido al vuelo; como al pájaro le da nombre y definición el sitio de posarse: la torre, el olivar, el mar o el río, nos aseguran la cigüeña, el tordo, la gaviota o la gallareta.

Lo mismo en el hombre. Cabría intentar una sociología nueva que sería como una "historia natural," vista desde el ángulo de los puntos de aterrizaje. También los hombres, vistos desde lejos, como los pájaros en la celeste luz bobalicona, parecen idénticos: pero luego se diferencian por su instinto para posarse. Hay hombres que van a posarse inevitablemente en los escalafones públicos o en las oficinas de la administración; otros que se posan en las novias ricas; otros, hombres cigüeñas, que acaban siempre anidando en las torres del poder; otros que aterrizan siempre en los baldíos de la vida irregular. Tradicionalmente el instinto, que se ha considerado como más depurado y radical, es el que lleva al hombre a posarse en una finca. El "terrateniente",, grande o chico, es el pájaro más fundacional y conservador de la sociedad humana.

Basta repasar ligeramente el álbum de estampas de la- historia para percatarse de que los grupos humanos qué más correosamente se han afianzado en la vida y resistido al tiempo son los que tenían una base agrícola, y se fundaban sobre una buena bandada de pájaros de esos, con instinto de tierra. La madre Roma, más que por los guerreros del Eneidas aparece fundada y sostenida por los labradores y colmeneros de las Geórgicas. Sus grandes poetas, Virgilio y Horacio, bajo su aparato épico o mitológico, tienen almas de peritos agrícolas. Sus grandes familias se llamaron los Fabios, por las excelentes habas que criaban; o los Léntulos, por sus famosas lentejas. Basta ver que uno de los pueblos más inteligentes de la tierra, Israel, tradicionalmente. considerádo como esencia del desarraigo, la trashumancia y los valores mobiliarios, .no bien le ha sido concedido un parvo pedazo de tierra, lo primero que ha hecho es agarrarse a él con las grapas de un plan rabioso de asentamiento agrario. Israel es hoy el ansioso beso de cine que el errante le da a la tierra recobrada... Y lo mismo las potencias que suenan como más estridentemente industriales: ni se concibe Inglaterra sin prado y humedad; ni Francia sin la pequeña propiedad lograda por Colbert y; Turgot; ni la cinemática y estridente Norteamérica sin la vaca y el vaso de leché.

Pero ocurre que el "poseer la tierra" es una operación de mal sonido y exceso de visibilidad. Al terrateniente se le ve poseer: mucho más que se le ve al bolsista o al intermediario. La Bolsa sube y baja en una mañana, y se pueden estar ordeñando sus beneficios," desde lejos, mientras uno se afeita o toma café. Pero el algodón y el trigo crecen lentamente, con descaro e impertinencia, a la orilla de la vía férrea por donde viajan los políticos o los literatos, inclinados a la generalización brillante. Los refranes y los modismos que no son casi nunca exactos, suelen decir escépticamente: "¿Quién le pone puertas al campo?". Y la verdad es que al campo es a lo que más fácilmente se le ponen puertas, y aun alambradas. A lo que no se le ponen con igual facilidad es a las sociedades anónimas, a los Bancos, a los dividendos o a los gastos de representación.

Todo esto ha producido una literatura fácil del • "terrateniente". Literatura parecida a la que harían despectivamente desde sus torres altas, sus espumas movedizas o sus TÍOS fluyentes, cigüeñas, gaviotas o ánades, acerca de los tordos y pardillos que se posan en las anchas sementeras. Desde el "Miau" de Pérez Caldos se ha hecho mucha novelística de oficinistas, cesantes y jubilados, hasta los proletarios actuales de las sórdidas bohardillas. Apenas algunos valientes "andaluces sonoros", como los hermanos Cuevas o Manuel Halcón, se han atrevido a hacer novelas de "terratenientes", que resultan tener, como cualquier criatura de Dios, pasiones, amores, pecados o heroísmos perfectamente novelables.

Pero lo rnás excitante es ver la marcha gráfica y ondulatoria de ese fenómeno social. .La sociología brillante y agresiva es muchas veces un fenómeno « de literatura romántica. Y lo " paradójico es que el romanticismo es un fenómeno de ricos, de clases acomodadas. Casi todos los grandes románticos ingleses, como Keats, Shelly o Byron, eran, terratenientes que murieran por Italia o Grecia, donde se gastaban sus rentas hablando de libertad y revolución social.

De este modo se hizo en el mundo una ´ conciencia puntiaguda, y seguramente inevitable, contra la dase "terrateniente". Pero las leyes ondulatorias de la marcha social son de una incansable monotonía. Los voceros de esas posturas agresivas han ido, poco a poco, coagulando la nueva sociedad, en núcleos resistentes y conservadores. Han ido formando una "nueva clase" de la ornitología social, con un nuevo instinto que acaba siempre posándose en un piso. El "piso"—inquietud, rencor y meta de toda una generación ha venido a tomar el sitio del cortijo o la finca de ayer. Los progresistas y aun demagogos de ayer viven contentos, prolongan por inercia sus romanticismos demagógicos, y no se dan cuenta de que están, petrificando la nueva clase conservadora de los "pisoténientes".

No se dan cuenta de que presionándoles las espaldas se dibuja ya una última curva generacional ¡esta sí que es una "nouvelle -vague" auténtica!— formada por los que no tienen: todavía piso, ni oposición ganada, ni escalafón despejado. La longevidad y los antibióticos están, obturando los pisos y caminos de la ola fresca y reciente qué se dibuja ya en la playa social. Los "pisotenientes" empiezan ya a perfilarse con figura de víctimas futuras. ´Ellos se creen todavía revolucionarios porque prolongan sus románticas peroratas sociológicas, y no se dan cuenta de que son ellos los instalados, los colocados, los refugiados cómo el reúma en esos nodulos y articulaciones que, tarde o temprano, acaban siempre doliéndole a ese sistema nervioso dé la sociedad que es su red literaria e ideológica. En un cortijo ayer, en un piso hoy, el instalado es siempre el escándala del, fluido social. No se hagan ilusiones Haciendo revoluciones desde puestos privilegiados o asentamientos estables se encuentra cualquiera, de la noche a la mañana, convertido en "clase conservadora".

Porque ya el jovencito que va a visitar al político, al catedrático, al director de revista, al empresario, en demanda de favor para sus oposiciones, colocación o estudios, en cuanto es recibido en una salita con una radio y medio divisa un comedor con tres bandejas, baja las escaleras diciendo :¡ Latifundista!

José María PEMAN

de la Real Academia Española

 

< Volver