Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   El dolor de Julio     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DIARIO ILUS-TRADO DE 1NFORMACIÓN GENERAL

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EL DOLOR DE JULIO

NO creo que deba dejarse acabar el mes de julio sin extender una mirada conmovida y melancólica sobre su silencioso drama y dolor. Las leyes de Enseñanza escogieron con malignidad estratégica los mismos meses de la cosecha para los exámenes. Así se disimula más. Los niños y los jovencitos caen suspendidos al pie de los silos rebosantes y de las montañas de remolacha. La Prensa hace a bombo y platillo las cuentas exultantes de la cosecha, pero se calla las aranzadas y fanegas de niños totalrnente perdidas. En. los casinos, el propietario orondo hace su cuenta: "este año me sale el trigo a veintidós." Estas cifras galanas v sonoras ahogan la menuda cuenta que se trasmiten las madres, por aquellos mismos días, al salir de la iglesia: "El mío, cinco"; "pues el mío, siete"... Son los "cates"´, son las cifras que´ arrojan esos pedregosos minifundios que son los niños: esas difíciles cosechas. docentes apabulladas, cada julio, por los cortijos de Ecija y Utrera.

Y toda esta desolación, estas maduras espigas lastimadas y perdidas por ese pedrisco de última hora que son los exámenes, son bastante más que un dolor privado o doméstico. También en la docencia es verdad que donde la cosecha se pierde se cría la mala hierba. Todo problema o todo dolor se socializa. Antes el enfermo era un sujeto paciente que recibía un papel misterioso y cabalístico que era la "receta". Ahora es un ser activo que aconseja al médico, y que cuando lo llama, tiene ya en el cuerpo varios millones de unidades de antibióticos que él se ha recetado. Todo el mundo es médico. Del mismo modo todas las madres son. un poco, - consejeras de Educación Nacional. Opinan sobre el valor educativo del latín y de las dinastías chinas. Y sin variar de tono díplo-ran que la doncella les pida treinta duros más y que a los niños en "quinto de bachiller" les pidan "cálculo infinitesimal". hay tertulia en la que la relatividad de Einstein suena con un rencor infinito al lado del precio de los limones.

No se miden bien, los rebotes morales e íntimos de estas pequeñeces. No se sabe bien toda la crianza de amargas pasiones que puede engendrar el trance de revelarle a la novia que este año tampoco "ha salido" que se lo han cargado. El dolor no tiene por qué ser justo. Por mucho tiempo se creyeron los despojados que los duques españoles criaban toros bravos, en vez de trigo, en los cortijos. Ahora creen los suspendidos que los ríos de Bolivia están puestos en el programa para ahogarlos a ellos Pero con estas creencias pasionales se fabrica rencor social. Puede ser que en un café la Policía esté vigilando aquella mesa donde se reparten hojitas clandestinas, o aquella otra donde se cuentan esos chistes en los que interviene San Pedro y un par de ministros. Y no se fijan en cambio en la mesita idílica donde una pareja de novios beben limonada: y es allí donde está granando rnás revolución. Porque él le está comunicando a ella que se lo han cargado porque le preguntaron arteramente la letra chica que se había dicho que "no se daba": y los dos están pensando en una especie de fantástica "letra chica" que apostilla toda la vida social para uso de especuladores, ociosos y capitalistas. Cuento y fantasía, pero que entre un "me quieres" y un "amor mío" —que todavía se dicen, aunque no se pongan en el teatro va criando mucho desamor: que queda a la espera de cualquier formulación agresiva: "Cateados del mundo, unios."

Porque ocurre que, refinada y terriblemente, este problema del "año perdido" es generalmente el problema de los buenos. Se hace mucha literatura de cómo el vicio y la inmoralidad crían revolución. Pero no se para mientes en la implacable revolución que cría la virtud: los que quieren casarse como lo manda la Santa Madre Iglesia. Es demasiado sencillo adjudicar a la cuenta de la corrupción moderna esas formas llamativas del amor que se usan por esas calles: los "novios bolsos" que cuelgan del brazo; los "novios bufanda" que cuelgan del cuello. Esos no suelen ser viciosos: suelen ser los que quieren casarse... pero están esperando el aprobado. Toman de su novia un hombro o un brazo porque no les dio más el catedrático de Analítica. Son la manifestación revolucionaria y pacífica de esa angustiosa zona vacía que queda entre la incitación erótica, hoy tan temprana, y la instalación, social hoy tan tardía. La media sobre la pierna de apetitoso palo en el escaparate o el cartel con las ofrendas físicas de Sofía Loren llegan mucho antes que el último año de la Escuela de Ingenieros.

Líbreme Dios de que nadie piense que hilvano con esto un artículo sobre el "problema" de la enseñanza. Cuando a una cosa se le nombre siempre como problema, es porque lo es en su esencia —como el amor la vida, el pensamiento y la mayor tontería que puede hacerse es buscarle, así en singular y concreto, "una solución". Lo que yo. hago es amontonar encargos y denuncias de detalles humanos que servirán para aliviarlo. Porque algo tiene que andar mal para que el "estudiante"—ese estamento que pasó a la literatura clásica unido a centelleantes escenas de jolgorio y alegría se considere ahora, por el mundo como sujeto de malestar, angustia, opinión o revolución. Un político cubano escribía hace tiempo: "Los estudiantes opinan desde demasiado temprano." Yo insinúo si no será que "estudian hasta demasiado tarde".

Ni por asomo niego su parte ¿e verdad a los que aseguran que todo se resuma en que la vida exige mayor rigor de formación. Pero también es verdad que hay una cierta quiebra de la humildad intelectual. Los objetivos intelectuales—para un libro o para un titulo profesional son ahora desaforados. A mi me ha impresionado siempre el humildísimo propósito de que nació el "Quijote". Antonio Machado decía que hoy no se lo hubiera propuesto sino algún libretista cómico: parodiar un género subalterno como eran los libros de caballería. Algo asi como el que, comercial y populacheramente, se propusiera hoy parodiar las novelas policíacas. Y sin embargo de tan modesto proyecto salió el libro inmortal. ¿Salen muchos "Quijotes" de esos desaforados prospectos y declaraciones donde los autores nos revelan hoy que se han propuesto presentar el problema del hombre frente al tiempo objetivo o la soledad individual frente a la libido y la pasión de poder?

__Me temo que esta desmedida elevación de punterías alcanza también a la vida docente: y que se quieren hacer profesionales, con tanto énfasis cerno se hacen los libros. A mí me inquieta ver que la palabra "pedante" significa originariamente el profesor que iba a la casa a enseñar ¿1 niño. Tiene la misma raiz etimológica que "pediatría": medicina del niño. El "pedante" fue originalmente simple maestro del niño. Fue el niño, sin duda, el primero que lo careó de sentido peyorativo al advertir una reveladora desproporción entre lo que a él le interesaba saber y aquel señor que venía a colgar "haches" inútiles de las palabras y ríos misteriosos de la memoria.

Claro que los niños no tenían la razón última: pero ¿no tenían una vaga razón primera al advertir esa desproporción?; ¿no se les da más técnica e información que sabiduría? Porque en Grecia o en la Biblia la sabiduría tiene una plenitud de solución vital que yo no sé si ha sido sustituida ;Qué es lo que enseña ahora a ser prudente, moderado, constante: sabio? Basta pensar que la Iglesia aplica traslaticiamente todo lo que la sabiduría dice de sí misma, en su libro, a la Virgen María. No creo que cabría apurarle a la dulce Señora lo que un catedrático dice hoy de la "importancia de su asignatura"

Repito que no es éste un artículo técnico. Es por la espalda de los montones exuberantes de trigo v remolacha, una .mirada melancólica a las parvas gavillas de los aprobados de julio... ¿Cuándo sera este mes, en alguna futura isla utópica, no el mes de los exámenes y los cates, sino el mes de la sabiduría?

José María PEMAN

de la Real Academia Española

 

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