Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   Otra vez Ginebra     
 
 ABC.    04/06/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

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FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

OTRA VEZ GINEBRA

LOS "grandes", no del todo grandes, es decir, los ministros, del Exterior están otra vez reunidos en Ginebra. El mundo asiste a las sesiones como se asiste a tantas bodas de rumbo, murmurando detrás de la guirnalda de calas y azucenas tras la que cruza el cortejo nupcial: "Veremos como sale esto."

De todos modos es conmovedor que Europa tenga, como colgado del pecho ese ,lindo guardapelo—Suiza—dónde conserva ciertas grandes palabras—Paz, Libertad, Diplomacia—, como los laicos cabellos muertos de una mujer amada un día. Realmente estas bellas palabras ginebrinas son como una evocación de la "Belle époque" europea: el siglo dieciocho bastante rebosado sobre el siglo diecinueve. Según el filósofo de Básilea, Karl Joe, el siglo dieciocho se caracteriza por lo que él llama "la helvetización de, Europa". Pestalozzi o Rousseau difundieron sobre todo el continente su fe indefinida en la educación del hombre. Haller y Gessner empezaron el romanticismo con su concepto idílico de la Naturaleza. Todo respira en Ginebra sencillez y "naturismo".

La Naturaleza tiene allí más importancia que los hombre. La democracia helvética es una creación del paisaje, la montaña, el pasto y la leche; obedecida luego por los filósofos. Suiza sigue siendo el decorado de. las grandes conversaciones internacionales porque se espera que allí los grandes hombres se contagien un poco de la impasibilidad de los Alpes y la mansedumbre de las vacas.

A mí me parece, pues,excelente que se siga insistiendo en buscar al lago Leman como. "piscina probática" para las enfermedades "del universo. Al cabo lo que se trata de concluir allí es un "trato" bastante parecido a la venta de un burro: y no cabe duda de que, probablemente, allí, rodeado de hoteles y relojerías, hasta un gitano vendería un burro con menos peligro de truco, vocerío y hasta puñaladas, que no en Un feria meridional, rodeado ,de sol y vino. Lo que me parece de bobos es que la "democracia" que allí se respira,que allí en Suiza se ha quedado inmóvil y medio calcinada, como un avión que se hubiera caído, hace años, en los alpes, sea. traducida por ciertos espíritus todavía decimonónicos y radicales, corrió un mecanismo exterior compendiado en una enumeración funcional de idolillos verbales: .sufragio universal, Parlamento, libertad de reunión, de huelga, de expresión. Codificar de este modo ese vapor de democracia que en Suiza se respira es como "pasteurizar" la leche de sus vacas. Es demasiado simplismo querer meter en unas matemáticas institucionales ese efluvio de prado, vaca, educación, cortesía de conserje, exactitud de relojero aburrimiento de pastor, que agitado por Gullermo Tell, "barman" del suave "coktail", se llama Suiza y su democracia.

Si no fuera así, y su expresión cierta fueran esos idolillos legales y constitucionales Ginebra arrojaría, corno a los mercaderes del templo, a los grandes no del todo grandes, que ahora están en ella. ¿Qué sufragio universal ni qué debate parlamentario hay en aquellas sesiones? Lo primero que pidieron los protagonistas de ellas fue una mesa redonda más grande y dos mesitas más, chicas. Convengamos que no montaban una escenografía de Parlamento o ahora, sino de bar o café de provincias. No le "ponían piso" a la Democracia, sino al conciliábulo. Iban a resolver entre unos cuantos grandes cosas que le afectan a grandes y pequeños. Iban a proponer cambalaches inmensos—Berlín contra Pekín, control atómico contra fronteras tales, etc.—con menos publicidad que se cambia en un mercado público un acordeón por un paraguas. Pues, ¿y los comunicados? Después de estar reunidos varías horas todos, de ir a tomar el té el inglés con el ruso, y de almorzar el americano con el francés, escriben un papelito para la humanidad, que dice: "Los señores ministros se han ocupado de las cuestiones internacionales candentes.".Parece que Pero Grullo es el "portavoz" de las grandes entrevistas diplomáticas. Porque esto es como si el "marcador" de las apuestas mutuas ante el público voraz que quiere saber lo que pasa en Barcelona trasmitiera : "En San Mames, los dos equipos están jugando al fútbol." O como si ante la cola afanosa que aguarda el resultado de la Lotería se expendiera un lacónico boletín: "El premio gordo ha tocado, en un número que pasa de la unidad y no llega al millón."

Es bastante tonto hablar de "democracia" como ritual institucional y legal cuando las cosas más gigantescas y de escala universal se tratan en saloncitos, almuerzos, visitas y comunicados que no comunican nada. Nada ha variado más el curso de la época que la bomba pavorosa de Hiroshima. Y sin embargo, cuando se tiró, apenas sabían lo que aquello era seis o doce personas, entre las cuales no estaba ni el que la tiró. Pero ni siquiera hay que remitirse a los hechos. La vacuidad de esas idolatrías y .ritualismos en que algunos cifran la Democracia está ya desmentida en los libros mismos. Es en los pretendidos tiempos tiránicos y autocráticos cuando Santo Tomás, Suá-rez, Belarmino o Vitoria escribían aquellas descomunales geografías del Poder, donde éste se localizaba con rigor cartográfico, e iba de Dios al pueblo y, al Rey y a las Cortes, como un curso de río. Ahora, en la más famosa y ejemplar de las Democracias América se escribe sobre el Poder un libro como el de Wright Mills, cuyos capítulos, analizando con sentido realista y descriptivo los órganos del auténtico poder de los Estados Unidos, o sea el que de verdad "puede", se titulan: "los muy ricos"; las "celebridades", las "sociedades anónimas"; las "cien familias"; , los "cuatrocientos de Nueva York". Antes un Tratado de Derecho Político parecía un libro de filosofía, ahora parece casi una comedia de costumbres. Pero por lo que más importa todo esto ,es porque nosotros, españoles, somos mal mirados en punto a "democracia" por toda esa política universal que se resuelve en mesitas, cenas y visitas. Da rabia. Porque bien mirado, las escenas del "Guillermo Tell", de Schiller—escenas de valle, aire libre y pastores levantiscos—, en las que se ve nacer la democracia suiza, a lo que más se parecen es a muchas escenas de Lope de Vega: bodas, bailes y fiestas, interrumpidas por.los abusos del señor y rematadas por la bravia sublevación del pueblo. España, que nació en los campamentos,, sin feudalismo, capitaneada nada más qué por los Reyes, tiene unos fundamentos democráticos de altivez pastoril bastante parecidos a los de Suiza. Por eso, porque no había más que pueblo y Rey, sin oligarquía intermedia, España fue el primer país que cerró su constitución en Estado unitario. Y como el pueblo puede chillar y alborotar, pero no resolver las cosas fundamentales, fué la primera en inventar esas malicias absolutistas que sortean la resolución democrática y que suelen atribuirse a Maqúiavelo. Este lo que hizo fue escribir esas artes: lo cual—revelar la trampa—es lo menos "maquiavélico" que puede hacerse. Los verdaderamente maquiavélicos fueron sus modelos españoles: Fernando el Católico o César Borgia, que inauguraron ese modo "ginebrino" de hacer política precisamente porque se sentían presionados por el desorden democrático.

Es lástima que teniendo éste bravo fundamento, tan suizo, de democracia, lo echemos luego a perder por cuatro apariencias. Porque el mundo juzga de la Democracia corno de la simpatía: por un efluvio; por media docena de gestos... Y nosotros no acabamos de entender que la Democracia consiste en dejar que veinte millones de personas se desahoguen diciéndole cosas a seis señores, con tal de que luego esos seis, sin que los otros se enteren, tiren una bomba en Hiroshima o cambien Berlín por Pekín.

José María PEMAN de la Real Academia Española´

 

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