Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   La familia     
 
 ABC.    14/02/1959.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

A B C

FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

LA F AM I L I A

SEGUN las leyes fundaméntales de España esta es, por definición, una Monarquía tradicional. El general ministro don Camilo Alonso, dijo recientemente, con muchas claridad, que el que no se sintiese ´´monárquico" no estaba dentro de los principios del Movimiento español.

Pero la verdadera doctrina de una Monarquía tradicional no se cifra en esa pieza única: un Rey Una Monarquía no ES un sombrero, sino todo un vestido. No es un pasí que tiene encima un Rey, sino un país que es todo el una Monarquía.

Por eso todo el que así piense recibe como bien venido el "Congreso de la Familia española", que se va a celebrar en Madrid. La Monarquía tradicional significa, ante todo la recomposición de las sociedades natural intermedias que enlazan el individuo con el Estado; y que la Revolución arrasó, dejando que ese páramo intermedio fuese ocupado por unas entidades artificiales, que son los partidos políticos. Recomponer el perfil y la orografía auténtica de la sociedad es hacerle su paisaje a una Monarquía. Si no se recompone todo eso individuo, familia, municipio, corporación—, la Monarquía se muere por, exceso de sitio: es pura autocracia. Si Ocupan ese espacio los partidos, la Monarquía se muere por falta de sitio por ahogo constitucional.

No hay más partido, legítimo que el que se ocupe en hacer esta reconstrucción, pata acabar él al acabarla. Tan "único" es que no es "partido", puesto que no "parte" peras con nadie: sino movimiento, dinámica, actuante. Como no escribo matemáticas puras, sino hago realismo constructivo desprecio decimales, y hasta admito esa anfibología de que tal tarea se llame una Revolución: dando así mismo nombre al movimiento que terraplenó la sociedad y al que ha de recomponer su perfil.

De esa labor reconstructora algo se ha logrado ya en el Municipio aunque seguramente le quedan anchas posibilidades a su descentralización. Más todavía en la Corporación. El sindicalismo español, con todos sus defectos y necesidades de retoque, es un entramado de realidades humanas con el que ya habrá que contar siempre. Sigo despreciando decimales en bien de la matemática útil y constructiva. Ni el nombre "sindicato" me molesta. Cierto que los escritores tradicionalistas hablaron del "gremio" con los ojos en blanco, durante un siglo. Pero con los ojos en blanco se ve mal la tierra. Y todo se quedó en inconcreta especulación, a cuya sustancia han dado cuerpo y dureza algunas gentes que en si sindicalismo han puesto pasión creadora.

Admitamos que hasta el nombre debe respetarse, porque se lo han ganado.

Pero toda esta orografía que se va recomponiendo, es como estribación de las máximas cimas que a su espalda son madres de ese relieve: el individuo y la familia. Es esto lo que da radicalidad humana a una organización social. El munícipe o el sindicalista son portadores ante el Estado de mensajes y alegaciones que, antes, han de poner en sus manos los beneficiarios reales de todo bienestar que no son sino los hombres y las mujeres.

Por eso el anunciado Congreso ha de encararse con la recuperación social de la familia española: con la gran novedad de ocuparse de ésta con un total enfoque político y jurídico. Una rutina desistida nos hacía creer que una asamblea congregada bajo el rótulo de la Familia era algo que iba a ocuparse de los residuos morales y docentes que el Estado le dejaba a ésta como por misericordia. El "padre de familia" en congregación venía a ser como un ser inconsistente, jefe de unos hijos que iban a unos cines o playas que les preocupaban, y estudiaban un bachillerato que los cateaba. Parecía inadvertida toda esa abertura que la familia tiene hacia el derecho público: por la que algunos profesores la consideran como sujeto de un derecho intermedio entre el público y el privado. La prueba es que cuando se concede, como en nuestro Municipio, representación a los "cabeza de familia", se tiene la sensación de haber arbitrado un recurso para reducir y organizar un sufragio individualista, pero de ningún modo haber logrado unos auténticos "representantes" de ninguna entidad con vida propia, económica y social.

Porque la verdad es que corno las construcciones legales duran más que los regímenes que las crean, en esta hora de aspiraciones sociales la familia sigue nutriendose de la sustancia individualista y liberal del código napoleónico. Menos mal que ti amor v la moral siguen supliendo en ella una unidad orgánica jurídicamente inexistente, como la caridad ha venido supliendo tantas veces la justicia social. Hay por esos pueblos montones de hijos "sosteniendo" madres, y padres ayudando hijos que suplen con un entramado de amor la inexistencia de ese patrimonio familiar irrompible e inembargable que la ley no proporciona. El "callejeo" que dispersa la -familia es algo más que una falla costumbrista o moral: es reflejo de una organización que de la calle espera mucho más que de la casa. Los seguros sociales tienen que suplir todo lo que no asegura la familia. El futuro Congreso tendrá que encararse con una familia que se sostiene "a pesar". Las tres cuartas partes de lo que el Código Civil dice de la familia me temo que es letra muerta y aburguesada-Creo que pueden registrarse las notarías sin encontrar apenas capitulaciones matrimoniales o hipotecas dótales. En cambio, ahí están esbozados en el derecho foral colorista y folklórico esos heredamientos y troncalidades apretados; esa fuertes viudas .provistas de modos de continuidad : esas familias que no navegan a la deriva, sometidas al azar catastrófico de cada defunción y cada mayoría de edad. Robustecer la familia será hacer sociedad y Monarquía tradicional. Pero nadie se haga ilusión de que en esta reconquista del paisaje social, hacia atrás, trinchera tras trinchera, no queda aún la última cota, raíz de todo el sistema: la persona. Porque con la persona la Revolución hizo algo peor que con los demás núcleos sociales: no la arrasó, la reinventó. Hizo al "ciudadano" más ladeado, como ya dice el nombre, de la parte de la "ciudad" que de la de su alma y pensamiento. Lo que hasta el Estado llegue por cauces sindicales, municipales y aun familiares será comida fría sí no se ha calentado en el horno del espíritu creador de la persona humane. De esa que.

Ahora el mundo tiene envuelta en un gigantesco celofán de engaño, anuncio," propaganda mediocridad. Los poderosos compran "cadenas" de periódicos: los Estados totalitarios amartillan cadenas de coacción. No se le niega ya a la persona el juicio, sino la "información". No la totalización del problema, sino el planteamiento. No es ya el chico al que se le prohíbe salir de casa por la noche. Es el niño, menor al que se engaña diciéndole que se ha perdido la llave.

Saludo, pues, al Congreso de la Familia en sí mismo. Y aún más en tu dinámica y espíritu de recuperación de la verdad.

José María PEMAN

de la Real Academia Española

 

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