Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   Calderilla ideológica     
 
 ABC.    20/09/1960.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

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FUNDADO EN 1805 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

CALDERILLA IDEOLÓGICA

MI única fuerza está en mis modestas inferioridades. El "sentido común", por "común" precisamente, no puede ser patrimonio de los seres excepcionales. Hay colosales filósofos, políticos, poetas, que apenas tienen sentido común. Les pasa como, a los multimillonarios que, generalmente, no llevan dinero en el bolsillo. Los acaudalados de las ideas no disponen muchas veces, de momento, de calderilla para pagarse ese tranvía de la pequeña circulación intelectual que es la evidencia. Yo me aferró a mis simplicidades establecidas. Sin mayor complicación, me gustan el "Quijote", Murillo, las bandas de música, el Real Madrid, Luis Miguel y "Pinito del Oro".

Con igual falta de complicación, aprecio, por cima de muchas doctrinas políticas, el "orden público". Me entretienen mucho las grandes ideologías sutiles y complicadas de la : vida pública, pero me gusta antes que nada que no me peguen tiros por la calle. Me temo que hay muchos que no aprecian esto debidamente y lo dan por descontado. Son como esos médicos intelectualistas que redactan planes dé, vida y medicación cargados de ciencia, sin contar con la cantidad de salud que es necesaria para soportar esas medicinas y ése plan. La juventud, sobre todo, no ha conocido lo que es "vivir, como vivimos un día en España, en plena inseguridad y desorden. Son a veces "existencialistas", pero no le sacan a su existencialismo el mejor jugo que tiene, que es su regreso a lo concreto y vivo. Para dejarse la barba y repudiar todas las normas, lo primero que se necesita es "existir". Y sin orden público se "existe"de modo bastante problemático.

Lo más limpiamente existencial me parece a mí, pues, que. es elaborar los principios del derecho político a partir del "orden público", o sea de la relativa posibilidad dé andar vivo por las calles. Este es el cero del termómetro de la vida pública. Esa vida no tiene calor sino sobre ese cero.

Pero, esto no es proclamar la divinización de la Policía como institución única dé la nación. El orden policíaco, una de las técnicas más difíciles de un país, es eficaz únicamente para el, desorden físico. Pero hay desórdenes mentales que no puede reprimir la Policía. Como las escoltas que rodeaban a los príncipes o presidentes en el pasado siglo del ánarquismo militante no podían evitar el magnicidio qué consumaba el fanático, que en seguida se suicidaba. El suicida es el único ser para el que, es ineficaz la pena de muerte.

El "orden público" tiene que contar con la -agresión de aquellos impulsos primarios y que tienen, la misma ceguera que el apetito genésico. Ya he comparado alguna vez. esos impulsos, con el del amante que dice: "Me escapo con Luisita, aunque sé que -es una barbaridad." Lo más que puede argüírsele a éste para que no se escape es decirle que es una barbaridad: pero este argumento es inútil porque él empieza por admitirlo. Por eso mismo no hay hada tan peligroso para el orden público como aquellos impulsos primarios que comienzan por descontar y justificar su propio desorden. ¿Cuáles son éstos?..., Son, fundamentalmente, dos: dos, un tanto contradictorios, congos qué hay que contar .siempre, y cuyo equilibrio y armonía es fundamental para todo orden. Basta pasear la vista por el panorama mundial para localizar esos dos impulsos.

El primero es el de la reforma social. La seguridad de que hay que modificar la distribución actual, de bienes es tan absoluta, que a nombre de ella se rompe a menudo todo orden, se consuman violencias, muertes, campos de concentración, y se paralizan las reacciones represivas de todo esto. Ahora mismo, en Costa Rica, los que han sido tan expeditivos en condenar a Trujillo, que no aparece corno específicamente "social", han andado premiosos y vacilantes con Castro, más violento acaso que aquél, pero con perfume social y multitudinario. Hasta la Iglesia, para objetar el régimen castrista, tiene que comenzar prolongando su documento condenatorio con una serie de reservas: "aplaudimos esto" "aplaudimos lo otro". Hay como un "¿qué dirán?" que pone sordina a toda cólera humana en cuanto anda por medio la bandera, de lo social. Y todo el que discuta sobre cualquier cosa sabe lo que perjudica el ímpetu dialéctico una concesión inicial En el "trató" de un cambio de mulos en un casino andaluz, el que comienza por decir: "yo te concedo que tu mulo...", pierde, quinientas pesetas del precio.

Los países liberales pierden siempre ésa primera complacencia frente a los sociales. Todos estamos enamorados de la justicia social. Y el marido que está enamorado de su mujer está mal situado contra ella, aunque contra ella tenga mil razones. La misma superioridad fundamental de los Estados Unidos, que fue la del secreto atómico, ¿por qué ha sido perdida ,en buena parte? Ellos mismos lo confesaban en reciente informe. Porque Rusia contó dentro de U. S. A. con complicidades ideológicas. El fanatismo social es un gas sutil que se nos mete por las rendijas de, nuestra propia casa y nos ataca por la espalda cuando creemos estarle naciendo frente.

Pero hay un segundo impulsó, tan ciego y genésico como éste, que es el de la libertad. Este también se mete por las rendijas, por su espiritual fluidez, y conspira por la espalda de los que, en servicio de lo social, lo atacan o constriñen. El alzamiento temerario, y heroico de Hungría no fue un alzamiento de hambre, ni de arruinados o perjudicados por un modo económico; fue una sublevación de libertades y dignidades maltratadas; dé estudiantes., escritores, idealistas: de algo tan humano que al conocerse en París los primeros telegramas, la juventud parisina asaltó la sede del partido comunista. Y por unas horas se improvisó una cierta "internacional ´de la libertad".

Me parece que todo esto diseña unas cuantas vulgaridades bastante concretas. Ni lo social puede estar tranquilo si se deja a la espalda una libertad insatisfecha, ni lo liberal puede estabilizarse si lo social se queda inatendido en la retaguardia. Todo ataque liberal a un régimen socializado ha de empezar por advertir que "respetará las conquistas sociales del contrario". Todo ataque social a un régimen liberalizante tiene que asegurar que "respetará la libertad y dignidad del individuo". ¿No se encontrará el modo feliz de equilibrar estos dos respetos? Creo que debería ser una adquisición al alcance de cualquier calderilla mental. Habría que decir a los hombres como Epicteto: "Que cada uno de vosotros considere como la mayor desgracia morir ,en la ignorancia de esta maravilla clara y elemental."

José María PEMAN

de la, Real Academia Española

 

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