Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   Al César lo que es del César     
 
 ABC.    03/03/1962.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

DIARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN GENERAL

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DIARIO I L U S . TRADO DE INFORMACIÓN

TUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA CE TENA

AL CESAR LO OUE ES DEL CESAR

ES evidente que la Organización de las Naciones Unidas tiene la ventaja de mostrarnos a escala y volumen centuplicados los peligros, errores o fallos técnicos de un parlamentarismo inorgánico. Es como un Parlamento visto con cristal de aumento, con sus microbios y bacterias—igualdad de voto, predominio de lo pasional, política de pasillos—agrandados y descarados ante un colosal microscopio.

Hace poco, en un pleno de las Naciones Unidas, ocurrió, al pie de la letra, este episodio que conozco por relato del propio protagonista, buen amigo mío. Mi amigo, que no tiene nada que ver con la Organización, tenia curiosidad deportiva por asistir a una sesión pública. Un delegado sudamericano, muy su amigo, le proporcionó el modo: lo deslizó, con él, en el salón, y lo sentó a su lado en uno de los tres o cuatro sitiales, vacíos aquella tarde, que, tras el letrero que la localizaba, estaban previstos para la Delegación de su país. Mi amigo, convertido en supuesto delegado sudamericano, presenció el divertido espectáculo: dialogaban razas y colores, culturas y pensamientos. Mí amigo empezaba a desentenderse del .zumbido verbal cuando surgió en la presidencia una orden imperativa "votación" Mi amigo miró con horror a su vera: ocupaba solo la Delegación de su imaginario y adoptivo país; el delegado se había ausentado de puntillas, sin duda impulsado por alguna urgencia natural que todavía, a pesar de los desgarrados estilos inaugurados por los zapatos soviéticos, no es uso evacuar en el propio salón. La campanilla del presidente despertó a su vecino de puesto: otro delegado de otro mínimo país americano. Este había dormido apaciblemente durante una hora. Preguntó a mi amigo. "Colega, ¿qué hay que votar?" Mi amigo, que se había distraído haciendo consideraciones generales ajerias a los concretos discursos, lo sabía tanto como su vecino e improvisó su consigna: "Vote que sí"; y el "sí" ganó aquella tarde la votación, suplementaria con dos votos convencionales el del intrusismo y el de la somnolencia.

Yo creo que esta colosal experiencia, con escala mundial y descarada exhibición, del parlamentarismo está teniendo muy higiénicas consecuencias. Hace ochenta años, el "parlamentarismo" al modo británico era como el traje de etiqueta para el gran baile de la civilización. Las invitaciones para la convivencia internacional decían en una esquina: "Parlamento y elecciones", como decían "frac y condecoraciones" las invitaciones a una boda importante. Cánovas del Castillo se pasó la vida fabricando instituciones en las que no creía, como sus contemporáneas se la pasaron poniéndose sombreros • que no les gustaban, para dar satisfacción respectivamente a Londres y a París. Pero en esta altura de los tiempos este espejismo se desvanece. Los mismos ingleses empiezan a comprender que lo que ocurría es que a ellos les iba el Parlamento tan bien como a los aragoneses la jota: pero esto no quiere decir que la Humanidad toda deba tener Parlamento, como no parece razonable que toda ella baile la jota. Los sajones y escandinavos estaban física, imaginativa y verbalmente construidos al milímetro para la función parlamentaria. Son pueblos que suelen vestirse de gris: y si pudieran expelerían, como rebajados calamares, un tinte gris sobre cuanto les rodea. Han inventado incluso una forma de elocuencia que consiste en tartamudear, torpear y ser antielocuentes.

El orador ingles habla como disculpándose de hablar y pidiendo perdón de que los demás estén callados. Los suecos, por su parte, suelen terminar sus brindis —que han de ser forzosamente humorísticos—avisando que en una salita contigua espera a los comensales una pequeña "sorpresa". La sorpresa es siempre el café. Hace un siglo que los suecos vienen sorprendiéndose convencional y alegremente de que esté servido el café en el gabinete de al lado. Ya se comprenderá que sobre esas bases psicológicas y estilísticas es fácil montar un Parlamento. Pero ahora, con el cristal de aumento universalista, los sajones están comprobando que la mayoría de la Humanidad tiene otros criterios sobre la congregación y el coloquio. En la gran Asamblea predomina el misticismo, la grandilocuencia y el grito. Por un Pitt hay veinte Castelares. El mismo Kennedy, que asistió a una sesión, pronunció un discurso que fue calificado de "poético" Los británicos empiezan a pensar que para que el gran Parlamento universal fuera viable era preciso que todo el mundo fuese inglés... Cosa que no ha podido lograrse, aunque por ellos no ha quedado. Y. sin embargo, ¿es del todo ineficaz o perjudicial el gran espectáculo parlamentario universal? Yo creo que desde el gran viraje renacentista de la política, con Nicolás Machiavelo, hay una mecánica laica y eportunista en la gobernación de los pueblos, que pretende adecentarse con alusiones a lo bueno c ideal. La hipocresía decía Metterních—es un homenaje que la mentira rinde a la verdad. Asesinar al prójimo en una esquina es siempre más desmoralizador que montar un proceso convencional para fusilarlo, porque el proceso es un pequeño homenaje que se rinde al derecho. El gran arte de la política maquiavélica y .sajona es montar un sistema de alusiones, apariencias y sucedáneas de las grandes verdades y virtudes. Desde el Renacimiento a aquí, nadie se libró de eso. Las elecciones y los Parlamentos son una alusión al supuesto de que todos intervienen y todos se gobiernan á sí mismos: falso supuesto, en su última verdad, pero tan conmovedor como una buena representación teatral. Los que son antiparlamentarios y antielectorales acaban montando manifestaciones que, en definitiva, son igualmente alusivos a totalidades siempre físicamente inabarcables. Es como cuando los cronistas de sociedad hablan del "tout París" o del "todo Madrid". Nunca está todo. Tampoco cuando se habla de "todo el pueblo". De un modo o de otro desde que se rompió el modo patriarcal, familiar; municipal y gremial de vivir la política, se vive en pura "representación". Representación que creemos política, y que, en definitiva, es teatral. No sé si esto de la hipocresía es el modo único como puede vivir lo real utilitario que conserva un cierto respeto hacia lo ideal superior. En definitiva, los Estados, tal como se crearon, con poca base social, a partir del XVI, son muy tenuemente "entes morales". Los Estados no enferman, no cogen pulmonías, ni van al Cielo o al Infierno. Al dar al César lo que es del César se le da un margen amplio de practicísrno eficaz.

Claro que para que se dé a Dios lo que es de Dios, el César debería darle culto tendido. Por eso cuando, hace poco, en un episodio —en el que líbreme Dios de entrar ni salir—se hacía la requisitoria de habilidades y amoralidades de un gran país, yo creo que igual hubiese podido hacerse de cualquier otro la contabilidad de Gibraltares; Malvino; perjurios a lo Francisco I; princesas de los Ursinos; repartos de Polonias o Marruecos, es inacabable para todas las grandes Potencias. Nosotros mismos estuvimos a pique de coger esa vía. No olvidemos que los modelos vivos de Nicolás Machiavelo fueron dos españoles: Fernando el Católico y César Borja. Luego, es cierto, el rebote de la Contrarreforma nos hizo enarbolar tina ostentosa bandera de Moral. Eso i es muy loable. Pero rio debe llevarnos hasta el "virtuosismo", más que virtud, que dedicarnos a herir especúlatevamente al país más dotado de medios de todas clases para la empresa común y occidental en que todos andamos metidos.

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios: quiere decir que hemos de resignarnos a que los Césares no sean del todo divinos: y evitar que Dios sea de ningún modo, cesáreo.

José María PEMAN

de la Real Academia Española

 

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