Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   Felicidad y fortuna     
 
 ABC.    10/03/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

DIARIO ILUS-TRABO BE INFORMACIÓN GENERAL

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FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

DIARIO I LUSTRADO DE INFORMACIÓN GENERAL

FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

FELICIDAD Y FORTUNA

PROMETÍ acabar mi ligero comentario so bre las tres ruidosas _ conferencias que Arnold J. Toynbee ha dado en la Universidad de Puerto Rico-hablando de la tercera, en que se ocupo de la presencia de los Estados Unidos en el Sur.

Toynbee no les había apretado el coraron a los países sudamericanos en sus dos conferencias anteriores. Les vino a decir que poseian una cosa muy importante: grandes masas subdesarrolladas. Esto es como poseer mucha tierra cultivable o ríos aprovechables, con torrenteras. LO malo es ser una "minoría" subdesarrollada. En los grandes países ricos, donde se forman per momento esas inmensas zonas medias con alto nivel, televisión, nevera y coche, y en las que el obrero, el patrono y el ingeniero se visten casi igual, no queda sitio más que para una pequeñísima rebosadura de millonarios que excede por un lado de la apisonadora, y otra leve viruta de subdesarrollados—mendigos, parados, inferiores—que, en cifras de seis a ocho por ciento, rebosan por el otro lado. Pero en la ingeniería del colosalismo se desprecian los decimales. Lo malo es cuando los decimales son personas. Se ve que Toynbee no tiene mucha solución que dar para esos excedentes miserables. Yo pienso si acaso ellos serán la clientela que siempre le quedará a la caridad. Porque no creo que ingresen también en el desempleo las hermanitas de los pobres.

Pero, en cambio, cuando se es, como América española, una inmensa sábana de demografía subdesarrollada, se es una fuerza en la actualidad, puesto que todo trabaja al hilo de su redención. Realmente el subdesarrollo es el que ahora lleva la iniciativa.

Por una tensión, pues, de actualidad viva, inevitable como una ley de pesantez de líquidos o gases, los Estados Unidos descienden hacia los países del Sur. ¿Torpemente? Con la torpeza, seguramente, con que se mueve todo gran volumen. Toynbee compara a la Unión con un gran perro danés que se entra en una sala. Sus intenciones son amistosas y trata de demostrarlo moviendo airosamente la cola. Lo malo es que, como el perro es demasiado grande, a! mover la cola rompe, sin querer, las sillas y vuelca las mesitas con floreros y porcelanas. Toynbee certifica que él, que ha visitado el Norte y hablado con muchos dirigentes, sabe que allí se dan cuenta de esto: de que ser un gigante es bueno para el negocio, pero malo para las relaciones públicas. Ahora, con esa buena fe pedagógica que los americanos ponen en las cosas más sutiles, estudian científicamente la virtud de "tacto". Codifican _sus leyes. Una gran compañía americana instalada en una República del Sur debe cuidar de que el automóvil del presidente de su Consejo de Administración no sea más largo que el del presidente de la República. Pero esto puede ser conmovedoramente ingenuo. El "tacto", por mucho que se codifique, es lo más difícil de camuflar. Es casi imposible que las manazas de un millonario tengan tacto de vicetiple o de niño lactante.

Pero Toynbee supera estas anécdota» y explica que esto no se remedia más que con dejarse de "tacto" y preocuparse por la Verdad. Se habla demasiado, en la ayuda americana, de "cómo´´, "cuándo" y "cuánto". Y lo que importa es "por qué". Los pueblos latinos son verdaderamente listos e intuitivos, y se dan cuenta, tarde o temprano, del espíritu e intención con que se les trata o se les protege. Hay que poner las cosas en linea de verdad. Más que tacto suave, intención noble. El millonario gigantón, antes de visitar el Sur, no debe llamar a la manicura, sino al filósofo, al sacerdote, al ideólogo; que le suministren, no su "cómo" habilidoso, sino su "porqué" auténtico y sincero.

Esto, según Toynbee, venía estando mal planteado. Pero ahora, el presidente Kennedy le ha solicitado buenos "porqués" a sus amigos los universitarios de Harvard, y éstos le han dado un gran "porqué" doctrinal y humanitario que implica una vuelta a los postulados fundacionales del país. Todo Imperio—entendiendo por tal una metrópoli en marcha y expansión—tiene que ser portador de un mensaje de enriquecimiento humano. Roma expandió el Derecho y la organización administrativa. España, el mensaje evangélico y la hermandad de razón. Inglaterra, ciertos modales y costumbres de civilización comercial. Claro, que cada uno atendía al mismo tiempo a su provecho. Pero mientras ellos, explotando la mina, buscando oro o vendiendo té, hacían su pequeño negocio, la Historia hacía su gran negocio espiritual y progresivo.

Ahora, los universitarios de Harvard, con cortedad racionalista y laica, pero con la flecha apuntando la buena dirección, le han. propuesto a Kennedy un relleno importante y trascendente para sus dólares de expansión. Hay que volver a la Declaración fundacional que dio al país sentido o color.

Ellos son hijos de la Revolución. Exportaron revolución política al mundo entero; ahora tendrán que exportar revolución social. "Los directivos americanos ha dicho Stevenson al oído de Kennedy—deben identificarse con las transformaciones justas y esenciales del mundo actual."

Pero aquí, la almendra del problema. Ese lenguaje hoy día como todo lenguaje que alude a una inevitable coyuntura histórica—es ínter-cambiable. Un socialista, un intelectual de Harvard, un social-cristiano y Fidel Castro, se prestan con facilidad las palabras y el vocabulario. "La cuestión es saber come concretar la implantación de la justicia social", dice Toynbee: que poco después, como se hace ahora a menudo, termina su conferencia diciendo que deja en el aire un signo de interrogación. Signo que, la verdad, me parece que hubiera tenido su lugar propio al principio de las tres conferencias mejor que no al final.

Pero los intelectuales se creer, con el extrañe derecho de acabar tres días de examen de un problema con una interrogación. Lo que ocurre es que Kennedy es un político y a los políticos, al día siguiente,_se les concede difícilmente ese derecho, Kennedy tendrá que escoger. Como una interrogación es muy difícil de mantener en su absoluta neutralidad aséptica, la verdad es que Toynbee, en el curso de sus charlas, aventura Unos cuantos indicios nada interrogantes: benevolencia para Fidel Castro; no hay que impresionarse de la palabra socialismo". El no tiene obligación de matizar mucho más, porque, como historiador, se limita a inventariar movimientos previstos y fatales, como quien espera en la playa la marea que sube Pero el político no puede esperar a mojarse los zapatos. "Todo está en saber si el presidente—dice un diario sudamericano—se va a decidir, a? movilizar su revolución y su "porqué", a acordarse de que es el primer presiden. te católico de la Unión." Porque ese adjetivo—católico—lo comparte, nos parece, el poderoso político con una cierta manera de doctrina social.

Pero Toynbte, viajero por el Sur, sediente un tanto desconcertado por otras informaciones. Toynbee se tropieza con imponderables sutiles que se quedan fuera de sus esquemas. Un día de mayo, en un pueblo de Perú, están las masas, en la plaza pública, celebrando una torva reunión política de programas y mejoras. En la misma plaza, mujeres, niños, ancianos y algunos hombres, están celebrando, en una capilla, el mes de María. De lo que a Toynbee no le queda duda es de que estos segundos están mucho más felices e implicados, con todo el ser, en lo que hacen. ¿Estaremos dejando fuera de los cálculos ese detalle: la Felicidad? "Y, pues, lo tenéis todo, falta una cosa... ¡Dios!", adivinó el genio de Rubén. ¡Qué gran tarea para él primer presidente católico remediar esa falta!

Porque los romanos consideraban que al lado de la voluble diosa Fortuna, con su rueda, existía, como oponente, la diosa Felicidad que representaban quieta, apoyada en una columna. Tovnbee, como historiador, es feligrés de la Fortuna y su movilidad. Perc queda la Felicidad, que se apoya en valores quietos, columnarios, eterno ¿De qué sirve jugar a la rueda de la Fortuna, si el premio gordo la Felicidad—se queda fuera de sus casilleros?

José María PEMAN

De la Real Academia Española

 

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