Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   Discriminación     
 
 ABC.    15/10/1963.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC

DISCRIMINACIÓN

FSTAMOS en plena moda, de ebullición y polémica de la palabra "discriminación". Claro esta que la ha lanzado Estados Unidos, Para la mentalidad latina se hacen casi incomprensibles ciertas estampas recientes. El español recuerda haber visto desfilar tropas bajo su ventana, y embarcar en el tren o el vapor, con objetivos claros: iban a Cuba, a Melilla a. liberar el Alcázar. Uno no acaba de comprender cómo se puede ver una salida de tropas y mantener este diálogo;"—¿A dónde van?—Van a Michigan a lograr que se matricule un negro en la Universidad" Para nosotros esa y otras muchas cosas parecidas son inverosímiles. Los negros se matriculan en nuestra Universidad sin ninguna dificultad. Y con bastante poca, pueden incluso casarse con la hija de un catedrático.

Artiold Toynbee acaba de decirlo en Pensilvania: "Los católicos de lengua española y portuguesa no se contentan con comer y beber con los indígenas que convierten, sino que se casan con ellos. ¡Dios los bendiga! Si la raza humana llega un día a fundirse en una familia única se le deberá a ellos, no a nosotros,"

Lo que ocurre es que cuando una palabra o "cuestión disputada" alcanza relieve de moda, engendra mil confusiones. Las Naciones Unidas hacen una de esas declaraciones, casi pontificias, que tanto le gustan, condenando toda discriminación. El delegado ruso tiene la desfachatez de acusar a España de " discriminado-ra". El español Temboury te contesta muy gallardamente que ellos—los rusos—son los discrirninadores. Efectivamente en toda la administración rosa no hay un solo judío, ni tártaros ni mongol, ni kurdo, ni kamulko: a pesar de haber en Rusia todas estas razas. Nosotros, en cambio, vivimos de un planteamiento económico— la desamortización que nos hizo un judío, Mendizábal; tuvimos generales filipinos; financieros mestizos; usamos Ministerios en los que vascos, valencianos y catalanes ponen su sabiduría económica, al lado de las ordinarias cajas de reclutamiento de políticos hispanos, que son Galicia, Córdoba y Málaga: sin que nos privemos tampoco de las pinceladas africanas tan decorativas sobre el terciopelo rojo de las Cortes.

Pero todo esto no es más que el "primer año"—las primeras letras—del problema discriminativo.

Andrés Bilíy, que se ha ocupado del problema en Francia, ha recibido tai cantidad de correspondencia contradictoria, que el problema ha salido de la "encuesta", como ocurre a menudo, más problemático todavía. Unos le dicen que los franceses son expelentes y es imposible hacerse amigos; en el país. Otros le aseguran que son tantos los amigos que han logrado en Francia que vuelven periódicamente para visitarlo. Algunos franceses le aseguran que no es posible entenderse con los ingleses. Algunos ingleses, que se entienden con los franceses en Londres, pero que en París son insoportables. Un yugoslavo asegura qas se ha sentido "discriminado" por los franceses. Pero luego resulta que todo se explica, porque se entendió bien con las francesas. Entonces Andrés Billy ha pensado si no estaremos aplicando con demasiada cortedad mecánica el concepto de "discriminación", a razas y países: cuando la verdad es que el sumo valor circulatorio de la vida de relación humana es la psicología. Lo que existe, en realidad, en "todo país, es la discriminación de los antipáticos.

Yo me temo mucho que se hace «na sociología temeraria al atribuir cualidades genéricas a las razas y países basándose en unas insuficientes y casuísticas experiencias personales. No existen los ingleses, existe cada inglés. ¿Qué es Inglaterra: aquel ingles que por la mañana, en Jerez, andaba displicente "como en país conquistado" o aquel mismo que, por la tarde, después de visitar una bodega, toreó en una "tienta", piropeó a una muchacha y se comportó como "conquistado por el país"? ¿Qué es el español; aquel que preguntada por un francés dónde está la catedral, lo acompañó hasta ella, porque no tenía nada que hacer, o aquel que le dio una rápida indicación embrollada porque llegaba tarde a la oficina o tenia alguna necesidad urgente? La circunstancia fortuita es siempre mucho más que la pedantería generalizados de los sociólogos.

Una de las desorientaciones más corrientes, en la "discriminación" mental de los países es la de juzgar por los taxistas. Los extranjeros toman "taxis": y los taxistas de las grandes capitales están todos malhumorados y nerviosos. Hay apreciaciones sociológicas radicalmente distintas sobre España, según el sociólogo que ha paseado por Cádiz y Málaga en coche de caballo o ha cruzado la Gran Via a las doce de la mañana en "taxi". España, que es una nación hospitalaria en labios del cochero del Sur, puede convertirse en un país hirsuto en la boca de un "taxista" capítalicio que no tiene dónde aparcar y que está harto de discos y embotellamientos.

Uno que vive en. un puerto de mar posee un excelente observatorio para desengañaras sobre las arbitrariedades y convencionalismos de toda discriminación. Hablar con visitantes extranjeros es una desconcertante experiencia. Los franceses presumen de Napoleón, de De Gaulle o de Clemenceau, pero se ve muy claro que lo que siempre han deseado es mandar a los demás esos ejemplares heroicos para quitárselos de encima. No sucumben tan fácilmente como los ingleses al sol, al "folklore" o al tipismo: pero el gazpacho en verano y la paella en invierno les hace vacilar sobre el régimen. A los italianos les gustan muchas cosas de España, pero les da rabia de que les gusten tanto. Los ingleses son insoportables si hablan de Trafalgar donde saben que ganaron por derecho, y evasivos y humoristas hablando de Gibraltar: tema que les gusta esconder a la espalda como haciendo juegos de mano. Los belgas se indignan de que haya chiquillos pobres y todavía más de que parezcan estar tan contentos! ¿Y los americanos?

En esa misma conferencia de Toynbee disertó sobre el terrible "handicap" que es la riqueza, para el entendimiento humano. El hombre "muy rico´*i se encuentra distanciado del pueblo, por muy generoso que sea. Lo mismo los países. Yo he visto a un americano darle dieciocho duros a un limpiabotas. Lo único que compró con ellos, fue qae el "limpia" se aguantara las ganas de tirárselos a la cara. La riqueza es una nube, un mundo envolvente jEsa sí que es. "discriminación". Un americano de ¡a base de Rota hizo venir un "taxi" del Puerto Santa María: y se asombró mucho de que el "taxista" se negara a llevarlo, al darle la dirección diciendo: "A España". Están superpuestos sobre la tierra sin comunicación alguna imaginativa. El saber que se ha estado discutiendo o negociando sobre la "Base" que habitan Jes produce el mismo asombro que si les estuviera haciendo cosquillas en los pies: ¿para qué esa broma?... Desde mi balcón—histórico—vi hace unos días esta estampa. Dos americanos, subidos en un banco de la plaza, repartieron "chicles" a más de treinta o cuarenta niños que acudieron. Luego les dieron un helado a cada uno en la heladería de "los italianos". Se gastaron cuatro dólares.

No se daban cuenta de que eran cuatro dólares de humillación. La estampa cobraba, bajo el sol descarado, un malestar colonial. El guardia, municipal tuvo que acudir a poner orden en la fila de los chicos ante la heladería. Me hizo un guiño y me espetó este solo comentario enrevesado y lejanamente exacto: —¡La propagación de la fe! Esto de la discriminación es mucho más complicado que el concreto blanco y negro de las escuelas de Alabama.

José María PEMAN

De la Real Academia Española

 

< Volver