Autor: Pemán Pemartín, José María. 
   Estar en Babia     
 
 ABC.    04/02/1960.  Página: 35. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC. JUEVES 4 DE FEBRERO DE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 35

«ESTAR EN BABIA»

Como saben nuestros lectores, el querido colega "Puebla´ ha abierto un concurso para los trabajos periodísticos que, con nobleza y elegancia, dialécticas, den la réplica al artículo que José Alaría Peinan publicó cu las columnas de A B C el último martes, con el titulo "Estar en Babia´´.´El plazo de admisión de los trabajos ha sido fijado por "Pueblo" hasta el 15 de este ines de febrero. El premio estará dotado con 10.000 pesetas. Los concursantes deberán ser de una edad entre ios veinte y los cuarenta años aproximadamente; hombres, por lo tanto de una generación más joven que la de José Maria Peman".

Con el claro designio de contribuir al buen éxito de la iniciativa; la cual, reclama y encarece

MI tono y una .dignidad literarios tamaños ´como los que son. habituales en nuestro colaborador, reproducimos a continuación el artículo, que ha originado este certamen. Estamos seguros de qué nada puede complacer tanto a Peman como esta "invitación al diálogo". A nosotros—repetimos-—nos apasionan, ´ así el tenia del diálogo propuesto como la propuesta del diálogo, Porque, a fin de cuentas,no hay más que ese oxígeno intelectual entre los hombres de buena fe. El diálogo es siempre de índole creadora.

En los montes de León, cerca de Murías de Paredes, hay un valle, recoleto y verdoso," que se llama Babia. Era un espléndido cazadero.; los reyes de León, gustaban mucho de" ir a él para ejercitarse en el sano deporte de la cacería; Sin embargo, a la gente llana y sencilla no les gusta mucho que los reyes, señores o gobernantes se vayan" de cacería. Es como una resentida envidia que parece que ocasiona inevitablemente el más ofensivo de los ejercicios humanos. El pueblo es ingenuo y querría que sus directores estuvieran siempre cazando leyes, decretos y genialidades. Sin comprender que muchas veces es bastante más práctico e- inofensivo que cacen perdices... Ello es" que al viejo pueblo medieval leonés, cuando reclamaban al Rey en un momento difícil, se le contestaba a menudo: "El Rey está en Babia." Quería decir que estaba cazando en ese valle; pero la locución quedó como fórmula de desentendimiento e inhibición de funciones. El origen político de esta locución demuestra bien claro el gusto instintivo que todo pueblo tiene de sentir sobre sí la presión de sus magistraturas. La doctrina liberal de inhibición del poder, pretendiendo ser una liberalización del pueblo. incomodaba a éste como un traje demasiado ancho. El "laissez faire, laíssez passer" era como un modo programático y doctrinal de "estar en Babia" todo Gobierno. El pueblo prefiere que sus gobernantes vuelvan de Babia. Quiere verlos. . como ahora se usa, extenuarse v agotarse en sus despachos almorzando a "las cuatro y cenando a las once v media. Les concede, apenas un moderado cupo de perdices al mes. Aunque yo creo la verdad, que al aire libre en lo alto de un monte, esperando un gamo oxigenándose el cerebro, se le pueden a uno ocurrir cosas geniales que difícilmente se le ocurrirían a uno en su despacho, a las once de la noche, sin haber cenado. Pero es inevitable: el pueblo maneja fichas Convencionales Los demagogos le ganan fácilmente la partida porque, juegan can cartas trucadas..Especulan con ese equívoco instinto humano, que es el "lujo".

El lujo es un excedente v superficialidad definitoria de la vida humana. Por algo tiene la misma raíz que la "lujuria". Los animales no poseen instinto de lujo ni de lujuria. No han inventado ni el aperitivo ni los colchones de muelles ni los líos. Los bueyes son los únicos ciudadanos perfectos que conozco. Ni los suizos llegan a su perfección y disciplina. Pero el lujo, siendo tan esencial al hombre, tiene una propiedad equívoca: ha de ser, por definición, el de cada uno. Todo el mundo desea su lujo y murmura del ajeno. Esto facilita mucho la labor de los demagogos que siempre han tenido por programa criticar la cacería de los otros para que les dejen el coto libre; Ahora las fichas que maneja fácilmente la demagogia universal son bien elementales. La Babia de ahora—tan convencional, acaso, como el inofensivo cazadero de los reyes de León suele ser las grandes fiestas internacionales, que tanto airea la Prensa. Se citan dos o tres peluqueros famosos que cobran millones; se asegura que una elegante iba rociada con polvo de diamante rayado, y luego se nombran de carretilla los Windsor, la Begum, Onassis y Rovirosa, y ya tiene uno construida la estampa, admirada y maldecida, de la abominación. Luego se añade que esto es la "aristocracia": concepto nebuloso en el que se mezclan reyes, duques, fabricantes y contrabandistas, Y al fin- se concluye que éste es el mundo propio de la "monarquía". Y que si ésta retornara alguna vez

a España, en su sentido dinástico, "volvería todo esto". Hay por ahí cientos de jovencitos que, sin aprobar aún su bachillerato, están temblando de anticipada indignación no temiendo a Rusia ni, a China, sino a las fiestas tremendas que van a arruinar el país si un día vuelve a haber un Rey.

La cosa no deja, de ser pintoresca. Yo no dudo que en unas cuantas revistas extranjeras haya hasta media docena de caras españolas asomadas a ese mundo. Pero la verdad es que en esta España de El Escorial mucho más que de Versalles. yo no sé qué es lo que pueda ´Volver" de todo esto. A mí me parece que desde doña Isabel la Católica, que era una especie de Presidenta de Acción Católica o de "regidora" de la Sección Femenina, hasta aquellos reyes de Lope que se entienden invariablemente con el pueblo por la espalda de los grandes señores, no hay nada que justifique en España e! temor ;de una monarquía cortesana, aristocrática y de camarillas. Toda nuestra literatura está hecha con comendadores de Ocaña y señores de Fuenteovejuna que se cargan los villanos con aprobación regia. Y todo esto lo escribió un poeta, Lope, que estaba protegido por un duque que se aguantaba. La verdad es que el duque de Sessa le cobraba a la Poesía rentas bien bajas. Tanto cómo a sus colonos otros duques de principió dé siglo, cuya desidia hizo la primera reforma agraria.

Entre tantos peligros como cercan al mundo es bastante bobo añadirle a la nueva generación el, coco de una monarquía aristocrática. Esto es especular con las constantes elementales del, ser humano. Siempre habrá una Babia donde irse a cazar, los gobernantes; y una tendencia elemental a construir los que mandan una "clase". En cuanto la señora de un alto funcionario llame a otra por teléfono para preguntarle qué traje se va a poner para el "cocktail" de aquella tarde en Asuntos Exteriores, ya está natiendo una "aristocracia". Y precisamente la realeza dinástica se busca como un poder inveterado y tranquilo que no tiene, que reclutar una da se propia para subsistir.

No hay que suponer porque sí, que la esencia popular y democrática de la Realeza española se ha evaporado, sencillamente porque ésta no tiene ahora a la, mano al comendador para reprimirle ya Peribáñez para aprobarlo.

Pero que esto sea así. tampoco excluye la grave responsabilidad de cuantos tienen una vistosidad aristocrática, periodística e internacional, de no dar la sensación de que así será. Los medios de difusión varían con la técnicas y dejarse fotografiar tiene ahora la misma importancia que tenia ayer pronunciar un discurso. Nadie debe dar desde arriba proclamas de frivolidad, cuando deben darse do ejemplaridad y eficacia. Una de las cosas más graves que pudo ocurrirle a la continuidad española fué que aquel momento y urgencia de la Revolución obligara tácticamente a los directivos de zonas enteras sanas y medias de la sociedad española a meterlas por vías de accidentalismo e indiferencia. De esa veta y no de ningún "magazín" ilustrado tienen que salir los monárquicos de un futuro sinceramente español y popular. Sobre esos cimientos de trabajo buena fe sensatez, vida media, devoción sencilla familia, honestidad, debe asentarse una monarquía para continuar todo lo esencial del gran esfuerzo de la recuperación española.

José María PEMAN

de la Real Academia Española

 

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