Autor: Míguez, Alberto. 
   España y Marruecos ultiman el acuerdo pesquero  :   
 La firma definitiva, la semana próxima. 
 ABC.    12/08/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

España y Marruecos ultiman el Acuerdo pesquero

La firma definitiva, la semana próxima

Madrid. Alberto Mínguez

Probablemente hoy las Delegaciones española y marroquí que negocian en Rabat un Convenio pesquero,

llegarán a un acuerdo o «pre-acuerdo» que presentarán a sus respectivos Gobiernos. Medios del «sector»

pesquero coinciden en señalar que, sea cual sea el contenido de dicho Convenio, y dadas las

características adelantadas por las autoridades españolas, constituye «el principio del fin» para la pesca en

España.

Por dos veces se reunieron ayer en Rabat tos negociadores de ambos países con objeto de limar las

últimas diferencias existentes. Fuentes de la Delegación española indicaron que probablemente hoy habrá

ya «pre-acuerdo» y que éste será consultado con los ministros de Agricultura y Asuntos Exteriores, que se

encuentran de veraneo. De confirmarse estas previsiones, la próxima semana podría firmarse en Rabat el

«Acuerdo económico marco» donde se incluye el Convenio pesquero. Rubricarían este Acuerdo de

cooperación los ministros de Asuntos Exteriores de ambos Reinos, Fernando Moran y Mohamed Bucetta.

A fuerza de regateos, chalanees y cuchicheos las posiciones de ambos países parecen haberse acercado.

Se sabe que el Convenio durará cuatro años, con una cláusula que permitirá denunciarlo una vez que se

consume la entrada de España en el Mercado Común. Se sabe también que a lo largo de los cuatro años,

nuestros armadores deberán pagar un 70 por 100 más en cánones: el pago se hará en pesetas. Se sabe

también que en estos cuatro años deberán retirarse de los caladeros marroquíes entre 500 y 700 barcos,

dado que el «esfuerzo español» se reducirá en aquellas aguas un 40 por 100: se trata ahora de saber si la

reducción se hará en un 10 por 100 anual, como quiere España, o en un 15 por 100 el primer año, como

sugiere Marruecos. Se sabe, en suma, que España concederá unos 85.000 millones de pesetas en créditos

al desarrollo a reembolsar en diez años (como desean los marroquíes) o en cinco (como desean los

españoles) y con un interés que oscila entre un 3 y un 5,5 por 100.

Y se sabe finalmente que ni el paso de los cítricos marroquíes por nuestro territorio ni las «ventanas de

seguridad» (zonas de pesca prohibida en la costa del ex Sahara español) serán mencionados en el

Convenio o pre-acuerdo. En el primer caso porque las presiones de los naranjeros levantinos serían

insoportables para el Gobierno y en el segundo porque se trata de cuestiones estratégicas, que dependen

en Marruecos del Rey Hassan. Sólo una decisión real podría salvar, pues, a la flota sardinal de Lanzarote,

la más afectada por las dichosas «ventanas» y cuya sentencia de muerte parece haberse dictado.

Con la firma del Convenio de cooperación no habrán terminado los sofocos del Gobierno español que

deberá negociar con el sector, tanto el asunto de los cánones como el de las retiradas de barcos. Y que,

además, deberá hacer efectivos parte de los créditos prometidos. Para tan delicadas operaciones, los

gestores de nuestra Administración piden un mes. Será, sin duda, un mes caliente.

Porque si en algo estaban de acuerdo desde el principio de las negociaciones españoles y marroquíes, es

que el nuevo Convenio iba a ser duro por ambas partes y que, pese a ello, las dos partes tenían casi

obligación de firmarlo. El amarre de la flota del Sur, Levante y Canarias, agravaría la delicada situación

de nuestras pesquerías, cuya «reconversión» ha ido aplanzándose mientras la flota envejecía, las capturas

disminuían y los caladeros tradicionales iban reduciéndose. Tampoco para Marruecos era conveniente

prescindir de un suculento ingreso y de una perspectiva de cooperación «global» con España, en un

momento también especialmente delicado de su economía. Y cuando el régimen del Rey Hassan se

apresta a realizar su desafío más peligroso: el referéndum de autodeterminación en el Sahara occidental.

A la protesta generalizada de los armadores y pescadores canarios, arropados por el Gobierno autónomo,

se unirá sin duda la protesta de otros grupos, sean gallegos, andaluces o levantinos, sobre todo cuando se

conozcan con exactitud las cláusulas del Convenio. El problema estriba en que una vez más se ha

demostrado que existen muy limitados argumentos de negociación o de presión con el «amable vecino del

Sur», y que lo conseguido, bueno o malo, era lo máximo que los marroquíes estaban dispuestos a ceder

tras una negociación larga.

 

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