Autor: Salaberría, Víctor. 
   Felipe González: Se ha cumplido el objetivo de mi viaje  :   
 La entevista con Hassan II duró una hora y media. 
 ABC.    30/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Felipe González: «Se ha cumplido el objetivo de mi viaje»

La entrevista con Hassan II duró una hora y media

Rabat. Víctor Salaverría

El presidente Felipe González finalizó ayer noche su visita oficial a Marruecos, expresando su optimismo

ante el futuro de las relaciones entre los dos países. Su visita se cancela, sin embargo, sin ningún logro

concreto ni proyecto de realización inmediata, aunque sí muy buenas palabras.

Según el presidente, «se ha logrado restablecer un marco político de confianza y romper la barrera de la

incomprensión. Este era el objetivo de la visita». Su valoración del viaje se produjo horas después de

haberse entrevistado durante hora y veinte minutos con el Rey Hassan II y haberle recordado su promesa

de visitar España próximamente.

La entrevista con el Monarca —considerada por los expertos como la prueba de fuego del viaje—

transcurrió en un ambiente cordial y amistoso. Hassan agradeció a González que hubiese escogido

Marruecos como destino para su primera visita oficial al extranjero, y le impuso el Cordón de la Orden de

los Alauitas, máxima condecoración del Reino. Durante más de una hora charlaron en privado Hassan y

el presidente. Y después de la entrevista el Rey tuvo el gesto de acompañar a su huésped hasta el

automóvil. Otro gesto amistoso fue enviar posteriormente al príncipe heredero Sidi Mohamed, para que

presidiera con el presidente González un almuerzo ofrecido por el gobernador de la provincia de Fez:

pastilla de pichón, «mechui» (asado de cordero) y, cosa insólita en un ágape de un país musulmán, buen

vino de la tierra.

Para facilitar una digestión inevitablemente pesada, la visita a Fez se terminó con un recorrido por la

ciudad vieja, con parada en la Universidad islámica de La Karauin y en la biblioteca de la ciudad. A

bordo del avión en que regresábamos a Rabat, el presidente González ofreció una rápida y optimista rueda

de Prensa. Dijo que los márgenes de desconfianza entre marroquíes y españoles se habían reducido y se

había conseguido impregnar a la negociación futura de una voluntad política, y que de la idea de una

«política global para el Magreb» —no de equilibrio— fue aceptada desde el principio por sus

interlocutores.

No se discutieron los problemas

Sobre el problema del Sahara, González dijo que había sido informado cumplidamente por sus dos

interlocutores (el primer ministro marroquí y el Rey Hassan). «Expresé con toda sinceridad cuál es

nuestra posición y fui atentamente escuchado», aclaró y confirmó la voluntad del Gobierno español —

resumida en la fórmula: «no injerencia y no inhibición»—, aunque volvió a insistir en que si la OUA, o

algún organismo internacional solicitara de España apoyo, ayuda o colaboración para consolidar el

proceso de paz o para poner en marcha lo que desembocará en un referéndum, estaría dispuesto a prestar

dicha colaboración.

González reconoció que ningún problema concreto había sido discutido con sus interlocutores, sino

«simplemente evocado». No se entró en el «dossier» de la pesca, ni en el de la cooperación, ni en el de las

relaciones comerciales. Se impuso, en cambio, un método digno tal vez de Perogrullo, pero hasta ahora

poco utilizado: hacer recuento de los problemas e intentar resolverlos individualmente, contando con la

voluntad política de ambas partes. Volvió a insistir el presidente en que en ningún momento sus

interlocutores habían hecho referencia al problema de Ceuta y Melilla, «y esto es algo de agradecer».

Para Felipe González el establecimiento de relaciones cordiales a nivel personal con los líderes o

dirigentes políticos constituye un factor positivo. Las relaciones con el Rey Hassan y con el primer

ministro, entabladas durante esta breve visita, se sitúan a un nivel de cordialidad poco común. Como

sucedió con el presidente Françoise Mitterrand, González logró imponer su estilo entre la clase política

marroquí, y por ello la despedida fue mucho más cálida que la llegada.

La gran cuestión se sitúa ahora en el nivel de las realidades y no de los gestos. Desde un punto de vista

puramente gestual, el viaje ha sido un éxito. Los marroquíes calentaron el ambiente, e incluso subieron la

tensión al principio, para después reducirla de golpe y facilitar el entendimiento. Hubo promesas por

ambas partes, frases bellas y manidas, proyectos hermosísimos. Pero las cosas siguen igual que estaban

hace cuarenta y ocho horas.

 

< Volver