Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   La mayoría nacional     
 
 Diario 16.    13/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Diario 1 6/13-febrero-81

OPINIÓN

— MANUEL FRAGA IRIBARNE

Presidente de Alianza Popular

La mayoría nacional

«He perdido ya la cuenta de las veces que se nos ha dado por enterrados o por convertidos en estatuas de

sal, como la mujer de Lot, cuando miró hacia atrás, huyendo de la quema de las ciudades de Pentápolis»,

comienza Fraga en este artículo sobre el IV Congreso de Alianza Popular, que se inaugura hoy.

También empiezo a perder la cuenta de las fuerzas políticas semejantes a la nuestra que, en los últimos

dos años, han llegado al poder en países diversos, y por cuyo éxito había pocos apostantes aún en épocas

muy recientes.

Alianza Popular es una fuerza política a la vez conservadora y reformista. Cree que España es una

sociedad, creada por la geografía, la historia y la cultura, núcleo de una comunidad cultural que rebasa los

300 millones de habitantes que merece ser conservada y potenciada y no disuelta y lanzada al cubo de la

basura de la historia.

Piensa que en su tradición hay muchos elementos válidos; un profundo sentido vital, cuya alegría admiran

los Ford y los Hemingway; un sentido moral importante, aunque tenga lagunas de percepción y

exageraciones a ratos; una raíz familiar enormemente positiva, que sería absurdo destruir; un apego al

terruño, que nos hace muy de nuestra tierra, sin mengua de las demás; muy gallegos o muy catalanes, por

lo que España es una nación indestructible, hecha de regiones igualmente indestructibles.

Pero no creemos que la España de Felipe II o la de Carlos III sean definitivas ni perfectas; creemos que la

única forma de conservar la España grande es hacerle muchas reformas; no tememos al cambio social; lo

consideramos una oportunidad, pero meditando bien las consecuencias de cada paso dado.

Cosas desiguales

Creemos que España, como cualquier sociedad, progresará más si los estudiantes estudian, si los

profesores enseñan, si los empresarios emprenden, si los trabajadores trabajan. Estimamos que no es

igualdad tratar igual a cosas desiguales; y en particular que no se puede tratar igual al buen estudiante que

al malo, al trabajador que produce que al absentista, al delincuente y al inocente.

Opinamos que ninguna sociedad puede vivir sin ley y sin orden; que las libertades de uno han de respetar

a las de los demás, y que, como acaba de recordar el presidente del Tribunal Supremo de los Estados

Unidos, no es un Estado de derecho el que protege más al criminal que a la víctima.

Entendemos que todo poder (y la libertad es poder) engendra responsabilidad; que hay responsabilidad

para el Gobierno, para la prensa, para la empresa, para el sindicato; nadie puede pretender que

su libertad es absoluta ni independiente de la ajena. Creemos, por otra parte, que la economía de mercado

es superior a los demás modelos económicos; en ella se producen más bienes para la mayoría. Cualquiera

que haya visitado Berlín lo sabe; de los dos lados del «muro de la vergüenza» hay los´ mismos berlineses,

los mismos alemanes; a un lado hay abundancia y libertad, al otro no; por eso ha habido que separar las

dos zonas con una barrera de muerte.

No un Estado inactivo

No creemos en un Estado inactivo o indiferente ante los temas económicos y sociales; pero sí que el papel

de la política económica es dar a todos oportunidades de producir y trabajar. Y que los precios acaban por

ser lo que tienen que ser; de ahí el famoso chiste de que Stalin dio orden de conquistar el mundo entero,

menos Liechtenstein, para saber por lo menos allí lo que realmente vale un kilo de pan.

Creemos que una sociedad abierta, de estas características, tiende a ser una sociedad de clases medias,

con una gran movilidad vertical. Y que los poderes públicos pueden completar con un mínimo nacional el

punto de partid.a, la igualdad de oportunidades para todos; por encima del cuál es lícita la competencia.

Creemos que el pueblo, bien informado y con opciones" eraras, puede decidir su propio destino. No

puede hacerlo en medio de la confusión informativa, ni con monopolios de los medios más poderosos

(como la televisión), ni con un sistema artificial de fuerzas políticas. La gente elige bien entre Reagan y

Cárter, entre Giscard y Mitterrand, entre conservadores y laboristas; sería demasiado pedirle que se

oriente en la jungla de partidos de Italia o de España; mal que sería fácilmente curable con una mejor ley

electoral.

Estamos porque las cosas se arreglen de modo razonable, moderado, democrático, lejos de los

extremismos; creemos que puede y debe hacerse si las gentes participan, no se quedan en casa, o deciden

su voto a tiempo, y no a última hora por un guiño televisivo.

Mayoría potencial

Pensamos que si estas ideas se difunden, son las de una mayoría potencial, la mayoría nacional de nuestra

sociedad; cansada de promesas incumplidas y de soluciones ilusorias. Que hay mayoría por la unidad de

España, compatible con autonomías razonables; que hay mayoría por la democracia, si es fuerte y viable;

que hay mayoría para el aplastamiento del terrorismo; que hay fuerte mayoría por el relanzamiento

económico y el empleo para todos, lo que exige seriedad, realismo, trabajo, productividad y solidaridad.

Sobre todas estas cuestiones vamos a tratar en nuestro IV Congreso Nacional, preparado por congresos

provinciales y regionales en toda España. Sobre ellas han elaborado nuestras comisiones de estudio un

voluminoso «Libro Blanco», «Soluciones para una década», dos tomos con más de mil páginas de seria y

concisa prosa.

Sobre ellas seguirá laborando, por todos los medios legales a su alcance, Alianza Popular, para quien

«España es lo único importante», pues no defiende a una clase social, ni a una región, ni a una ideología

internacional, sino a España, y a su pueblo, por encima de todo.

 

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