Autor: Rodríguez, Pedro. 
   Guerra toma las aguas     
 
 ABC.    14/08/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 2. 

Papeletas

GUERRA TOMA LAS AGUAS

No sonaba Mahler, sino Manolo Escobar. No era la playa viscontiana de «Muerte en Venecia», sino la

noble cala andaluza poblada de menestrales, bronceadores, eructos y bolsas de patatas. Alfonso Guerra

González, hijo de obrero fundidor, bajaba a tornar las aguas con su esposa legítima, su Guardia Civil

legítima, su Policía, su hermanísimo y su nivea. Formaban todos, los tricornios, las toallas, los

walkietalkies, el blindado, la sombrilla, las pistolas y la pala para los flanes, como un «ballet», más

numeroso que aquel «Esperpento», que él dirigía por los cafés-teatros. El «doble», el legendario «doble»

de Guerra, se había quedado, con el traje beige de alpaca y el reloj Cartier, en Moncloa, de guardia, como

Montgomery cuando dejó a su doble para poder él desembarcar en Normandía y, bueno, el auténtico, el

genuino Guerra, el de Max Frisch, látigo de duquesas por los salones de Madrid, azote de «la Derecha-de-

pantalones-largos», encargó allí, en el chiringuito, «¿lo de ziempre, don Alfonzo?», su pollo de cinco

kilos, «¿doraíto, don Alfonzo?», y su bandeja de pescaíto. Un olor a fritura, un profundo y sobrio eructo

se extendió sobre la política española hasta que llegaron los periodistas, y los guardias dijeron que el

hermano de don Alfonso tenía que leer las notas, y don Alfonso huía, como San Cristóbal, con su

simpático chavalín en brazos, y el pollo se quedaba allí, intacto. Sin meterle el diente. Como la Otán, el

Paro, las Autonomías. Si es que van todos como locos, de Perbes a Pompean, de Lubia a Ibiza; o sea de

Fraga a Pio, de Lubia a Rosón. Pío es el nuevo fichaje de Fraga. En Lubia no hay nada que hacer.

El presidente buscó su fuerte inexpugnable cuando supo en primavera lo que iba a fallar el Tribunal

Constitucional. Ahora, cuando Arturo Fernández va por España enseñando sus nalgas, como un pecado, a

la Derecha, estos chicos han huido «hacia el mar que ya se adivina». Se sumergen, día y noche, como los

héroes mitológicos se metían en las aguas sagradas para galvanizarse ante la batalla. No descansan: el

señor ministro de Agricultura está sometido a una durísima reflexión en la piscina sobre las capturas de

pesqueros españoles. Moran está recluido rigurosamente en un «cinco estrellas» sorteando la estrategia

internacional. En la Carrière existe ya la famosa «Ley Moran»: «Todo problema internacional grave,

puede incluso empeorar si lo toca el ministro.» Miguel Boyer se ha expropiado a sí mismo millón y medio

de pesetas para pagar un cobijo en tan cortas vacaciones, y Solchaga ha reconvertido su presupuesto en

otro «cotage» de millón. «Allá donde haya un problema habrá un gobernante socialista», que dijo no sé

qué portavoz. «Allá donde haya un windsurfing habrá un ministro», es el «slogan» del Primer Verano

Triunfal. También tienen derecho. «Hemos hecho demasiadas cosas en poco tiempo», que decía Guerra.

También es verdad, os lo digo zin acritú. Pero tienen que volver. A la cuesta de septiembre. Al toro de las

autonomías que está suelto, sin fijeza, dando cornadas mortales como siempre en la historia. Si no lo

supieran mucho antes —el falto del Tribunal Constitucional— podían haber repetido lo de Gladstone a

Disraeli: «Nos ha pillado en la bañera, sir.» Leen «Héroes y tumbas» y algunos ministros han empezado a

ir a misa. Y a interesarse por el «Opus». Tendría gracia que les diera por la derechización. El señor Fraga

no sabe el peligro que corre jugando, tan pancho, al chámelo. Cuando salen del agua, chorrean sus barbas

en remojo, y aquí, en el Comercial, en la glorieta de Bilbao, don Enrique Tierno moja su cruasán todas las

mañanas de agosto y busca por su chaleco veinte duros para el «limpia». Es el único hombre público que

se ha quedado, «una gota más de leche, por favor», al servicio de eso que llamamos pueblo. Se arrellana,

despliega el periódico y no sé quién jura que a veces murmura como en los viejos tiempos, estos chicos,

estos chicos...

Pedro RODRÍGUEZ

 

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