Autor: López de la Torre, Salvador. 
   La guerra diplomática del Polisario contra el PSOE no tiene base jurídica  :   
 Remediar el error del pacto de Argel es conveniente. 
 ABC.    12/03/1983.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

NACIONAL

La «guerra» diplomática del Polisario contra el PSOE no tiene base jurídica

Remediar el error del pacto de Argel es conveniente

Madrid. Salvador López de la Torre

La ofensiva diplomática desencadenada por el Frente Polisario contra el Gobierno socialista de don Felipe

González puede explicarse sin dificultades como la dolorida reacción de un grupo revolucionario que se

considera engañado por el viejo amigo, que en 1976 afirmaba la representatividad exclusiva del Frente

Polisario como «único y legítimo representante del pueblo saharui» y prestaba su apoyo a la República

Árabe Saharaui Democrática (RASD) que en noviembre de aquel año tenía nueve meses de existencia.

En posesión de tan alocada documento, parece lógico y humano pensar que el Polisario, a falta de nada

mejor, haya querido recordarle a bombo y platillo al PSOE sus olvidados compromisos en el momento en

que el partido del Gobierno inicia una clara política de buenas relaciones con Marruecos y de

colaboración a la paz. No conviene olvidar, sin embargo, que todavía en octubre de 1981 el XXIX

Congreso del PSOE repetía sus posiciones cercanas al Polisario y que en tales condiciones el actual

distanciamiento con los amigos saharauis de ayer tiene un indudable mérito político, porque demuestra

algo así como la curación de algunas «enfermedades infantiles del socialismo» que son tan explicables

como dignas de corregir, sino además, porque sitúan al problema del Sahara en su marco real, con mayor

exactidud de lo que vinieron haciéndolo los «expertos» socialistas —entre muchas comillas— en la época

preconstitucional. Remediar un error es siempre conveniente. Reconocer una equivocación es además un

gesto noble.

Los Acuerdos de Madrid

El punto central de ataque del Polisario y el campo hacia donde consiguió atraerse a un Felipe González

todavía en plena adolescencia política internacional —los Acuerdos de Moscú serían su segunda

ingenuidad— se centraba en la denuncia de tos Acuerdos de Madrid entre Marruecos, Mauritania y

España, a tos que el PSOE consideraba entonces «nulos e ilegales», afirmación que contemplada con el

paso del tiempo resulta no sólo extemporánea, sino jurídicamente falsa y el Frente Polisario debía saber

por su cuenta que en 1983 no puede pretender —como está pretendiendo— que el actual Gobierno de

España denuncie unos Acuerdos que han sido asumidos por la propia OUA como legítimos, dentro de sus

limitaciones, y que no han sido condenados por ninguna instancia regular internacional. La cita que algún

paciente y apasionado analista nacional hace en un libro reciente del «Tribunal Permanente de los

Pueblos» en su reunión de Bruselas de 1979 no deja de ser algo más que un desahogo sentimental. El

«Tribunal Permanente de los Pueblos» carece de entidad jurídica total. Hubiesen hecho falta citas un poco

más serias —OUA, ONU— para convencer a nadie que los Acuerdos de Madrid han sido condenados

cuando lo que han sido a la altura de 1983 es pura y simplemente evaporados de la realidad internaconal.

Los acuerdos de la OUA

Pero conviene añadir —porque esto se dice poco o casi nada— que la «cumbre» de jefes de Estado de la

OUA en su XVI reunión ordinaria, en la ciudad de Monrovia, en 1979, adoptó unas recomendaciones,

aprobadas después de una accidentada votación, pero que lo fueron legalmente, donde se dice que los

jefes de Estado y de Gobierno consideran que «el acuerdo tripartito entre España, Marruecos y Mauritania

(es decir, los llamados Acuerdos de Madrid) transferían solamente la administración del territorio a

Marruecos y Mauritania, pero no la soberanía», y a partir de esta afirmación concluían de modo

enteramente lógico, que la atribución de soberanía sólo podía consagrarse a través de una consulta por

referéndum. Es la tesis que ha ido prolongado la OUA hasta la reunión de Nairobi en 1981 ya la que

entonces se adhirió de buena voluntad él Rey Hassan II.

Ahora bien, y volviendo a los acuerdos de la OUA en Monrovia, los jefes de Estado no condenan los

Acuerdos de Madrid, sino que, al contrario, los asumen y proponen un procedimiento para el desenlace de

la situación. Los Acuerdos de Madrid reciben así una homologación jurídica de la más alta instancia

africana y resulta carente de sentido que el Polisario reclame ahora que el Gobierno socialista de Felipe

González le lleve la contraria a la organización que reprenta al Continente.

La opinión de Barbier

Un excelente libro sobre el problema del Sahara, original eje Maurice Barbier. que es un alegato

fervoroso e inteligente —no como otros alegatos españoles— de las tesis del Polisario, no tiene más

remedio que suscribir esta tesis de la homologación africana de los Acuerdos de Madrid cuando escribe

en su obra: «El comité (se refiere al comité de "sabios" cuyas recomendaciones adoptaron los jefes de

Estado la OUA) no consideraba que el Acuerdo de Madrid fuese nulo y caduco, ni incluso que fuese

contrario al Derecho internacional; el comité adoptaba la posición del Gobierno español sobre la

materia.» Tratándose del libro más importante que se ha escrito en los últimos años sobre el problema

saharaui desde un punto de vista de defensa de las tesis del Polisario, la cita creo que merece la pena de

ser meditada, como debían haberlo hecho los jefes de la RASD antes de acusar al Gobierno español por lo

que ellos consideran un abandono de los viejos compromisos de 1976 entre el PSOE recién salido de la

clandestinidad y la también recién nacida RASD.

El referéndum, solución

En 1983, después de los acuerdos de la OUA en Monrovia y Nairobi II y Nairobi III, la solución del

problema del Sahara pasa por la consulta electoral admitida por todas las partes —salvo curiosamente por

la RASD— y denunciar los Acuerdos de Madrid en nombre de textos imprudentes desde luego, pero

perfectamente superados no pueden constituir más que una operación grotesca. Lo que ahora debe hacer,

y por fortuna está haciendo el Gobierno español, es favorecer en la medida de sus fuerzas, muy

marginales en un proceso que dirige como puede la OUA, el desarrollo de la consulta. Con eso el Go-

bierno González habrá cumplido con su deber. Y esto debería saberlo el Polisario.

 

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